No duermo al no encontrar sosiego en tus ojos impiadosos
que destinan su luz al mundo abandonándome en las sombras.
Los labios están secos y se quiebran fácilmente a la hora de despedirme de tu dorso.
Franca y empalagosa sensación que envenena mi razón
al dibujar con mis tristes dedos tu rostro sobre el cielo.
No alcanzo la sobriedad de mi ser cuando tu eco de pureza
pasea de aquí para allá desconcertando mi conciencia.
No escatimo sueños a luz del mediodía con la mirada perdida
en los anzuelos de dios, para buscarte en un futuro onírico
donde tu semblante confíe en las caricias de mis manos,
donde los únicos que habitemos el mundo seamos nosotros dos.
Insomne, como si los parpados estuviesen sumergidos en arena de mar,
sigo adhiriéndome a la hostilidad de la sociedad,
aquella que destila sonrisas con sabores amargos por simple formalidad.
Como puede tu existencia que desconoce mi existencia,
hacer que el amor y el odio sea una dualidad constante e inevitable
que brote sin anuencias hacia el desespero silenciado por la realidad impuesta.
Por ti Elisa, he crucificado mi espíritu,
he arrojado al pozo sin fondo los retazos de mi corazón.
Abrazo mil serpientes para no dejarme dormir eternamente por la soledad,
acaricio la silueta de tu sombra sobre la pared queriendo sentir la calidez
que tu cuerpo emana cuando amas sin mirar atrás.
Me ahuyentas del universo y así me voy desperdigando
detrás del humo que exhalas, hasta desaparecer por completo.
Me vuelvo ceniza, amarga ceniza que tiras al vacío sutilmente
cuando vuelves el cigarrillo a tus labios hechiceros.
Por ti Elisa, he construido un altar en la habitación oscura de mi memoria,
tratando de iluminar y reemplazar mis pesares,
esperando una lluvia de pétalos desde tu sonrisa insaciable.
Pero soy solo carne y hueso y tú eres más que eso.
Y miro en el espejo la soledad que rodea al poeta. Sin verso, sin cuento, sin musa, sin los placeres primarios de una vida adulta. Y escribo sin alma, sin corazón, con el disfraz de algún poeta muerto.
viernes, 31 de diciembre de 2010
sábado, 25 de diciembre de 2010
No lloro la muerte de mi costado
No lloro la muerte de mi costado
Aquel lado fermentado que estuvo largo rato al sol
Sintiendo el amor lejano que nunca le fue dado
Hoy no extraño el perfume de su girasol.
No clamo por los reflejos de su recuerdo empecinado
Solo me veo al espejo y dibujo mi cuerpo mutilado
Trato de no ver el vacío en mi pecho desgarrado
Trazo mis líneas de expresión sin su espíritu inmaculado.
No le temo al frío de su ausencia
No espero temblores como llamados inconcientes de mi ser
No le temo a la mirada minuciosa en busca de su presencia
No deseo ser el despojo que no tarda en desfallecer.
No lloro la muerte de mi costado
El fue algo que yo nunca quise ser
Tengo su sangre en mi otro costado
Y por un instante sueño ser él, una vez.
Aquel lado fermentado que estuvo largo rato al sol
Sintiendo el amor lejano que nunca le fue dado
Hoy no extraño el perfume de su girasol.
No clamo por los reflejos de su recuerdo empecinado
Solo me veo al espejo y dibujo mi cuerpo mutilado
Trato de no ver el vacío en mi pecho desgarrado
Trazo mis líneas de expresión sin su espíritu inmaculado.
No le temo al frío de su ausencia
No espero temblores como llamados inconcientes de mi ser
No le temo a la mirada minuciosa en busca de su presencia
No deseo ser el despojo que no tarda en desfallecer.
No lloro la muerte de mi costado
El fue algo que yo nunca quise ser
Tengo su sangre en mi otro costado
Y por un instante sueño ser él, una vez.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Cita a Ciegas
Con las ensoñaciones reconfortantes de toda la semana aun a su alrededor, siente un leve escalofrío, cuando levanta la mirada y divisa las manecillas del reloj.
Su tiempo está cerca y se siente al igual que la muerte. Piensa que hoy puede morir una parte de el o completamente todo su ser.
Digiere con suma dificultad la realidad de las cosas, casi atragantándose y dejándose morir el mismo para no acudir a la cita, pero logra recomponerse bebiendo un par, otro par y luego un par de tragos más. Otra vez florecen en su cuerpo las positivas sensaciones que germinaron en su conciencia en los días de sueños esperanzadores.
Sueños que él, con una fe religiosa (absurdo que brota en momentos de fragilidad), prevé para el día de hoy. Siguió el camino que le habían trazado, entre conversaciones banales y expectativas surrealistas. La tragedia era asumida desde una sonrisa que concluía en carcajada y la hazaña era vista con ojos de infante.
Entre el y sus compañeros de travesía habían posturas irreconciliables, visiones tergiversadas de sus propias vidas, pero ese momento quizás sería el único durante largo tiempo, así que la hipocresía se desbordo sola desde la inseguridad inocultable de cada uno de ellos.
Cruzamos mares profundos y a contracorriente con fuerzas sobrehumanas que desconocían. La angustia de la espera y el silencio espeso que hundía sus cuerpos, maniataba el tiempo que se derretía en sus entrecejos. La nausea era contagiosa y golpeaba fuerte en el estomago, el aire era escaso y los pulmones cada vez mas minúsculos. Cuando sentía la proximidad de aquellas mujeres por medio de siluetas, aromas o brisas leves que relacionaba con ellas, un terremoto interno amenazaba su cordura y flagelaba su aquejado corazón.
Y al instante de encontrarse, de compartir ingenuas miradas y proyecciones involuntarias como escudos, todo se traduce en calma, en un silencio que incinera sus pensamientos y se traga todas las palabras entrenadas anteriormente. Es la calma de la nada, la quietud incomprensible de su aparato sensorial.
El ahora es una parte más de todo es decir la mismísima nada, el cree estar frente ella pero no lo esta; las palabras, los gestos dóciles y belleza sutil emanada como esencia por parte de ella, apenas rozaba su ser transparente que se hacía invisible por lo inusual e inverosímil del momento.
El tiempo parecía haberse mudado a otro lugar porque en la ensordecedora quietud silenciosa que los desligaba del mundo, todos estaban inmóviles, todo se sentía tan extraño, tan lento, tan sosegado como si ella toda fuese una exquisita droga que el ha degustado desde su mirada. Rápidamente se vuelve adicto a ella y la contempla sin ninguna pena, duerme en sus místicos ojos y vibra con su cariñosa sonrisa.
Ella lo hace revivir, devolviéndole el tiempo y el espacio que actúan como dos degenerados haciendo que el día culmine rápida y estrepitosamente. El percibe la realidad como a las estrellas y se siente encantado de estar frente a una de ellas, pero todo va pasando muy rápido y el aun no ha pronunciado en palabras lo que siente acerca de lo que ha estado adorando y comienza a rodar su imaginación, como una gran película interminable que brinda imágenes de una vida apasionante entre ella y el.
Donde los dos estando juntos originan la belleza que hace resplandecer el universo, cada sonrisa de ellos crea un arco iris que sirve de puente para transitar en el trance amoroso que dura una eternidad. Pero todo se queda allí en la imaginación, y cuando vuelve sus ojos hacia ella y no consigue ser correspondido con un ademán de ternura o de misericordia, el mundo que el ha creado con el mas puro clamor al amor, simplemente se derrumba, y solo existe la nada.
El día transcurre pálido y sin sentimiento, las ideas están muertas y el cielo llora porque esta vez no resguardara dos corazones enamorados bajo su manto romántico y las bendiciones de la luna. Ella no lo ha vuelto a mirar y sin saberlo a presionado una estaca más, sobre el infame corazón de Alberto. El esta fundido en el silencio, siendo nuevamente la nada que pasa sin ser vista, sin ser sentida, sin ser amada.
Su tiempo está cerca y se siente al igual que la muerte. Piensa que hoy puede morir una parte de el o completamente todo su ser.
Digiere con suma dificultad la realidad de las cosas, casi atragantándose y dejándose morir el mismo para no acudir a la cita, pero logra recomponerse bebiendo un par, otro par y luego un par de tragos más. Otra vez florecen en su cuerpo las positivas sensaciones que germinaron en su conciencia en los días de sueños esperanzadores.
Sueños que él, con una fe religiosa (absurdo que brota en momentos de fragilidad), prevé para el día de hoy. Siguió el camino que le habían trazado, entre conversaciones banales y expectativas surrealistas. La tragedia era asumida desde una sonrisa que concluía en carcajada y la hazaña era vista con ojos de infante.
Entre el y sus compañeros de travesía habían posturas irreconciliables, visiones tergiversadas de sus propias vidas, pero ese momento quizás sería el único durante largo tiempo, así que la hipocresía se desbordo sola desde la inseguridad inocultable de cada uno de ellos.
Cruzamos mares profundos y a contracorriente con fuerzas sobrehumanas que desconocían. La angustia de la espera y el silencio espeso que hundía sus cuerpos, maniataba el tiempo que se derretía en sus entrecejos. La nausea era contagiosa y golpeaba fuerte en el estomago, el aire era escaso y los pulmones cada vez mas minúsculos. Cuando sentía la proximidad de aquellas mujeres por medio de siluetas, aromas o brisas leves que relacionaba con ellas, un terremoto interno amenazaba su cordura y flagelaba su aquejado corazón.
Y al instante de encontrarse, de compartir ingenuas miradas y proyecciones involuntarias como escudos, todo se traduce en calma, en un silencio que incinera sus pensamientos y se traga todas las palabras entrenadas anteriormente. Es la calma de la nada, la quietud incomprensible de su aparato sensorial.
El ahora es una parte más de todo es decir la mismísima nada, el cree estar frente ella pero no lo esta; las palabras, los gestos dóciles y belleza sutil emanada como esencia por parte de ella, apenas rozaba su ser transparente que se hacía invisible por lo inusual e inverosímil del momento.
El tiempo parecía haberse mudado a otro lugar porque en la ensordecedora quietud silenciosa que los desligaba del mundo, todos estaban inmóviles, todo se sentía tan extraño, tan lento, tan sosegado como si ella toda fuese una exquisita droga que el ha degustado desde su mirada. Rápidamente se vuelve adicto a ella y la contempla sin ninguna pena, duerme en sus místicos ojos y vibra con su cariñosa sonrisa.
Ella lo hace revivir, devolviéndole el tiempo y el espacio que actúan como dos degenerados haciendo que el día culmine rápida y estrepitosamente. El percibe la realidad como a las estrellas y se siente encantado de estar frente a una de ellas, pero todo va pasando muy rápido y el aun no ha pronunciado en palabras lo que siente acerca de lo que ha estado adorando y comienza a rodar su imaginación, como una gran película interminable que brinda imágenes de una vida apasionante entre ella y el.
Donde los dos estando juntos originan la belleza que hace resplandecer el universo, cada sonrisa de ellos crea un arco iris que sirve de puente para transitar en el trance amoroso que dura una eternidad. Pero todo se queda allí en la imaginación, y cuando vuelve sus ojos hacia ella y no consigue ser correspondido con un ademán de ternura o de misericordia, el mundo que el ha creado con el mas puro clamor al amor, simplemente se derrumba, y solo existe la nada.
El día transcurre pálido y sin sentimiento, las ideas están muertas y el cielo llora porque esta vez no resguardara dos corazones enamorados bajo su manto romántico y las bendiciones de la luna. Ella no lo ha vuelto a mirar y sin saberlo a presionado una estaca más, sobre el infame corazón de Alberto. El esta fundido en el silencio, siendo nuevamente la nada que pasa sin ser vista, sin ser sentida, sin ser amada.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Ayer eras tú
Tú, siempre tú. A través de mis ojos, alrededor de mis querencias.
Te siento solo, en la finitud de tu existencia, de tu hogar, de tu vida
que camina dolorosamente hasta una esquina y rápido da la vuelta.
Si, tu. Quien más calaría hondo en mis pensamientos náufragos
de una noche incolora. Quien más podría detener con simpleza
los estragos de tristeza que mutilan mi esperanza.
Tú, siempre fuiste tú. Allá en el fondo de falsas sonrisas
en la quietud deshumana que es tragada sin esfuerzo
por la estupidez desbocada. Fuimos lo que hoy jamás podremos ser.
La candidez en nuestros ojos de plastilina nos abría un mundo maravilloso
sin relojes que nos llamen la atención, sin miedo al continuo
menoscabo del sexo opuesto. Jamás olvidare nuestros rostros perfectos
al sol, quien nos bendecía con rayos de dulzura sobre la frente.
Éramos contemplados por la luna y las estrellas, por la vida rauda
que sonreía a nuestras caricias dadas en su infinito ombligo.
Tu y yo fuimos el sueño que se nos desmorona hoy.
El recuerdo corrosivo de un tiempo en el que fuimos felices
y del que no encontramos pista alguna hoy.
Quizás a ti se te enrojezcan las mejillas y se te corte el aliento
por un segundo de retrospectiva, pero yo, quien me mantengo
aferrado a la ultima y diminuta huella que dejo nuestra unión
en cada uno de nosotros, estoy dividido.
Yo estoy en el medio de dos abismos, del recuerdo imposible de palpar
y del olvido que invita a sumergirme en los azares de un infierno desconocido.
Te siento solo, en la finitud de tu existencia, de tu hogar, de tu vida
que camina dolorosamente hasta una esquina y rápido da la vuelta.
Si, tu. Quien más calaría hondo en mis pensamientos náufragos
de una noche incolora. Quien más podría detener con simpleza
los estragos de tristeza que mutilan mi esperanza.
Tú, siempre fuiste tú. Allá en el fondo de falsas sonrisas
en la quietud deshumana que es tragada sin esfuerzo
por la estupidez desbocada. Fuimos lo que hoy jamás podremos ser.
La candidez en nuestros ojos de plastilina nos abría un mundo maravilloso
sin relojes que nos llamen la atención, sin miedo al continuo
menoscabo del sexo opuesto. Jamás olvidare nuestros rostros perfectos
al sol, quien nos bendecía con rayos de dulzura sobre la frente.
Éramos contemplados por la luna y las estrellas, por la vida rauda
que sonreía a nuestras caricias dadas en su infinito ombligo.
Tu y yo fuimos el sueño que se nos desmorona hoy.
El recuerdo corrosivo de un tiempo en el que fuimos felices
y del que no encontramos pista alguna hoy.
Quizás a ti se te enrojezcan las mejillas y se te corte el aliento
por un segundo de retrospectiva, pero yo, quien me mantengo
aferrado a la ultima y diminuta huella que dejo nuestra unión
en cada uno de nosotros, estoy dividido.
Yo estoy en el medio de dos abismos, del recuerdo imposible de palpar
y del olvido que invita a sumergirme en los azares de un infierno desconocido.
viernes, 10 de diciembre de 2010
Ella es el espejismo que se aviva cuando sonrío
Ella es todas las mujeres que se llevarón una parte de mí
es el total de los recuerdos que sostengo entre el llanto y la risa
ella, con su belleza en plenitud conmueve mi mejor fantasía
su concurrencia me devuelve la angustiosa necesidad de vivir.
Ella es mi salvación, mi unico dios
es la razón principal por la que sueño, detestando lo real
mantuve mi fé estoicamente para que se percatara de mi alma sacrificada
ahora es tan real que pareciera que viviera dentro de mi sueño.
Ella es la recompensa de mis tristezas, el exabrupto de mi amor en tempestad
me he topado con los rastros de su esencia, deseando poderla encontrar
su sutileza enmarca lo excelso de la naturaleza con nuestra frágil humanidad
la he esperado en cada esquina creyendo que alguna mujer volvería su mirada hacia mí.
Ella es la finalidad de mis sentidos arrojados en su búsqueda al mundo
ella es el frío temblor de mi hojas que agitan mis extremidades
ella será la luna insomne, la brisa que espanta las sombras, la luz de las deidades
ella es toda la desesperanza acumulada vertida en un segundo de ilusión.
es el total de los recuerdos que sostengo entre el llanto y la risa
ella, con su belleza en plenitud conmueve mi mejor fantasía
su concurrencia me devuelve la angustiosa necesidad de vivir.
Ella es mi salvación, mi unico dios
es la razón principal por la que sueño, detestando lo real
mantuve mi fé estoicamente para que se percatara de mi alma sacrificada
ahora es tan real que pareciera que viviera dentro de mi sueño.
Ella es la recompensa de mis tristezas, el exabrupto de mi amor en tempestad
me he topado con los rastros de su esencia, deseando poderla encontrar
su sutileza enmarca lo excelso de la naturaleza con nuestra frágil humanidad
la he esperado en cada esquina creyendo que alguna mujer volvería su mirada hacia mí.
Ella es la finalidad de mis sentidos arrojados en su búsqueda al mundo
ella es el frío temblor de mi hojas que agitan mis extremidades
ella será la luna insomne, la brisa que espanta las sombras, la luz de las deidades
ella es toda la desesperanza acumulada vertida en un segundo de ilusión.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Recuerdo para Dos
Viernes, 7:00 AM. El resplandor del sol se escurre por mi ventana del 8vo. Piso del hotel Royal.
Mueren los minutos y el calor aumenta su intensidad quemándome las pestañas,
abro los ojos que se deslizan en su amargura y melancolía por las paredes
de mi habitación.
Me echo algunas gotas para calmar el ardor de una madrugada insomne y para apaciguar el recuerdo que como un volcán estallo en mi interior.
Ayer en una de esas noches ordinarias que me convido a mi mismo,
para aguijonear mi corazón con los alfileres del infierno más cercano y vasto en placeres, un corazón resfriado a causa del gélido romanticismo
del mundo producto de su falsedad.
Una noche inocente que pierde de su destino a las pálidas estrellas
y me arropa con su misterio atesorado por la maldad y la bondad
mientras mi noche incipiente desde mis pupilas cortejan a la moribunda realidad
atada de brazos y piernas con su sexo entre mis dedos
y mil orgasmos contenidos en la comisura de sus labios y los de su boca.
Allí al borde del crepúsculo asesino que apuñala mis ilusiones de dulce sustancia.
Hallé tu rostro infante que había desapercibido de mi conciencia absurda.
Mis sensaciones hacia tu existencia se encontraban
y se repelían cuando te tuve a mi lado
y sentía al tiempo ser parte de otro proyecto y no del mío.
Años conjugando verbos que los dos creábamos y utilizábamos para redefinirnos
juntos al unísono ante el mundo.
Felices en nuestra limitada sabiduría e invisibles y eternos
en nuestra ilimitada imaginación.
Tú y yo corríamos libres sobre la hierba lozana y viva bajo el sol, en días fugaces
que parecían suprimir algunas horas por envidiar nuestra relación inquebrantable
de amor puro y secreto.
Al día siguiente de haber liberado mi desbordante locura llena de ternura
y de sensibles evocaciones de sueños concretados por ti, te busque y no te hallé,
recorrí nuestros caminos de algodón
bordados por sonrisas y mutuas contemplaciones.
Abrace tus rastros que comprobaban tu vida y no me dejaban dormir,
esos sueños realizados desde nuestras manos lozanas que acariciaban mi llanto.
Así, en la mar de nostalgia envenenada te volví a soñar.
A pesar de haber dejado de querer cualquier emanación de la tierra
que me haga acercarme a tu perfecto paraíso de dichosos recorridos
y de una cima derruida por la desilusión.
Terrible noche donde el lirismo del horizonte fulgurante entre las sombras
fue nausea en mis entrañas.
Desvanecido en el sopor que me mantenía cautivo de la conciencia del mundo,
del infierno moral al que tratan de inducirme en las semanas que debo despertar en mí, el automatismo ficticio.
Hoy estoy despertando de ese contrato social donde el hábito
es el mejor amigo del hombre.
Despierto de mi despertar automático y semanal donde en realidad nunca he sido yo, en cambio siempre he estado dormido.
Se cierran las persianas, las luces del sol dejan de vigilarme,
las últimas gotas de agua se dejan caer de mi cara
y el gas del viejo horno envuelve toda la casa.
Se cierra la puerta detrás de mí y salgo a convencerme de la languidez
en la que se ha consumido mi ser.
Cuando estoy llegando a mí ultima instancia en esta tierra desangrada
por la indiferencia que la hiere mortalmente, pienso en mis horas despedazadas
por el placer del vicio autentico y del efecto surreal.
Pienso en ti, la razón por la que amé en un corto tiempo las virtudes del universo.
Lagrimas, relamidas amargas, parpados pesados que quieren sangrar.
Un respiro, una sonrisa, una ironía que avista, un sarcasmo en la mirada
y un paso más para llegar a los rieles del tranvía.
Se escucha el bramido de la fuerza poderosa del acero contra el acero
acercarse a mis cabellos crispados.
Un paso más y aquí estoy siendo paciente en el infierno de miradas
como brasas ardientes a un paso de la nada.
Levanto la cabeza y del otro lado del camino del tranvía mis ojos
se fijan en una mujer con el corazón aprisionado entre sus manos,
incapaz de contener el dolor que la hace ahogar en llanto.
Ella me mira y da un paso, me sigue mirando y da otro paso,
el ruido de la locomotora acrecienta mis palpitos,
y yo la reconozco y ella me reconoce.
Grita mi nombre y yo grito el de ella,
nuestras lágrimas se desprenden de nosotros
viajando en medio de la energía propulsada por el tranvía.
Quiero amarla, abrazarla, sentir el latido de su corazón,
quiero que nunca más se aleje de mí.
Ella también siente lo mismo.
Y da un salto a la misma vez que yo lo doy,
esperando encontrarnos y jamás ser desdichados.
Unidos como dos espíritus inasibles amando el tiempo divino del universo
o como un artístico amasijo de piel, sangre y huesos.
Mueren los minutos y el calor aumenta su intensidad quemándome las pestañas,
abro los ojos que se deslizan en su amargura y melancolía por las paredes
de mi habitación.
Me echo algunas gotas para calmar el ardor de una madrugada insomne y para apaciguar el recuerdo que como un volcán estallo en mi interior.
Ayer en una de esas noches ordinarias que me convido a mi mismo,
para aguijonear mi corazón con los alfileres del infierno más cercano y vasto en placeres, un corazón resfriado a causa del gélido romanticismo
del mundo producto de su falsedad.
Una noche inocente que pierde de su destino a las pálidas estrellas
y me arropa con su misterio atesorado por la maldad y la bondad
mientras mi noche incipiente desde mis pupilas cortejan a la moribunda realidad
atada de brazos y piernas con su sexo entre mis dedos
y mil orgasmos contenidos en la comisura de sus labios y los de su boca.
Allí al borde del crepúsculo asesino que apuñala mis ilusiones de dulce sustancia.
Hallé tu rostro infante que había desapercibido de mi conciencia absurda.
Mis sensaciones hacia tu existencia se encontraban
y se repelían cuando te tuve a mi lado
y sentía al tiempo ser parte de otro proyecto y no del mío.
Años conjugando verbos que los dos creábamos y utilizábamos para redefinirnos
juntos al unísono ante el mundo.
Felices en nuestra limitada sabiduría e invisibles y eternos
en nuestra ilimitada imaginación.
Tú y yo corríamos libres sobre la hierba lozana y viva bajo el sol, en días fugaces
que parecían suprimir algunas horas por envidiar nuestra relación inquebrantable
de amor puro y secreto.
Al día siguiente de haber liberado mi desbordante locura llena de ternura
y de sensibles evocaciones de sueños concretados por ti, te busque y no te hallé,
recorrí nuestros caminos de algodón
bordados por sonrisas y mutuas contemplaciones.
Abrace tus rastros que comprobaban tu vida y no me dejaban dormir,
esos sueños realizados desde nuestras manos lozanas que acariciaban mi llanto.
Así, en la mar de nostalgia envenenada te volví a soñar.
A pesar de haber dejado de querer cualquier emanación de la tierra
que me haga acercarme a tu perfecto paraíso de dichosos recorridos
y de una cima derruida por la desilusión.
Terrible noche donde el lirismo del horizonte fulgurante entre las sombras
fue nausea en mis entrañas.
Desvanecido en el sopor que me mantenía cautivo de la conciencia del mundo,
del infierno moral al que tratan de inducirme en las semanas que debo despertar en mí, el automatismo ficticio.
Hoy estoy despertando de ese contrato social donde el hábito
es el mejor amigo del hombre.
Despierto de mi despertar automático y semanal donde en realidad nunca he sido yo, en cambio siempre he estado dormido.
Se cierran las persianas, las luces del sol dejan de vigilarme,
las últimas gotas de agua se dejan caer de mi cara
y el gas del viejo horno envuelve toda la casa.
Se cierra la puerta detrás de mí y salgo a convencerme de la languidez
en la que se ha consumido mi ser.
Cuando estoy llegando a mí ultima instancia en esta tierra desangrada
por la indiferencia que la hiere mortalmente, pienso en mis horas despedazadas
por el placer del vicio autentico y del efecto surreal.
Pienso en ti, la razón por la que amé en un corto tiempo las virtudes del universo.
Lagrimas, relamidas amargas, parpados pesados que quieren sangrar.
Un respiro, una sonrisa, una ironía que avista, un sarcasmo en la mirada
y un paso más para llegar a los rieles del tranvía.
Se escucha el bramido de la fuerza poderosa del acero contra el acero
acercarse a mis cabellos crispados.
Un paso más y aquí estoy siendo paciente en el infierno de miradas
como brasas ardientes a un paso de la nada.
Levanto la cabeza y del otro lado del camino del tranvía mis ojos
se fijan en una mujer con el corazón aprisionado entre sus manos,
incapaz de contener el dolor que la hace ahogar en llanto.
Ella me mira y da un paso, me sigue mirando y da otro paso,
el ruido de la locomotora acrecienta mis palpitos,
y yo la reconozco y ella me reconoce.
Grita mi nombre y yo grito el de ella,
nuestras lágrimas se desprenden de nosotros
viajando en medio de la energía propulsada por el tranvía.
Quiero amarla, abrazarla, sentir el latido de su corazón,
quiero que nunca más se aleje de mí.
Ella también siente lo mismo.
Y da un salto a la misma vez que yo lo doy,
esperando encontrarnos y jamás ser desdichados.
Unidos como dos espíritus inasibles amando el tiempo divino del universo
o como un artístico amasijo de piel, sangre y huesos.
martes, 30 de noviembre de 2010
Sueño sin Tiempo
“Cuando tu te hayas ido me envolverán las sombras”. Te tuve o soñé que te tuve,
mi puerta esta abierta y del costado de mi cama brotan las últimas humaradas
de un cigarrillo consumido con la huella carmesí de tus labios oníricos.
Avisto mi ser desnudo en un espejo y consigo más indicios de tu visita fugaz en mi lecho.
Puedes haber sido tú quien soñara conmigo al mismo tiempo
o pudo haber sido otra mujer quien ultrajara mi sueño
y robara tu cuerpo de mis fantasías corrompidas.
Acecha el misterio dentro de la neblina de mis pensamientos.
Atraje tu ser desde mi sueño y conjuramos nuestro deseo para fundirnos en carne y hueso;
sin mirarnos por una vez, sin sentirnos en medio del fuego.
Pudiste haber trascendido de mis sueños, no lo se. Siento el sinsabor de siempre,
así que no hay muchas dudas. Ese sinsabor de quererte y no tenerte, pero al revés.
No se cual sensación es la mejor, ya no importa.
Creíste que me regalarías tu existencia momentánea como acto divino de dios o de mi inconsciente. Pretendiste ser la musa extraordinaria que he construido en sueños,
creíste que con tu caricia invisible o con tu respiro agitado
producto de una brisa que se adentro en los orificios de mi ventana,
podrías resucitar mi ser rendido en las fabulas de un abismo dócil ya menospreciado por la mocedad.
Detesto que me hayas hecho esto, como explicarle al espejo los sinsabores, la herida, la mentira.
Como poder recordar con una leve sonrisa de esperanza y gratitud, si tu nunca estuviste aquí.
Este espacio, este tiempo que no parece tener un mínimo respeto a mi locura existencial,
están aquí, unidos de alguna forma en mi lugar y mi momento.
Donde debiste estar tú frente a mis ojos abiertos,
descansando tu cabeza sobre los cálidos latidos de mi pecho.
Ahora, siempre ahora. Los amantes cavernícolas rodean mis destinos,
soy testigo de la purulencia manifestada en un amor resentido,
de pasiones primitivas y violencia verbal y física,
humanizada por el asco a la monotonía de las razones conservadoras.
Ahora, tu significado ineludible para mi corazón, que fue el motivo de mis sueños constantes;
de mis despertares contagiados con pesares por no tocar te en mi mundo de mi ensueño,
es el vacío que encuentro en cada lugar donde existo. Eres la nada que siempre he temido,
la fantasía que por una noche se despojo de sus altares ante mis ojos cerrados,
ante mi sueño embriagado.
.......................................................................................................
Que pasa con el tiempo que me mira malvado a los ojos y me conmueve al abandonar las horas,
mis horas que hace horas pasaban fugaces corroyendo mi soledad que languidecía en el alba.
Enemigo de mis sueños que por ser tan verdaderos
me despiertan estando dentro del mismo mundo quimérico.
Ahora, para ti estoy muerto. Hubo una vez en algún lugar de esta historia corta
que se desenvolvía sin espacio ni tiempo.
Donde yo aparecí de imprevisto en tus atesorados aposentos
para desmembrar los lazos que fueron unidos hace muchos años.
Yo fui la sombra a la que acudías con sigilo y titubeo, fui tu objeto de desprecio
cuando se terminaban las sonrisas, mirabas de reojo y allí estaba yo al final del túnel
con una vida oculta en secretos que solo a ti te pertenecían,
allí conseguía el placer de tu mirada por un breve instante,
aunque no significase lo mismo que yo sentía.
Voy a conjugar la feliz embriaguez que me embarga con la desdicha amarga de las horas cansadas,
los relojes de mi casa ya no andan. Se sienten vencidos por mí ser incógnito
que encuentra el misterio de la vida en su insomnio.
El tiempo me detesta. No soy su contrincante, más bien soy su incompetencia.
La enfermedad corroe mis delirios, el dolor físico atenta a mis designios.
Aves negras pasan raudas por el techo de mi cabeza,
intentan acertar al alma moribunda que yace detrás de ella.
mi puerta esta abierta y del costado de mi cama brotan las últimas humaradas
de un cigarrillo consumido con la huella carmesí de tus labios oníricos.
Avisto mi ser desnudo en un espejo y consigo más indicios de tu visita fugaz en mi lecho.
Puedes haber sido tú quien soñara conmigo al mismo tiempo
o pudo haber sido otra mujer quien ultrajara mi sueño
y robara tu cuerpo de mis fantasías corrompidas.
Acecha el misterio dentro de la neblina de mis pensamientos.
Atraje tu ser desde mi sueño y conjuramos nuestro deseo para fundirnos en carne y hueso;
sin mirarnos por una vez, sin sentirnos en medio del fuego.
Pudiste haber trascendido de mis sueños, no lo se. Siento el sinsabor de siempre,
así que no hay muchas dudas. Ese sinsabor de quererte y no tenerte, pero al revés.
No se cual sensación es la mejor, ya no importa.
Creíste que me regalarías tu existencia momentánea como acto divino de dios o de mi inconsciente. Pretendiste ser la musa extraordinaria que he construido en sueños,
creíste que con tu caricia invisible o con tu respiro agitado
producto de una brisa que se adentro en los orificios de mi ventana,
podrías resucitar mi ser rendido en las fabulas de un abismo dócil ya menospreciado por la mocedad.
Detesto que me hayas hecho esto, como explicarle al espejo los sinsabores, la herida, la mentira.
Como poder recordar con una leve sonrisa de esperanza y gratitud, si tu nunca estuviste aquí.
Este espacio, este tiempo que no parece tener un mínimo respeto a mi locura existencial,
están aquí, unidos de alguna forma en mi lugar y mi momento.
Donde debiste estar tú frente a mis ojos abiertos,
descansando tu cabeza sobre los cálidos latidos de mi pecho.
Ahora, siempre ahora. Los amantes cavernícolas rodean mis destinos,
soy testigo de la purulencia manifestada en un amor resentido,
de pasiones primitivas y violencia verbal y física,
humanizada por el asco a la monotonía de las razones conservadoras.
Ahora, tu significado ineludible para mi corazón, que fue el motivo de mis sueños constantes;
de mis despertares contagiados con pesares por no tocar te en mi mundo de mi ensueño,
es el vacío que encuentro en cada lugar donde existo. Eres la nada que siempre he temido,
la fantasía que por una noche se despojo de sus altares ante mis ojos cerrados,
ante mi sueño embriagado.
.......................................................................................................
Que pasa con el tiempo que me mira malvado a los ojos y me conmueve al abandonar las horas,
mis horas que hace horas pasaban fugaces corroyendo mi soledad que languidecía en el alba.
Enemigo de mis sueños que por ser tan verdaderos
me despiertan estando dentro del mismo mundo quimérico.
Ahora, para ti estoy muerto. Hubo una vez en algún lugar de esta historia corta
que se desenvolvía sin espacio ni tiempo.
Donde yo aparecí de imprevisto en tus atesorados aposentos
para desmembrar los lazos que fueron unidos hace muchos años.
Yo fui la sombra a la que acudías con sigilo y titubeo, fui tu objeto de desprecio
cuando se terminaban las sonrisas, mirabas de reojo y allí estaba yo al final del túnel
con una vida oculta en secretos que solo a ti te pertenecían,
allí conseguía el placer de tu mirada por un breve instante,
aunque no significase lo mismo que yo sentía.
Voy a conjugar la feliz embriaguez que me embarga con la desdicha amarga de las horas cansadas,
los relojes de mi casa ya no andan. Se sienten vencidos por mí ser incógnito
que encuentra el misterio de la vida en su insomnio.
El tiempo me detesta. No soy su contrincante, más bien soy su incompetencia.
La enfermedad corroe mis delirios, el dolor físico atenta a mis designios.
Aves negras pasan raudas por el techo de mi cabeza,
intentan acertar al alma moribunda que yace detrás de ella.
Corazon impío
Un pedacito de lluvia se oye en el vacío de mis oídos
agudas y sin freno mueren trágicas en la calle.
Bólidos de ruido y aire penetran el silencio en mi desaire,
tránsfugas de pesadillas inenarrables me llaman con sus aullidos.
Sigue la quietud insomne de una tarde fría de invierno
donde las personas aman con sosiego y no apresuran desventuras
predichas por el dios del venidero estío, mientras en la calle muda
los rostros inmóviles acarician la eternidad de un cielo benévolo.
Bajan las efímeras ilusiones que se sostienen frágiles en el viento
labradores que sonríen sin cadenas por un mínimo instante.
Absorben la delicada belleza que le es distante
y la contienen junto a sus respiros hasta el horizonte agrio y violento
Escucho el anhelo ahogado en espíritus atrapados por la deshonra del destino
Pájaros heridos con las alas quebradas olvidan el camino de vuelta a casa
Ven con nostalgia el firmamento, la libertad y la remembranza
Son autómatas corrosivos que se mienten así mismos
evitando algún desvío en el monótono camino.
Escampa en la tierna tarde, expectante por los matices crepusculares
que expande su dolor de muerte, ira y hastío.
Los mutilados se resguardan en los indignantes bares.
Y yo abro mi ventana para alimentarme de un corazón impío.
agudas y sin freno mueren trágicas en la calle.
Bólidos de ruido y aire penetran el silencio en mi desaire,
tránsfugas de pesadillas inenarrables me llaman con sus aullidos.
Sigue la quietud insomne de una tarde fría de invierno
donde las personas aman con sosiego y no apresuran desventuras
predichas por el dios del venidero estío, mientras en la calle muda
los rostros inmóviles acarician la eternidad de un cielo benévolo.
Bajan las efímeras ilusiones que se sostienen frágiles en el viento
labradores que sonríen sin cadenas por un mínimo instante.
Absorben la delicada belleza que le es distante
y la contienen junto a sus respiros hasta el horizonte agrio y violento
Escucho el anhelo ahogado en espíritus atrapados por la deshonra del destino
Pájaros heridos con las alas quebradas olvidan el camino de vuelta a casa
Ven con nostalgia el firmamento, la libertad y la remembranza
Son autómatas corrosivos que se mienten así mismos
evitando algún desvío en el monótono camino.
Escampa en la tierna tarde, expectante por los matices crepusculares
que expande su dolor de muerte, ira y hastío.
Los mutilados se resguardan en los indignantes bares.
Y yo abro mi ventana para alimentarme de un corazón impío.
martes, 2 de noviembre de 2010
Oh soledad
Oh Soledad tan cerca y tan distante.
Dejas tu huella solo con pensarte.
Empiezo a cercenar la materia que te hace mujer,
la distancia que la aurora no se cansa de imponer.
Tengo a mis costados la gelida necesidad de tu abrazo apasionado.
Oh Soledad, he estado sumergido en tu vicio,
creí haberte palpado pero ahora apareces
y me alejo de lo que siempre he deseado.
Mi tiempo es proclive a abandonar los esteros
y navegar por tus costas como un ruiseñor en desespero.
Oh Soledad, mis huesos reclaman la calidez de tu esperanza.
Voy concibiendo mi muerte como gratitud a tu pulcra enseñanza.
Si sigo en tu memoria de conciencia inmediata y brusca.
sería sinonimo de reciprocidad emocional, el que detengas tu tiempo y mires hacia atras.
Tratando de acertar tu interés en mi corazón sin templo.
Oh Soledad, soy un latido moribundo que en el velo existencial de la razón, clama por tí.
Oh Soledad, tan fría en lo real y tan viva en mis anhelos
enfrento el vacío de mis existencia en tus pupilas
evito el naufragio de tu semblanza en mi agonía
Oh Soledad, tu sonrisa onirica es poesía en mis desvelos.
Dejas tu huella solo con pensarte.
Empiezo a cercenar la materia que te hace mujer,
la distancia que la aurora no se cansa de imponer.
Tengo a mis costados la gelida necesidad de tu abrazo apasionado.
Oh Soledad, he estado sumergido en tu vicio,
creí haberte palpado pero ahora apareces
y me alejo de lo que siempre he deseado.
Mi tiempo es proclive a abandonar los esteros
y navegar por tus costas como un ruiseñor en desespero.
Oh Soledad, mis huesos reclaman la calidez de tu esperanza.
Voy concibiendo mi muerte como gratitud a tu pulcra enseñanza.
Si sigo en tu memoria de conciencia inmediata y brusca.
sería sinonimo de reciprocidad emocional, el que detengas tu tiempo y mires hacia atras.
Tratando de acertar tu interés en mi corazón sin templo.
Oh Soledad, soy un latido moribundo que en el velo existencial de la razón, clama por tí.
Oh Soledad, tan fría en lo real y tan viva en mis anhelos
enfrento el vacío de mis existencia en tus pupilas
evito el naufragio de tu semblanza en mi agonía
Oh Soledad, tu sonrisa onirica es poesía en mis desvelos.
Adíos y buenas noches
Adiós, es una palabra imposible de musitar.
Imposible de poder compartir y sentir al mismo tiempo.
Un adiós es un asesino en serie que día a día hiere mortalmente
la ilusión de poder amar eternamente, sin ausencias como excusas
que duelan hondamente, sin fricciones que atenten unas vidas con dolientes.
Hoy te digo adiós y buenas noches.
Desde este lado de la cama que ha soportado por años toda mi humanidad maltratada.
Te lo digo en un susurro dubitativo que trata de encaramarse en tu cuello
para poder pasar dócil por tus oídos. Me despido de esta vida que también fue tuya.
Veo tu dorso por última vez, tendido apaciblemente sobre mi cama, inspirándome placer.
Aun escondes tu tez como lo has hecho últimamente, la rabia te hace olvidar
la belleza que destilas mientras duermes, mientras ríes, cuando amas y vives.
A pesar de tus lamentos jamás olvidare la lozanía
de tu amor perpetuo cuando te conocí.
Aparentas haber muerto junto a mí, tus intenciones infundadas desde la locura
me consagran como el vil asesino de tus sueños.
No quiero ser participe de la lenta agonía de tus ojos hermosos,
de la huida de tu espíritu donde mi alma encontró reposo.
Desprendo de mis más silentes abismos este adiós como bramido
que resquebraja mi corazón.
Adiós y buenas noches amada, espero que con mi lejanía
vuelvas a ser tú la primavera que me cautivo en aquellos días.
Imposible de poder compartir y sentir al mismo tiempo.
Un adiós es un asesino en serie que día a día hiere mortalmente
la ilusión de poder amar eternamente, sin ausencias como excusas
que duelan hondamente, sin fricciones que atenten unas vidas con dolientes.
Hoy te digo adiós y buenas noches.
Desde este lado de la cama que ha soportado por años toda mi humanidad maltratada.
Te lo digo en un susurro dubitativo que trata de encaramarse en tu cuello
para poder pasar dócil por tus oídos. Me despido de esta vida que también fue tuya.
Veo tu dorso por última vez, tendido apaciblemente sobre mi cama, inspirándome placer.
Aun escondes tu tez como lo has hecho últimamente, la rabia te hace olvidar
la belleza que destilas mientras duermes, mientras ríes, cuando amas y vives.
A pesar de tus lamentos jamás olvidare la lozanía
de tu amor perpetuo cuando te conocí.
Aparentas haber muerto junto a mí, tus intenciones infundadas desde la locura
me consagran como el vil asesino de tus sueños.
No quiero ser participe de la lenta agonía de tus ojos hermosos,
de la huida de tu espíritu donde mi alma encontró reposo.
Desprendo de mis más silentes abismos este adiós como bramido
que resquebraja mi corazón.
Adiós y buenas noches amada, espero que con mi lejanía
vuelvas a ser tú la primavera que me cautivo en aquellos días.
martes, 19 de octubre de 2010
'Historia ºuamº'
Todas las sospechas recaen sobre un solo individuo
Son tantos los indicios que hasta su sombra dejo huella en la escena
La luna y los vecinos de medianoche fueron testigos del sonido
De un revolver encendido, de un cuchillo que resplandece desde su filo
De unas manos toscas que resquebrajan huesos y tendones dóciles.
La luminiscencia de un solitario farol describió los rasgos del asesino
El cemento frío fue el destino de los últimos aullidos de vida proferidos por la victima
Fue el nido donde se vertió la sangre, el cementerio inmediato donde te bendice dios,
Donde las masas desde sus miradas demuestran su particular amor.
Con diversas grietas en el cráneo y con quemaduras en todo su cuerpo desnudo
Ella durmió apacible con un rostro indigno tras haber transitado por los pedestales
Del cielo en la tierra.
Su corazón no esta exaltado, su memoria rememora las pinceladas
Que dio sobre una sonrisa vacía, trazos profundos que sonrojaron a las sombras.
El es la nada donde habitan sus oscuros reflejos expuestos al mundo.
Su pecado fue culminar con su represión,
acabar con la angustia dominante que estuvo a un paso de sucumbir a la muerte.
Ella provoco su agonía al mirar con desparpajo la esperanza descompuesta
en la cara cansada de su asesino.
Alberto necesitaba la calma de su monstruo que los desgarraba desde sus entrañas,
Necesitaba la muerte de una parte de el y de una corta primavera que reluce orgullosa
Rodeada de tristezas silentes y dolientes de funerales con horizontes turbios.
Natalia estrecha su espíritu haciendo brotar lonjas cristalinas sobre sus mejillas,
La noche estuvo cautiva hasta hoy para sus ojos que experimentan la lejanía del mundo
Ante sus antojos, la soledad exhibió en ella aparente dolor humano.
Alberto aprovecho el momento para arrancar su pesar y el de ella de un tajo.
Son tantos los indicios que hasta su sombra dejo huella en la escena
La luna y los vecinos de medianoche fueron testigos del sonido
De un revolver encendido, de un cuchillo que resplandece desde su filo
De unas manos toscas que resquebrajan huesos y tendones dóciles.
La luminiscencia de un solitario farol describió los rasgos del asesino
El cemento frío fue el destino de los últimos aullidos de vida proferidos por la victima
Fue el nido donde se vertió la sangre, el cementerio inmediato donde te bendice dios,
Donde las masas desde sus miradas demuestran su particular amor.
Con diversas grietas en el cráneo y con quemaduras en todo su cuerpo desnudo
Ella durmió apacible con un rostro indigno tras haber transitado por los pedestales
Del cielo en la tierra.
Su corazón no esta exaltado, su memoria rememora las pinceladas
Que dio sobre una sonrisa vacía, trazos profundos que sonrojaron a las sombras.
El es la nada donde habitan sus oscuros reflejos expuestos al mundo.
Su pecado fue culminar con su represión,
acabar con la angustia dominante que estuvo a un paso de sucumbir a la muerte.
Ella provoco su agonía al mirar con desparpajo la esperanza descompuesta
en la cara cansada de su asesino.
Alberto necesitaba la calma de su monstruo que los desgarraba desde sus entrañas,
Necesitaba la muerte de una parte de el y de una corta primavera que reluce orgullosa
Rodeada de tristezas silentes y dolientes de funerales con horizontes turbios.
Natalia estrecha su espíritu haciendo brotar lonjas cristalinas sobre sus mejillas,
La noche estuvo cautiva hasta hoy para sus ojos que experimentan la lejanía del mundo
Ante sus antojos, la soledad exhibió en ella aparente dolor humano.
Alberto aprovecho el momento para arrancar su pesar y el de ella de un tajo.
jueves, 30 de septiembre de 2010
Pensamientos desde la UAM
Cuando los ciervos inviertan sus crucifijos
Cuando el oro sea una porción mas de comida
Cuando la mística de tus amigos envenene tu destino
Cuando tus lágrimas logren ser cultivo y crezcan sobre tu almohada
Cuando la felicidad te arrastre en su umbral de los pesares
Cuando tus sombras no necesiten de ti para conducir sus desmanes
Cuando la espuma del mar sepa a milagro de dios
Cuando los colores albos de la nostalgia cieguen tu sonrisa
Cuando la piel lozana le sea infiel a tu longevidad
Cuando el miedo se persigne ante tus anhelos de vida
Cuando la misericordia sea cosa de compra y venta en la ciudad
Cuando el hechizo de su mirada seductora sea polvo entre tus manos
Cuando su esperanza se desgaste en tu corazón accidentado
Cuando el hastío del tiempo se desahogue sobre tus querencias
Cuando las incógnitas que brotan de tu ser sean reveladas
Cuando la musa incierta por fin aparezca
Cuando la soledad decida por fin estar sola
Tú estarás humedeciendo los sueños.
Aunque la bruma aticé mis dudas
Y la luna no me convide tu camino
Mi ilusión amorosa es una testaruda
Que no encuentra paz en el olvido.
Cuando el oro sea una porción mas de comida
Cuando la mística de tus amigos envenene tu destino
Cuando tus lágrimas logren ser cultivo y crezcan sobre tu almohada
Cuando la felicidad te arrastre en su umbral de los pesares
Cuando tus sombras no necesiten de ti para conducir sus desmanes
Cuando la espuma del mar sepa a milagro de dios
Cuando los colores albos de la nostalgia cieguen tu sonrisa
Cuando la piel lozana le sea infiel a tu longevidad
Cuando el miedo se persigne ante tus anhelos de vida
Cuando la misericordia sea cosa de compra y venta en la ciudad
Cuando el hechizo de su mirada seductora sea polvo entre tus manos
Cuando su esperanza se desgaste en tu corazón accidentado
Cuando el hastío del tiempo se desahogue sobre tus querencias
Cuando las incógnitas que brotan de tu ser sean reveladas
Cuando la musa incierta por fin aparezca
Cuando la soledad decida por fin estar sola
Tú estarás humedeciendo los sueños.
Aunque la bruma aticé mis dudas
Y la luna no me convide tu camino
Mi ilusión amorosa es una testaruda
Que no encuentra paz en el olvido.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Amor de reojo en mundos distintos
Mundos que habitan este mundo
Simples y abstractos conviven
Para ellos hay un solo inframundo
Por el que algunos se desviven
Rastros de humanidad lejana
Perfuman a las hojas en el viento
Vidas con actitud malsana
Desangran los mundos alternos
La virtud de tus destellos que construyen mis sueños
Es volatil y proviene de un mundo que considero etereo
Asi como tu consideras desde una mirada soslayada
Mi realidad que se deja seducir por tu belleza en lontananza
Solo necesito la huella de una caricia tuya
El soplo divino que despides en cada respiro
La sonrisa que le da adrenalina a mi corazon
¡Necesito tu amor para evitar que mi alma huya!
Simples y abstractos conviven
Para ellos hay un solo inframundo
Por el que algunos se desviven
Rastros de humanidad lejana
Perfuman a las hojas en el viento
Vidas con actitud malsana
Desangran los mundos alternos
La virtud de tus destellos que construyen mis sueños
Es volatil y proviene de un mundo que considero etereo
Asi como tu consideras desde una mirada soslayada
Mi realidad que se deja seducir por tu belleza en lontananza
Solo necesito la huella de una caricia tuya
El soplo divino que despides en cada respiro
La sonrisa que le da adrenalina a mi corazon
¡Necesito tu amor para evitar que mi alma huya!
martes, 14 de septiembre de 2010
Disco Eterno

Tus sueños aun despiertos en los anhelos de los demás
Amansan los cielos crispados para la venida del último fulgor
Caricias sin ser sentidas se deslizan por la carne rígida
Horizontes seráficos y deslumbrantes emergen de cada rincón.
Anido a la virtud eterna de tus vocablos
La llamarada incesante de una vida en frenesí
El respiro agitado de un encuentro casual y descarado
Y las bocanadas de humo y placer irradiadas por ti.
El tiempo acallo los silencios y embargo tu alma
Las luces trasmutaron tus sombras royéndote con disimulo
Y las musas jamás dejaron de suspirar por sobre tus palabras
Sientes miedo de las horas mudas y del fin de tu melodía sin escrúpulos.
Prófugos inasibles de lo terrenal
En una ciudad de cólera y lodo
Eternos en nuestra brusca realidad
La lozanía del recuerdo ya no lo será todo.
Amo la libertad que pregonas
Enciendo tu racimo de rosas sin destino
Bajo las persianas amantes de la discordia
Y me entrego a su azaroso corazón mezquino.
Es inevitable perder mi conciencia
Cuando tu adiós es solo brisa en el vacío
Cuando tu cruz palpita por mi indiferencia
Mientras el mundo es ceniza y yo aun existo.
Amansan los cielos crispados para la venida del último fulgor
Caricias sin ser sentidas se deslizan por la carne rígida
Horizontes seráficos y deslumbrantes emergen de cada rincón.
Anido a la virtud eterna de tus vocablos
La llamarada incesante de una vida en frenesí
El respiro agitado de un encuentro casual y descarado
Y las bocanadas de humo y placer irradiadas por ti.
El tiempo acallo los silencios y embargo tu alma
Las luces trasmutaron tus sombras royéndote con disimulo
Y las musas jamás dejaron de suspirar por sobre tus palabras
Sientes miedo de las horas mudas y del fin de tu melodía sin escrúpulos.
Prófugos inasibles de lo terrenal
En una ciudad de cólera y lodo
Eternos en nuestra brusca realidad
La lozanía del recuerdo ya no lo será todo.
Amo la libertad que pregonas
Enciendo tu racimo de rosas sin destino
Bajo las persianas amantes de la discordia
Y me entrego a su azaroso corazón mezquino.
Es inevitable perder mi conciencia
Cuando tu adiós es solo brisa en el vacío
Cuando tu cruz palpita por mi indiferencia
Mientras el mundo es ceniza y yo aun existo.
martes, 31 de agosto de 2010
UAM
Cuando los ciervos inviertan sus crucifijos
Cuando el oro sea una porción mas de comida
Cuando la mística de tus amigos envenene tu destino
Cuando tus lágrimas logren ser cultivo y crezcan sobre tu almohada
Cuando la felicidad te arrastre en su umbral de los pesares
Cuando tus sombras no necesiten de ti para conducir sus desmanes
Cuando la espuma del mar sepa a milagro de dios
Cuando los colores albos de la nostalgia cieguen tu sonrisa
Cuando la piel lozana le sea infiel a tu longevidad
Cuando el miedo se persigne ante tus anhelos de vida
Cuando la misericordia sea cosa de compra y venta en la ciudad
Cuando el hechizo de su mirada seductora sea polvo entre tus manos
Cuando su esperanza se desgaste en tu corazón accidentado
Cuando el hastío del tiempo se desahogue sobre tus querencias
Cuando las incógnitas que brotan de tu ser sean reveladas
Cuando la musa incierta por fin aparezca
Cuando la soledad decida por fin estar sola
Tú estarás humedeciendo los sueños.
Aunque la bruma aticé mis dudas
Y la luna no me convide tu camino
Mi ilusión amorosa es una testaruda
Que no encuentra paz en el olvido.
lunes, 23 de agosto de 2010
Amor de reojo en mundos distintos
Mundos que habitan este mundo
Simples y abstractos conviven
Para ellos hay un solo inframundo
Por el que algunos se desviven
Rastros de humanidad lejana
Perfuman a las hojas en el viento
Vidas con actitud malsana
Desangran los mundos alternos
La virtud de tus destellos que construyen mis sueños
Es volatil y proviene de un mundo que considero etereo
Asi como tu consideras desde una mirada soslayada
Mi realidad que se deja seducir por tu belleza en lontananza
Solo necesito la huella de una caricia tuya
El soplo divino que despides en cada respiro
La sonrisa que le da adrenalina a mi corazon
¡Necesito tu amor para evitar que mi alma huya!
Simples y abstractos conviven
Para ellos hay un solo inframundo
Por el que algunos se desviven
Rastros de humanidad lejana
Perfuman a las hojas en el viento
Vidas con actitud malsana
Desangran los mundos alternos
La virtud de tus destellos que construyen mis sueños
Es volatil y proviene de un mundo que considero etereo
Asi como tu consideras desde una mirada soslayada
Mi realidad que se deja seducir por tu belleza en lontananza
Solo necesito la huella de una caricia tuya
El soplo divino que despides en cada respiro
La sonrisa que le da adrenalina a mi corazon
¡Necesito tu amor para evitar que mi alma huya!
sábado, 21 de agosto de 2010
C.A.R.E.L.
Cuanta belleza solemne
se posa candida en el rostro de una criatura
cuantos resplandores se encienden
cuando sus ojos celestes brillan de ternura.
Absorto en mis trémulas posturas
apuesto al cielo la hermosura de su tez
creo alas blancas mientras caminas con soltura
duermo en el placebo de su sonrisa sin sed.
Revivo la ausencia del universo cuando su mirada me cautiva
ella es un ángel que bendice mis sueños terrenales
un fulgor de primavera que no precisa melancolías
un latido de mi corazón muerto perdido en los albañales.
Es tan excelso el paraíso que te rodea!!!
tan distante de mis anhelos impacientes
tan sublime que la esperanza se incinera
cuando mi existencia se entrega a tus vaivenes.
La sueño en las noches en que su dios me convida su suerte
de poseer eternamente su semblante en la más calida aurora
¡cuanta belleza hay en tu ser ataviado con rosas del desden!
es increíble tu influencia amorosa que me gobierna desde ahora.
se posa candida en el rostro de una criatura
cuantos resplandores se encienden
cuando sus ojos celestes brillan de ternura.
Absorto en mis trémulas posturas
apuesto al cielo la hermosura de su tez
creo alas blancas mientras caminas con soltura
duermo en el placebo de su sonrisa sin sed.
Revivo la ausencia del universo cuando su mirada me cautiva
ella es un ángel que bendice mis sueños terrenales
un fulgor de primavera que no precisa melancolías
un latido de mi corazón muerto perdido en los albañales.
Es tan excelso el paraíso que te rodea!!!
tan distante de mis anhelos impacientes
tan sublime que la esperanza se incinera
cuando mi existencia se entrega a tus vaivenes.
La sueño en las noches en que su dios me convida su suerte
de poseer eternamente su semblante en la más calida aurora
¡cuanta belleza hay en tu ser ataviado con rosas del desden!
es increíble tu influencia amorosa que me gobierna desde ahora.
martes, 17 de agosto de 2010
De poder buscarte y no querer encontrarte
Te busco absurdamente esperando a que me encuentres.
Éstas viviendo en mis pupilas y yo no me atrevo a tocarte.
Acuso al tiempo y a la soledad mi lejanía autoimpuesta.
Quizás me estes buscando y al igual que yo, esperas encontrarte.
Tienes un nombre que al querer pronunciarlo
Las vocales se vuelven como lava ardiente dejándome sin habla.
Éstas ahí a las orillas de mi abismo, del miedo más temido.
Y yo sólo me acerco lo suficiente para sentir dócilmente la alegría que emanas.
Mi espíritu se regocija cuando accidentalmente tu brisa me toca.
Trato de respirar lo mas hondo posible para acariciarte en mi memoria.
Tu vida esta contemplada por millones de miradas y entre ellas estoy yo.
Pensarás que estoy muy lejos de tu fulgor pero siempre he estado ofreciendote mi corazón.
Aúnque creas que en el silencio la oscura sombra descansa de su iracunda maldición.
Tu alma perdida, desbaratada por la rutina. A veces me consigue rezandote.
Implorando desde mis ojos cautivos una mirada tuya que con diáfana dulzura.
Resucite el valor de un amor prisionero de sus miedos. Atestado de sonrisas fugaces.
Solo he visto de reojo, tus dudas hirvientes bañando mi ser lleno de fisuras.
A pesar de las raras sensaciones que me producen el buscarte y no querer encontrarte.
Sigo sucumbiendo a tus roces fulgurantes de vida apreciados desde mi adusta lejanía.
Te veo incansablemente mientras danzas en tu eterna primavera. Como un suspiro por el arte.
Tal vez puedas sentir mis respiros sobre tu piel. Tal vez esperes mi muerte para consumar mi fantasía.
Éstas viviendo en mis pupilas y yo no me atrevo a tocarte.
Acuso al tiempo y a la soledad mi lejanía autoimpuesta.
Quizás me estes buscando y al igual que yo, esperas encontrarte.
Tienes un nombre que al querer pronunciarlo
Las vocales se vuelven como lava ardiente dejándome sin habla.
Éstas ahí a las orillas de mi abismo, del miedo más temido.
Y yo sólo me acerco lo suficiente para sentir dócilmente la alegría que emanas.
Mi espíritu se regocija cuando accidentalmente tu brisa me toca.
Trato de respirar lo mas hondo posible para acariciarte en mi memoria.
Tu vida esta contemplada por millones de miradas y entre ellas estoy yo.
Pensarás que estoy muy lejos de tu fulgor pero siempre he estado ofreciendote mi corazón.
Aúnque creas que en el silencio la oscura sombra descansa de su iracunda maldición.
Tu alma perdida, desbaratada por la rutina. A veces me consigue rezandote.
Implorando desde mis ojos cautivos una mirada tuya que con diáfana dulzura.
Resucite el valor de un amor prisionero de sus miedos. Atestado de sonrisas fugaces.
Solo he visto de reojo, tus dudas hirvientes bañando mi ser lleno de fisuras.
A pesar de las raras sensaciones que me producen el buscarte y no querer encontrarte.
Sigo sucumbiendo a tus roces fulgurantes de vida apreciados desde mi adusta lejanía.
Te veo incansablemente mientras danzas en tu eterna primavera. Como un suspiro por el arte.
Tal vez puedas sentir mis respiros sobre tu piel. Tal vez esperes mi muerte para consumar mi fantasía.
martes, 3 de agosto de 2010
No hay nadie disponible
Creer en tus motivos increibles a la hora de dejarte ir de mis manos.
Ya no espero las dudas de tu diminuta candidez desperdigada en tus pupilas.
Ahora despedazo los cielos con mis cuchillos de marfil, corto de un tajo la belleza exacerbada.
No te odio en tus sueños ajenos a mis sueños, solo hiero mortalmente el amor que me es indiferente.
Aqui estoy, espantado por las agujas del reloj. Navegando en tus lagrimas de esencia extraordinaria.
Con las virtudes necesarias a mis espaldas comienzo la travesía de las angustias mundanas.
Despues de tanto tiempo atrapado en confusiones hereditarias y alabanzas prefabricadas
Consigo mi sombra al final de un pasillo mil veces transitado, y charlo, abrazo, seduzco y violo
las enigmaticas posturas de endebles seres ultrajados por su propia realidad preconcebida.
Hoy soy las confluencias de mis tristezas aunadas a una porcion de oscura vida material.
Hoy la verdad teme por mí. Yo soy capaz de cambiar los cimientes de tu automedicada locura.
Hoy es tiempo de correr. La luz no es mi atardecer de canticos incipientes en mi ser.
Tu maldita mirada no ensalza el grito profundo que se derrite en mis alas.
Hoy es el día en que el eco de mis entrañas retumba en la diaria agonia de mujeres malsanas.
Hoy mi vida es una huella marchita de dios en medio de la implacable hojarasca de vidas desahuciadas.
Hoy como siempre soy yo con un gramo de esperanza maltrecha corroyendo mi poesía inadvertida.
Hoy sere un recuerdo eternamente despreciado por una sonrisa avergonzada en su travesía diaría.
Ya no espero las dudas de tu diminuta candidez desperdigada en tus pupilas.
Ahora despedazo los cielos con mis cuchillos de marfil, corto de un tajo la belleza exacerbada.
No te odio en tus sueños ajenos a mis sueños, solo hiero mortalmente el amor que me es indiferente.
Aqui estoy, espantado por las agujas del reloj. Navegando en tus lagrimas de esencia extraordinaria.
Con las virtudes necesarias a mis espaldas comienzo la travesía de las angustias mundanas.
Despues de tanto tiempo atrapado en confusiones hereditarias y alabanzas prefabricadas
Consigo mi sombra al final de un pasillo mil veces transitado, y charlo, abrazo, seduzco y violo
las enigmaticas posturas de endebles seres ultrajados por su propia realidad preconcebida.
Hoy soy las confluencias de mis tristezas aunadas a una porcion de oscura vida material.
Hoy la verdad teme por mí. Yo soy capaz de cambiar los cimientes de tu automedicada locura.
Hoy es tiempo de correr. La luz no es mi atardecer de canticos incipientes en mi ser.
Tu maldita mirada no ensalza el grito profundo que se derrite en mis alas.
Hoy es el día en que el eco de mis entrañas retumba en la diaria agonia de mujeres malsanas.
Hoy mi vida es una huella marchita de dios en medio de la implacable hojarasca de vidas desahuciadas.
Hoy como siempre soy yo con un gramo de esperanza maltrecha corroyendo mi poesía inadvertida.
Hoy sere un recuerdo eternamente despreciado por una sonrisa avergonzada en su travesía diaría.
domingo, 1 de agosto de 2010
Hoy es diferente
Hoy me doy cuenta que he dejado de ser yo
no consigo el compañero agónico a mis espaldas
ni oigo el silencio desprendiéndose del misterio
hoy soy el cuervo ciego batiendo el lodo de sus alas
No cumplí con el destello de mis prematuros sueños;
en una caminata en soledad, los ajenos conducen mi funeral.
Hoy la tragicómica oscuridad del mundo pervierte mis anhelos.
Hoy me posee un extenuante bramido, que reclama la sordidez humana.
He estado estático esperando el resplandor que me haga sentir más
dejando pasar la belleza en su perenne levedad, excesiva para mi dolor
pero el sol es cancerigeno y las hermosas poesías no perduran jamás
Hoy siento a la bestia devorando mi razón, impregnándome su olor.
Ayer estuve rezando para que me encontraras
Hoy fui embestido con el último acierto de dios
Mañana la realidad no la veo muy clara
Pero se que el tiempo no pierde su tiempo
Con insignificantes esperanzas humanas.
no consigo el compañero agónico a mis espaldas
ni oigo el silencio desprendiéndose del misterio
hoy soy el cuervo ciego batiendo el lodo de sus alas
No cumplí con el destello de mis prematuros sueños;
en una caminata en soledad, los ajenos conducen mi funeral.
Hoy la tragicómica oscuridad del mundo pervierte mis anhelos.
Hoy me posee un extenuante bramido, que reclama la sordidez humana.
He estado estático esperando el resplandor que me haga sentir más
dejando pasar la belleza en su perenne levedad, excesiva para mi dolor
pero el sol es cancerigeno y las hermosas poesías no perduran jamás
Hoy siento a la bestia devorando mi razón, impregnándome su olor.
Ayer estuve rezando para que me encontraras
Hoy fui embestido con el último acierto de dios
Mañana la realidad no la veo muy clara
Pero se que el tiempo no pierde su tiempo
Con insignificantes esperanzas humanas.
miércoles, 28 de julio de 2010
Rasgo la herida
Rasgo con fuerza la herida que se resiste a sanar
De mi piel plagada de imágenes vehementes
Corto un pedazo de que se me hace familiar
Unto en mis dedos la sangre hervida de una ira silente.
Encuentro en mis huesos, recuerdos tallados sin fragor
Escarbo en las uniones que nos mantienen como dioses
Escupo mis dudas en la penuria ultrajada por inocentes hombres
Exhalo el sueño sin estrépito, y me hundo en el dolor.
Luche por mi aposento de fríos y oscuros pasajeros
Ate mi belleza que dormita en embelesos
Con alambre de púas a mi pecho
Por sentirla ajena a mi cuerpo
A pesar de haber nacido en mí verso.
Rasgo y rasgo sin ataduras, sin rostros vacilantes
Que me alejen de mi ser único y desperfecto
Juego en la sangre de roces y evocaciones espirales
Amo mi inexistencia y vivo mi muerte en las ojeras del silencio
De mi piel plagada de imágenes vehementes
Corto un pedazo de que se me hace familiar
Unto en mis dedos la sangre hervida de una ira silente.
Encuentro en mis huesos, recuerdos tallados sin fragor
Escarbo en las uniones que nos mantienen como dioses
Escupo mis dudas en la penuria ultrajada por inocentes hombres
Exhalo el sueño sin estrépito, y me hundo en el dolor.
Luche por mi aposento de fríos y oscuros pasajeros
Ate mi belleza que dormita en embelesos
Con alambre de púas a mi pecho
Por sentirla ajena a mi cuerpo
A pesar de haber nacido en mí verso.
Rasgo y rasgo sin ataduras, sin rostros vacilantes
Que me alejen de mi ser único y desperfecto
Juego en la sangre de roces y evocaciones espirales
Amo mi inexistencia y vivo mi muerte en las ojeras del silencio
lunes, 26 de julio de 2010
Flor de Cerezo

Hay un cielo avinagrado que se respira entera y únicamente
desde este fango traga sueños.
Con tantas ilusiones juntas y descalzas,
el amor, se desgasta bruscamente y se hunde sin remedio
en el barro indeseado de una oscura y burda historia.
Hay amaneceres pálidos
que invitan a la desesperanza
corazones calidos
aferrándose a su remembranza.
Juguetes rotos, sin encanto, ofrendados con temor al compromiso.
Manos diminutas atravesadas por líneas de fábulas adultas.
Hay lugares ensombrecidos por la grotesca selectividad del arco iris.
Inocencias encorvadas que deambulan sin gracia a la suerte de dios.
Frentes marchitas, se descubren ante el bronce labrado por sus magulladas manos.
Llaga sobre llaga, la hermosura de la juventud es imposible de palpar.
Hay mundos orgullosos y obscenos que miran de reojo hacia este riachuelo.
Menuda vida finita abandonada en un desierto de cenizas.
Aromas de un eterno verano, cuando se funden en el sueño la ira y el desencanto.
Hoy paseo desde mi ventana impía y desinfectada.
La transparencia tácita más que deslumbrar, asombra con terrorífica realidad,
volviendo insoportable el quehacer diario de mi delicada retina.
Que se alimenta de belleza ingenua que emana la naturaleza
alrededor de la inmundicia humana.
Hay en estas agrietadas calles flores de cerezo
inundando la agonía con belleza distinta.
Árboles de cerezos irradiando su divina tranquilidad
en el cansado semblante de la desesperanza.
Como el rocío que resucito en esas flores su esplendor,
la lágrima que lleva el estigma del recuerdo
se desvanecerá en tus mejillas
y nacerá una ansiada sonrisa,
debajo de una lluvia de cerezos.
desde este fango traga sueños.
Con tantas ilusiones juntas y descalzas,
el amor, se desgasta bruscamente y se hunde sin remedio
en el barro indeseado de una oscura y burda historia.
Hay amaneceres pálidos
que invitan a la desesperanza
corazones calidos
aferrándose a su remembranza.
Juguetes rotos, sin encanto, ofrendados con temor al compromiso.
Manos diminutas atravesadas por líneas de fábulas adultas.
Hay lugares ensombrecidos por la grotesca selectividad del arco iris.
Inocencias encorvadas que deambulan sin gracia a la suerte de dios.
Frentes marchitas, se descubren ante el bronce labrado por sus magulladas manos.
Llaga sobre llaga, la hermosura de la juventud es imposible de palpar.
Hay mundos orgullosos y obscenos que miran de reojo hacia este riachuelo.
Menuda vida finita abandonada en un desierto de cenizas.
Aromas de un eterno verano, cuando se funden en el sueño la ira y el desencanto.
Hoy paseo desde mi ventana impía y desinfectada.
La transparencia tácita más que deslumbrar, asombra con terrorífica realidad,
volviendo insoportable el quehacer diario de mi delicada retina.
Que se alimenta de belleza ingenua que emana la naturaleza
alrededor de la inmundicia humana.
Hay en estas agrietadas calles flores de cerezo
inundando la agonía con belleza distinta.
Árboles de cerezos irradiando su divina tranquilidad
en el cansado semblante de la desesperanza.
Como el rocío que resucito en esas flores su esplendor,
la lágrima que lleva el estigma del recuerdo
se desvanecerá en tus mejillas
y nacerá una ansiada sonrisa,
debajo de una lluvia de cerezos.
domingo, 18 de julio de 2010
Un día en las ojeras de una desencantada primavera

Un día en las ojeras de una desencantada primavera
fue suficiente para que su recuerdo de musa impura
se anclara para siempre en la mar angustiosa (e insomne por capricho de la luna)
que es antesala a mis sueños.
Era una tarde espesa, construida por impulsos iracundos de anteanoche
una tarde pordiosera que revestía a la vida en su disgusto y su congoja.
Y allí estaba yo, con los rayos del solo incrustándose en mi espalda,
penetrando la memoria, exacerbando mi deseo imperecedero de noches soledosas.
Aunque la luz aun nos retuviera en su esplendor, la mugre era el sinsabor,
las sombras eran mal disimuladas y se vertían como un charco negro desde las miradas.
Fui tocado por la desmesura de las mentes abandonadas en los albañales,
por las sonrisas forzadas empañadas de sudor y lagrimas.
Fui un triste caminante que percibía el aroma degradante
de unos cadáveres descomponiéndose al sol.
Aun conservo este corazón vacío donde los ajenos sentimientos
se revuelcan sin pena ante mí adusto y comprensible resentimiento
por no ser parte de esa orgia amorosa y desdeñosa que hace eco en mis entrañas.
Anacrónicos consejos de humo y espuma intoxicante que se reparten como dadivas
a la lozanía ensombrecida por su propia inclinación hacia los vaivenes de una vida derruida.
Aquí estoy con las ansias perdidas en algún lugar de mí ser,
sin la necesidad de brillar en medio de tan oscuros entes.
La noche es usurpada de su tiempo y el día aguarda placeres trasnochados
en cavernas de multitudes en desasosiego.
Ninfas de cuero y ademanes burlescos invaden la poca conciencia del burdo público,
entre silencios cómplices y propinas insuficientes para lo que se degustaba,
iban y venían rostros distintos pero sin cambiar la mirada perdida
entre los vapores del tabaco y el alcohol. Era una mirada seca que se fijaba en la noche artificial
y buscaba alguna abertura en ese manto negruzco de repugnante realidad,
buscando recordar el pequeño instante de felicidad y hacerlo atemporal,
aferrándote a tu sueño que dejo de ser recuerdo, que dejo de ser tuyo,
para llorar en las noches por la lejanía invariable de un espejismo maltrecho.
Alucino dentro de un vaso de cristal y mientras me ahogo voy bebiendo sin parar,
suspiro esa extraña oscuridad compuesta por mundanas miserias que se asemejan a mi paz interior. Ignoraba su mirada y toda diminuta humanidad que exhalara con secretismo su cuerpo de sirena,
debo confesar ya en estas instancias sepulcrales y delirantes
que solo me importaban las líneas moldeables de su silueta
sobre la columna de concreto manchada en luz espectral.
Mi corazón también era de concreto, ahora los vicios vistos con estupor,
lamían indefinidamente mi piel hasta pasear por el sendero de fuego que me conducía a ella.
La había concebido de la misma forma pero de manera distinta, era “ella” que estaba frente a mí conduciendo mis deseos por sus antojos corporales, era idéntica y no importaba otro sobrio pensamiento que influyera en mis pasos hacia la subida de unos escalones que parecían infinitamente verticales.
Su dorso semidesnudo era mi ensueño, sus caderas inmersas
en un vaivén natural y descomunal, mantenían dócilmente sus bragas negras.
Era mi diosa terrenal, que se desprendía de los efectos de mis sueños en primavera e invierno.
Una diosa ecléctica que conciliaba con su defecto humano
mi irrisorio amor por la eterna contemplación de una rosa con luz propia
y mí vano esfuerzo por llamar la atención de la belleza envuelta en enigmas y sombras,
que llame amapolas.
Su cuerpo dejo de ser disgusto para mi inquieta imaginación…
estas manos no son mías, estas piernas doloridas tampoco lo son,
su desnudez me privo de muchas cosas.
Su dolor se podía mezclar con el mío mientras se dilataba el engaño
de este ser que suponía jamás sucumbiría al encanto
de un mundo enfermizo enfrascado en su propio vomito.
Cuando mis respiros rozaban sus mejillas y se anclaban en su cuello
para poder acariciar a la musa que ansiaba desde mi infancia,
su desprecio fue vil y sin medidas. Su molestia era evidente, sus quejas un aliciente,
para abandonar la cueva nauseabunda donde el tiempo era también un inconsciente.
En la libertad que me entrega la sociedad por medio de inútiles valores materiales,
pude ahondar, ya sin extrañezas por la tibia oscuridad que me rodeaba
y sin nubarrones de lluvia etílica, en su mirada grisácea.
Yo estuve conciente del mundo, por eso recuerdo el miedo compartido.
Su mirada gris, tan fría como las calles desoladas en las noches de madrugada,
fue el miedo por ser la nausea que nace de sus entrañas
cada vez que mira a su luna de plata
y se va aferrando mas y mas a su recuerdo, a su sueño de felicidad marchita.
Un día en las ojeras de una desencantada primavera
fue suficiente para que su recuerdo de musa impura
se anclara para siempre en la mar angustiosa (e insomne por capricho de la luna)
que es antesala a mis sueños.
Mi corazón de concreto no resistió la verdad de una mentira forjada por la sociedad.
Ella maltrato mi éxtasis de ensueño y yo maltrate su ya agonizante espíritu
y la aleje aun más de su anhelado deseo.
Mis manos surcaron como bestias su herido cuerpo,
mis labios muertos dejaron huellas en su piel.
Ya no era una mujer, solo era un par de piernas y un rostro que volteaba sus ojos hacia la almohada, quizás recordando el destello que la hace humana ante tanta barbarie.
Su recuerdo esta conmigo cuando me desvelo en mi apacible y oscura soledad,
mis noches son suyas al igual que la antesala a mis sueños,
donde nunca mas he vuelto a soñar.
Su mirada gris fue un inolvidable suceso, las musas parecen perder terreno,
las ansias se quedan sin miedos y la añoranza por la belleza errática
se desvanece al pensar solo en un par de piernas,
que no representan la poesía de una diosa fulgurante que duerme en mi subconsciente.
Ella desarmo a mis musas, las dejo sin razones para existir en mi conciencia,
son reales al igual que ella por lo tanto no me pueden ofrecer
la belleza imaginaria que ostentan las diosas de mi creación.
Espero sus nauseas bajo la inmensa luna, guardiana de la fragilidad del mundo.
Su áspera melancolía atragantada en rabias malditas y herejías incendiarias,
espero mi indeseado recuerdo sobre su cama bañada en lágrimas y desamor.
Imagino su cautiverio en las cavernas inflamadas
de grotescas lisonjas que hacen arder las heridas sin cicatrizar.
Imagino su mirada cansada con oscuras ojeras
que delatan el sufrir de su inocente rostro
que alguna vez resplandeció en primavera.
fue suficiente para que su recuerdo de musa impura
se anclara para siempre en la mar angustiosa (e insomne por capricho de la luna)
que es antesala a mis sueños.
Era una tarde espesa, construida por impulsos iracundos de anteanoche
una tarde pordiosera que revestía a la vida en su disgusto y su congoja.
Y allí estaba yo, con los rayos del solo incrustándose en mi espalda,
penetrando la memoria, exacerbando mi deseo imperecedero de noches soledosas.
Aunque la luz aun nos retuviera en su esplendor, la mugre era el sinsabor,
las sombras eran mal disimuladas y se vertían como un charco negro desde las miradas.
Fui tocado por la desmesura de las mentes abandonadas en los albañales,
por las sonrisas forzadas empañadas de sudor y lagrimas.
Fui un triste caminante que percibía el aroma degradante
de unos cadáveres descomponiéndose al sol.
Aun conservo este corazón vacío donde los ajenos sentimientos
se revuelcan sin pena ante mí adusto y comprensible resentimiento
por no ser parte de esa orgia amorosa y desdeñosa que hace eco en mis entrañas.
Anacrónicos consejos de humo y espuma intoxicante que se reparten como dadivas
a la lozanía ensombrecida por su propia inclinación hacia los vaivenes de una vida derruida.
Aquí estoy con las ansias perdidas en algún lugar de mí ser,
sin la necesidad de brillar en medio de tan oscuros entes.
La noche es usurpada de su tiempo y el día aguarda placeres trasnochados
en cavernas de multitudes en desasosiego.
Ninfas de cuero y ademanes burlescos invaden la poca conciencia del burdo público,
entre silencios cómplices y propinas insuficientes para lo que se degustaba,
iban y venían rostros distintos pero sin cambiar la mirada perdida
entre los vapores del tabaco y el alcohol. Era una mirada seca que se fijaba en la noche artificial
y buscaba alguna abertura en ese manto negruzco de repugnante realidad,
buscando recordar el pequeño instante de felicidad y hacerlo atemporal,
aferrándote a tu sueño que dejo de ser recuerdo, que dejo de ser tuyo,
para llorar en las noches por la lejanía invariable de un espejismo maltrecho.
Alucino dentro de un vaso de cristal y mientras me ahogo voy bebiendo sin parar,
suspiro esa extraña oscuridad compuesta por mundanas miserias que se asemejan a mi paz interior. Ignoraba su mirada y toda diminuta humanidad que exhalara con secretismo su cuerpo de sirena,
debo confesar ya en estas instancias sepulcrales y delirantes
que solo me importaban las líneas moldeables de su silueta
sobre la columna de concreto manchada en luz espectral.
Mi corazón también era de concreto, ahora los vicios vistos con estupor,
lamían indefinidamente mi piel hasta pasear por el sendero de fuego que me conducía a ella.
La había concebido de la misma forma pero de manera distinta, era “ella” que estaba frente a mí conduciendo mis deseos por sus antojos corporales, era idéntica y no importaba otro sobrio pensamiento que influyera en mis pasos hacia la subida de unos escalones que parecían infinitamente verticales.
Su dorso semidesnudo era mi ensueño, sus caderas inmersas
en un vaivén natural y descomunal, mantenían dócilmente sus bragas negras.
Era mi diosa terrenal, que se desprendía de los efectos de mis sueños en primavera e invierno.
Una diosa ecléctica que conciliaba con su defecto humano
mi irrisorio amor por la eterna contemplación de una rosa con luz propia
y mí vano esfuerzo por llamar la atención de la belleza envuelta en enigmas y sombras,
que llame amapolas.
Su cuerpo dejo de ser disgusto para mi inquieta imaginación…
estas manos no son mías, estas piernas doloridas tampoco lo son,
su desnudez me privo de muchas cosas.
Su dolor se podía mezclar con el mío mientras se dilataba el engaño
de este ser que suponía jamás sucumbiría al encanto
de un mundo enfermizo enfrascado en su propio vomito.
Cuando mis respiros rozaban sus mejillas y se anclaban en su cuello
para poder acariciar a la musa que ansiaba desde mi infancia,
su desprecio fue vil y sin medidas. Su molestia era evidente, sus quejas un aliciente,
para abandonar la cueva nauseabunda donde el tiempo era también un inconsciente.
En la libertad que me entrega la sociedad por medio de inútiles valores materiales,
pude ahondar, ya sin extrañezas por la tibia oscuridad que me rodeaba
y sin nubarrones de lluvia etílica, en su mirada grisácea.
Yo estuve conciente del mundo, por eso recuerdo el miedo compartido.
Su mirada gris, tan fría como las calles desoladas en las noches de madrugada,
fue el miedo por ser la nausea que nace de sus entrañas
cada vez que mira a su luna de plata
y se va aferrando mas y mas a su recuerdo, a su sueño de felicidad marchita.
Un día en las ojeras de una desencantada primavera
fue suficiente para que su recuerdo de musa impura
se anclara para siempre en la mar angustiosa (e insomne por capricho de la luna)
que es antesala a mis sueños.
Mi corazón de concreto no resistió la verdad de una mentira forjada por la sociedad.
Ella maltrato mi éxtasis de ensueño y yo maltrate su ya agonizante espíritu
y la aleje aun más de su anhelado deseo.
Mis manos surcaron como bestias su herido cuerpo,
mis labios muertos dejaron huellas en su piel.
Ya no era una mujer, solo era un par de piernas y un rostro que volteaba sus ojos hacia la almohada, quizás recordando el destello que la hace humana ante tanta barbarie.
Su recuerdo esta conmigo cuando me desvelo en mi apacible y oscura soledad,
mis noches son suyas al igual que la antesala a mis sueños,
donde nunca mas he vuelto a soñar.
Su mirada gris fue un inolvidable suceso, las musas parecen perder terreno,
las ansias se quedan sin miedos y la añoranza por la belleza errática
se desvanece al pensar solo en un par de piernas,
que no representan la poesía de una diosa fulgurante que duerme en mi subconsciente.
Ella desarmo a mis musas, las dejo sin razones para existir en mi conciencia,
son reales al igual que ella por lo tanto no me pueden ofrecer
la belleza imaginaria que ostentan las diosas de mi creación.
Espero sus nauseas bajo la inmensa luna, guardiana de la fragilidad del mundo.
Su áspera melancolía atragantada en rabias malditas y herejías incendiarias,
espero mi indeseado recuerdo sobre su cama bañada en lágrimas y desamor.
Imagino su cautiverio en las cavernas inflamadas
de grotescas lisonjas que hacen arder las heridas sin cicatrizar.
Imagino su mirada cansada con oscuras ojeras
que delatan el sufrir de su inocente rostro
que alguna vez resplandeció en primavera.
sábado, 17 de julio de 2010
Adieu
Adieu al paño húmedo que me cubría cuando tenía frío,
a la luz intermitente que iluminaba escasamente mis amarillos dientes.
A los testarudos nocturnos que se adherían a mis incoloras piernas
y succionaban sin parar en una noche eterna.
Adieu, a las pequeñas cosas, a la comida indeseada por mi paladar
pero única y necesaria para mi estomago y mis manos.
Adieu a los amantes del lado, que en medianoche hacían que sus besos calidos
se introdujeran amablemente en mis desolados sueños.
A los eternos pasillos que jamás fueron decorados en décadas.
A mi adorable can que nunca pude acariciar.
Me despido de los amores ambulantes de esos jóvenes andantes
que despiden de sus poros un amor embelesante.
Adieu, con mi mas sentido pesar a mi espejo manchado, de tantos años lacerando
mas allá de mi razón, mas allá de mi ser, dando forma a mi imaginación.
Adieu a las fosas del recuerdo instaladas debajo de mi colchón.
A los aromas pasajeros que han cubierto mi almohadón
y solo me refiero a las pocas mujeres que confiaron inocentemente
en mi temporalmente aguda razón,
y obviamente dejaron sus huellas frescas en mis sabanas al huir despavoridas
por enfrentarse a mi deshumana imaginación.
También le digo adieu a mis cortos sueños que me presentaban solo el umbral
de una deliciosa locura como un plan de acción que yo refinaría en mi profunda desazón
para poder matar a mi desgastada realidad
con los finos puñales de una conciencia de ensueño.
Adieu a la música clásica que necesita ser contemplada con suma atención
para sentirla dentro de ti, es como una hermosa mujer que mientras te mira sin vacilación,
destila de su belleza incomparable, melodías.
Y si sus miradas se cruzan por un largo tiempo,
podrás sentir el amor de ella haciendo nido en tu corazón.
Y como olvidar las noches que se estiraban para durar semanas,
a ellas lamentablemente les digo adieu, noches de emociones entremezcladas donde la música,
las mujeres y los pequeños seres impávidos que comparten este hogar conmigo,
nos enredamos, nos fusionamos y nos morimos por el amor en un breve instante.
Sin menospreciar a mi inseparable magia blanca; le digo adieu a la magnifica droga
que significo este lugar tan golpeado y humillado por mi incontrolable ira.
Adieu al temor por esas “insignificantes cosas”, al miedo por los colmillos de mi mascota,
por los colmillos de la sociedad.
Adieu al increíble miedo por la incandescente luz que irradian las personas en su “juicio moral” al subyugar mi libertad.
Adieu al miedo asesino que produjo tu belleza en mí…
Adieu a la noble ciudad, a la oscura partitura de mi particular andar.
Adieu al cielo escarlata que siempre estuvo nublado y llorando por mi.
Adieu al frío vacío que se apodero de mí y que nunca te hizo daño a ti.
Adieu a la vida misma que no supo atarme de buena manera por eso hoy les digo adieu,
sin las ganas de siempre con el encanto de ahora.
a la luz intermitente que iluminaba escasamente mis amarillos dientes.
A los testarudos nocturnos que se adherían a mis incoloras piernas
y succionaban sin parar en una noche eterna.
Adieu, a las pequeñas cosas, a la comida indeseada por mi paladar
pero única y necesaria para mi estomago y mis manos.
Adieu a los amantes del lado, que en medianoche hacían que sus besos calidos
se introdujeran amablemente en mis desolados sueños.
A los eternos pasillos que jamás fueron decorados en décadas.
A mi adorable can que nunca pude acariciar.
Me despido de los amores ambulantes de esos jóvenes andantes
que despiden de sus poros un amor embelesante.
Adieu, con mi mas sentido pesar a mi espejo manchado, de tantos años lacerando
mas allá de mi razón, mas allá de mi ser, dando forma a mi imaginación.
Adieu a las fosas del recuerdo instaladas debajo de mi colchón.
A los aromas pasajeros que han cubierto mi almohadón
y solo me refiero a las pocas mujeres que confiaron inocentemente
en mi temporalmente aguda razón,
y obviamente dejaron sus huellas frescas en mis sabanas al huir despavoridas
por enfrentarse a mi deshumana imaginación.
También le digo adieu a mis cortos sueños que me presentaban solo el umbral
de una deliciosa locura como un plan de acción que yo refinaría en mi profunda desazón
para poder matar a mi desgastada realidad
con los finos puñales de una conciencia de ensueño.
Adieu a la música clásica que necesita ser contemplada con suma atención
para sentirla dentro de ti, es como una hermosa mujer que mientras te mira sin vacilación,
destila de su belleza incomparable, melodías.
Y si sus miradas se cruzan por un largo tiempo,
podrás sentir el amor de ella haciendo nido en tu corazón.
Y como olvidar las noches que se estiraban para durar semanas,
a ellas lamentablemente les digo adieu, noches de emociones entremezcladas donde la música,
las mujeres y los pequeños seres impávidos que comparten este hogar conmigo,
nos enredamos, nos fusionamos y nos morimos por el amor en un breve instante.
Sin menospreciar a mi inseparable magia blanca; le digo adieu a la magnifica droga
que significo este lugar tan golpeado y humillado por mi incontrolable ira.
Adieu al temor por esas “insignificantes cosas”, al miedo por los colmillos de mi mascota,
por los colmillos de la sociedad.
Adieu al increíble miedo por la incandescente luz que irradian las personas en su “juicio moral” al subyugar mi libertad.
Adieu al miedo asesino que produjo tu belleza en mí…
Adieu a la noble ciudad, a la oscura partitura de mi particular andar.
Adieu al cielo escarlata que siempre estuvo nublado y llorando por mi.
Adieu al frío vacío que se apodero de mí y que nunca te hizo daño a ti.
Adieu a la vida misma que no supo atarme de buena manera por eso hoy les digo adieu,
sin las ganas de siempre con el encanto de ahora.
Feliz Aniversario...
Toco su puerta y se que no esta, la imagino en estas horas febriles empleando su ilimitado talento para resolver los embrollos cotidianos de la problemáticamente incansable ciudad.
Admiro y suspiro frente a su puerta de fresca madera, detallando y recordando primeros besos ante el umbral de su fructífera vida.
Mi sonrisa risueña me delata frente a sus vecinos espías que entrecierran persianas y cortinas
con sus ojos curiosos señalándome profundamente como un deseado intruso en sus desdichadas vidas. Saco mis llaves y entro, respiro hondamente para poder capturar los retazos de su perfume que se ha disgregado desde la mañana.
Cuantos indescriptibles efectos producen en mi cuerpo, el rememorar los meses, los días y los segundos de entrecruzadas miradas poseídas por cada diminuto rincón de nuestra amada casa.
Hoy en mi trabajo no me echaran de menos, este día es nuestro y se lo dedicare por completo.
Mientras limpio y ordeno entrañables cosas nacidas como versos de nuestro amor sincero,
siento estar aturdido por la inevitable remembranza que atina directamente en mi corazón de algodón. Me siento en el sofá ahogado en cristalina felicidad viendo frente a mí la resistente mesita donde esta la foto de nuestro primer aniversario y más arriba en la pared rosa, el largo espejo que me regala el recuerdo de su espalda desnuda en nuestra primera cita.
Esa dilatada noche donde las estrellas concurrían incandescentes sobre nuestro camino, nos encontró fulgurantes e inseparables, unidos de la mano en vanidad y pensamiento. Al estar dentro por vez primera en esta casa, el remolino de deseo ya era incontrolable para los dos.
Desatándonos de nuestras amarras morales y convencionales que detenían nuestros impulsos mas puros y naturales en aquella tarde. Deseo que se asentó con convicción desde el primer miramiento y su respectivo gesto alusivo.
Atados por el hambre carnal que desvivía nuestros aposentos de orgásmico volcán
la lleve por encima de esa frágil mesa de madera y la ame como si el último crepúsculo se cerniera sobre este mundo, su hermoso dorso desnudo se reflejaba perfectamente en ese inmenso espejo de bordes de madera y la seguí amando toda la noche, todo este tiempo y en diferentes lugares.
En mi embeleso de felicidad de ensueño oigo abrirse la puerta y me extraño por que es muy temprano para que llegue de su trabajo pero no pude levantarme del sofá
cuando la puerta se abrió y se cerró torpemente dejando entrar a violeta abrazada fuerte y toscamente con un hombre de tez oscura y envidiable musculatura, ellos dos unidos parecían un remolino tan concentrados en sus ataduras y en cada parte de sus cuerpos que no se percataron de mi presencia taciturna ni de los arreglos hechos con esmero que significarían una sorpresa.
La pasión de ellos dos era comparable como aquel primer día en que violeta y yo nos conocimos en su trabajo, tan distintos y necesitados el uno al otro.
Violeta apoyo sus manos sobre nuestra frágil pero resistente mesita estaba tan apasionada que aun no podía abrir los ojos, mientras el indecible hombre de piel oscura y de carnes corpulentas la desvestía y se aferraba a ella, subiéndole la falda y bajándole las bragas, a veces parecía que el la hacia desaparecer por su gran tamaño, cuando daba sus ultimas embestidas hacia el delicado cuerpo de Violeta, gimiendo, sudando y exclamando ella levanto la mirada viendo el espejo, viéndome a mi y yo a ella.
Antes de que pronunciara palabra alguna y luego de que el placer se esfumara en un santiamén, le dije con la esencia de la felicidad que se dibujaba en mi rostro, ya agotada pero al fin sonrisa desdibujada, feliz aniversario…
Admiro y suspiro frente a su puerta de fresca madera, detallando y recordando primeros besos ante el umbral de su fructífera vida.
Mi sonrisa risueña me delata frente a sus vecinos espías que entrecierran persianas y cortinas
con sus ojos curiosos señalándome profundamente como un deseado intruso en sus desdichadas vidas. Saco mis llaves y entro, respiro hondamente para poder capturar los retazos de su perfume que se ha disgregado desde la mañana.
Cuantos indescriptibles efectos producen en mi cuerpo, el rememorar los meses, los días y los segundos de entrecruzadas miradas poseídas por cada diminuto rincón de nuestra amada casa.
Hoy en mi trabajo no me echaran de menos, este día es nuestro y se lo dedicare por completo.
Mientras limpio y ordeno entrañables cosas nacidas como versos de nuestro amor sincero,
siento estar aturdido por la inevitable remembranza que atina directamente en mi corazón de algodón. Me siento en el sofá ahogado en cristalina felicidad viendo frente a mí la resistente mesita donde esta la foto de nuestro primer aniversario y más arriba en la pared rosa, el largo espejo que me regala el recuerdo de su espalda desnuda en nuestra primera cita.
Esa dilatada noche donde las estrellas concurrían incandescentes sobre nuestro camino, nos encontró fulgurantes e inseparables, unidos de la mano en vanidad y pensamiento. Al estar dentro por vez primera en esta casa, el remolino de deseo ya era incontrolable para los dos.
Desatándonos de nuestras amarras morales y convencionales que detenían nuestros impulsos mas puros y naturales en aquella tarde. Deseo que se asentó con convicción desde el primer miramiento y su respectivo gesto alusivo.
Atados por el hambre carnal que desvivía nuestros aposentos de orgásmico volcán
la lleve por encima de esa frágil mesa de madera y la ame como si el último crepúsculo se cerniera sobre este mundo, su hermoso dorso desnudo se reflejaba perfectamente en ese inmenso espejo de bordes de madera y la seguí amando toda la noche, todo este tiempo y en diferentes lugares.
En mi embeleso de felicidad de ensueño oigo abrirse la puerta y me extraño por que es muy temprano para que llegue de su trabajo pero no pude levantarme del sofá
cuando la puerta se abrió y se cerró torpemente dejando entrar a violeta abrazada fuerte y toscamente con un hombre de tez oscura y envidiable musculatura, ellos dos unidos parecían un remolino tan concentrados en sus ataduras y en cada parte de sus cuerpos que no se percataron de mi presencia taciturna ni de los arreglos hechos con esmero que significarían una sorpresa.
La pasión de ellos dos era comparable como aquel primer día en que violeta y yo nos conocimos en su trabajo, tan distintos y necesitados el uno al otro.
Violeta apoyo sus manos sobre nuestra frágil pero resistente mesita estaba tan apasionada que aun no podía abrir los ojos, mientras el indecible hombre de piel oscura y de carnes corpulentas la desvestía y se aferraba a ella, subiéndole la falda y bajándole las bragas, a veces parecía que el la hacia desaparecer por su gran tamaño, cuando daba sus ultimas embestidas hacia el delicado cuerpo de Violeta, gimiendo, sudando y exclamando ella levanto la mirada viendo el espejo, viéndome a mi y yo a ella.
Antes de que pronunciara palabra alguna y luego de que el placer se esfumara en un santiamén, le dije con la esencia de la felicidad que se dibujaba en mi rostro, ya agotada pero al fin sonrisa desdibujada, feliz aniversario…
miércoles, 16 de junio de 2010
Soledad Redudante

Diáfana soledad, últimamente odio despertar con el frío de tus abrazos ahogándome en silencio.
Imploro desde muy dentro a los que rodean mi cuerpo descompuesto
a que desplacen tu inquietante presencia para no sentirme perseguido por un agujero negro,
que va tragándose todo lo que mis ojos quieren y luego añoran con un llanto nocturno.
¡Soledad eres tan mía y a la vez soy tan tuyo! que nadie puede abandonar al otro,
he sabido sobreponerme a tus amarguras de medianoche, donde siento que tus heladas manos apretujan sin sentimiento alguno mi corazón de destiladas amapolas.
Oh soledad, contemplo tus horas de noche sin luna, tu ciudad muerta de hombres sin ruta,
contemplo el silencio espeso a mi alrededor, y se que no estoy solo porque siempre estarás tu,
curando mis heridas producto de tus látigos inclementes…
Insomnes transcurrimos tu mundo de indiferente oscuridad.
Cuando apagamos las luces y Piazzolla o Paganini avivan nuestra carne,
las sombras caen como lonjas de la nada y se adhieren a mis huesos.
Agonizando sin remedio pero siempre contigo soledad.
Cuando el sol incipiente se encarama por mi pequeña ventana,
soledad duerme y yo espero que sueñe para poder sobrevivir a otra noche junto a ella.
Sueño el horizonte sin soledad, junto a musas momentáneas
de viejas cartas que me acompañan en mí transitar.
Hay veces en que la extraño pero pienso en su volátil actuar,
en su dulce melancolía que comparte hasta la agonía.
Hoy sueño con ellas, diosas silentes que en el día, soledad no me dejo recordar.
Amo la felicidad de su belleza lozana, de su gesto altivo que oculta a su enigmática soledad.
Eres tu soledad, la hermosura que se desborda en mis anhelos de banales sueños.
Eres tú el frío, la sombra y el amado silencio que he moldeado en ellos.
Imploro desde muy dentro a los que rodean mi cuerpo descompuesto
a que desplacen tu inquietante presencia para no sentirme perseguido por un agujero negro,
que va tragándose todo lo que mis ojos quieren y luego añoran con un llanto nocturno.
¡Soledad eres tan mía y a la vez soy tan tuyo! que nadie puede abandonar al otro,
he sabido sobreponerme a tus amarguras de medianoche, donde siento que tus heladas manos apretujan sin sentimiento alguno mi corazón de destiladas amapolas.
Oh soledad, contemplo tus horas de noche sin luna, tu ciudad muerta de hombres sin ruta,
contemplo el silencio espeso a mi alrededor, y se que no estoy solo porque siempre estarás tu,
curando mis heridas producto de tus látigos inclementes…
Insomnes transcurrimos tu mundo de indiferente oscuridad.
Cuando apagamos las luces y Piazzolla o Paganini avivan nuestra carne,
las sombras caen como lonjas de la nada y se adhieren a mis huesos.
Agonizando sin remedio pero siempre contigo soledad.
Cuando el sol incipiente se encarama por mi pequeña ventana,
soledad duerme y yo espero que sueñe para poder sobrevivir a otra noche junto a ella.
Sueño el horizonte sin soledad, junto a musas momentáneas
de viejas cartas que me acompañan en mí transitar.
Hay veces en que la extraño pero pienso en su volátil actuar,
en su dulce melancolía que comparte hasta la agonía.
Hoy sueño con ellas, diosas silentes que en el día, soledad no me dejo recordar.
Amo la felicidad de su belleza lozana, de su gesto altivo que oculta a su enigmática soledad.
Eres tu soledad, la hermosura que se desborda en mis anhelos de banales sueños.
Eres tú el frío, la sombra y el amado silencio que he moldeado en ellos.
sábado, 5 de junio de 2010
¿Como estás?
¿Cómo estas? Es una pregunta que creo debe ser agradable de escuchar
cuando estas a mi lado me he sentido tentado por preguntar
cierro los ojos y aspiro inútilmente tu belleza por medio de mi vanos sueños
mi espíritu se encierra en su jaula de fuego por ser tan difícil acercarme a tus cabellos
que se ondulan y se mueven armoniosos por el viento, perfumando la brisa sedosa que se mece placentera en cada detalle de tu cuerpo.
Siento que respiro cerezas, siento el umbral del paraíso a unos pasos y cuando abro los ojos, choco contra un muro de concreto levantado hasta los cielos. Se que he sido participe de su belleza amalgamada en miradas tristes, que buscan la realidad evocada en los amaneceres que incineran los sueños mas bellos y estos por su alto grado de maravillosa cuasi perfección, provocan el deseo de la noche imperecedera impregnada de la mas pura belleza.
Siempre he estado surcando sus fronteras de irremediable invulnerabilidad, soy parte de un laborioso público que admira y aplaude con tristeza y placer, pensando en la lejanía del espacio sideral donde se alojan tus ojos que me proveen de diminutos destellos para sobrevivir a la quietud inmoral.
Soy parte de la vulgar multitud que espera con las extremidades amputadas,
sentir tu sonrisa brillar; aunque sea un gesto que otro sepa aprovechar,
consumiendo tus años, ignorando tu venerabilidad
y maltratando tu piel con un áspero amor de miel artificial,
de rosas plásticas que violan y contaminan tu pedestal.
Tú eres mi diosa con jardines de amapolas, con una gracia atemporal que desvirtúa el divino crepúsculo exhalado por el inefable tiempo.
Tú eres belleza incontrolable, nacida en una noche palpable de estrellas vibrantes, tú eres el eterno resplandor de una primavera inolvidable incrustada con un gusto interminable en mi recuerdo de soledad infranqueable.
Despierto y sueño, ahora se perfectamente como estas y te quiero así, idéntica, sin lagrimas ni sonrisas demás. Te quiero sin duda alguna, aunque no quieras verme más.
cuando estas a mi lado me he sentido tentado por preguntar
cierro los ojos y aspiro inútilmente tu belleza por medio de mi vanos sueños
mi espíritu se encierra en su jaula de fuego por ser tan difícil acercarme a tus cabellos
que se ondulan y se mueven armoniosos por el viento, perfumando la brisa sedosa que se mece placentera en cada detalle de tu cuerpo.
Siento que respiro cerezas, siento el umbral del paraíso a unos pasos y cuando abro los ojos, choco contra un muro de concreto levantado hasta los cielos. Se que he sido participe de su belleza amalgamada en miradas tristes, que buscan la realidad evocada en los amaneceres que incineran los sueños mas bellos y estos por su alto grado de maravillosa cuasi perfección, provocan el deseo de la noche imperecedera impregnada de la mas pura belleza.
Siempre he estado surcando sus fronteras de irremediable invulnerabilidad, soy parte de un laborioso público que admira y aplaude con tristeza y placer, pensando en la lejanía del espacio sideral donde se alojan tus ojos que me proveen de diminutos destellos para sobrevivir a la quietud inmoral.
Soy parte de la vulgar multitud que espera con las extremidades amputadas,
sentir tu sonrisa brillar; aunque sea un gesto que otro sepa aprovechar,
consumiendo tus años, ignorando tu venerabilidad
y maltratando tu piel con un áspero amor de miel artificial,
de rosas plásticas que violan y contaminan tu pedestal.
Tú eres mi diosa con jardines de amapolas, con una gracia atemporal que desvirtúa el divino crepúsculo exhalado por el inefable tiempo.
Tú eres belleza incontrolable, nacida en una noche palpable de estrellas vibrantes, tú eres el eterno resplandor de una primavera inolvidable incrustada con un gusto interminable en mi recuerdo de soledad infranqueable.
Despierto y sueño, ahora se perfectamente como estas y te quiero así, idéntica, sin lagrimas ni sonrisas demás. Te quiero sin duda alguna, aunque no quieras verme más.
viernes, 4 de junio de 2010
Amargura
El incienso intenso me despierta sin alteraciones, aun no se si es de día, mi pies descalzos se confunden entre si y caigo torpemente; no comprendo las formas de mi nuevo hogar pero no temo por que el abismo ya lo conozco y no lo siento como algo frío o lacerante, al contrario mi soledad nunca ha enfermado y me ha abandonado.
Me mantengo tan apegado a lo que soy, que no necesito de algún inútil fulgor que separe mí imaginación de las sombras que me sirven de sabanas cuando la brisa gélida sopla desde la lejanía maldita de las voces ruínes y tediosas.
El agua corre profusamente a mi izquierda, siento la frescura de sus gotas salpicando y removiendo el lodo de mi rostro, mis manos impacientes rápidamente se bañan de ese manantial de dios, ignorando el ardor de las frescas cicatrices que dibujan grotescas estrellas en ellas. Que haces cuando puedes sentir su calor y su abrigo pero no le puedes reconocer ni agradecer…siempre ha estado allí, los años me ayudaron a conocerlos y probar desde sus emanaciones el matiz que se desplaza por sus siluetas apaleadas.
Pero lo obvio llego muy temprano, y acabo con el resplandor que me alimentaba,
que sacudía mi cuerpo para revivirlo en los días donde el frío de mi escondite me aletargaba.
Pasó la noche y ellos no han vuelto,
han despegado para sentirse perfectos
dejándome a mí en el recuerdo
de un lugar moribundo
que están olvidando sin esfuerzo.
Me obsequiaron sus lagrimas carentes de sal en su rápida huída, también un ser vivo que no respira en el centro de mi cama, para guiar mi destino en un oscuro cuarto que ya no posee ventanas ni puerta de salida. Era un pajarito muerto en mis manos que no concibo, en mi olfato de animal salvaje, frente a mis ojos sellados por una cicatriz repugnante.
Me mantengo tan apegado a lo que soy, que no necesito de algún inútil fulgor que separe mí imaginación de las sombras que me sirven de sabanas cuando la brisa gélida sopla desde la lejanía maldita de las voces ruínes y tediosas.
El agua corre profusamente a mi izquierda, siento la frescura de sus gotas salpicando y removiendo el lodo de mi rostro, mis manos impacientes rápidamente se bañan de ese manantial de dios, ignorando el ardor de las frescas cicatrices que dibujan grotescas estrellas en ellas. Que haces cuando puedes sentir su calor y su abrigo pero no le puedes reconocer ni agradecer…siempre ha estado allí, los años me ayudaron a conocerlos y probar desde sus emanaciones el matiz que se desplaza por sus siluetas apaleadas.
Pero lo obvio llego muy temprano, y acabo con el resplandor que me alimentaba,
que sacudía mi cuerpo para revivirlo en los días donde el frío de mi escondite me aletargaba.
Pasó la noche y ellos no han vuelto,
han despegado para sentirse perfectos
dejándome a mí en el recuerdo
de un lugar moribundo
que están olvidando sin esfuerzo.
Me obsequiaron sus lagrimas carentes de sal en su rápida huída, también un ser vivo que no respira en el centro de mi cama, para guiar mi destino en un oscuro cuarto que ya no posee ventanas ni puerta de salida. Era un pajarito muerto en mis manos que no concibo, en mi olfato de animal salvaje, frente a mis ojos sellados por una cicatriz repugnante.
miércoles, 2 de junio de 2010
Costumbre

Un haz de luz la aparto de las demás
su sonrisa evoca primaveras en pleno invierno
y yo lamento este incontrolable manojo de nervios
que me hunde en la tierra enlodada por la inclemente lluvia
Como una imagen desenfocada de la realidad
rechazo el tumulto abrumado en su camuflada precariedad
te hallo a ti tan pulcra y agraciada por encima de la regla ornamental
bañada en resplandores esotéricos,
su sonrisa evoca primaveras en pleno invierno
y yo lamento este incontrolable manojo de nervios
que me hunde en la tierra enlodada por la inclemente lluvia
Como una imagen desenfocada de la realidad
rechazo el tumulto abrumado en su camuflada precariedad
te hallo a ti tan pulcra y agraciada por encima de la regla ornamental
bañada en resplandores esotéricos,
eres una aurora que jamás me ofuscara
Consigo que la nostalgia de tus ojos
acaricien el temor de mi corazón derruidoConsigo que la nostalgia de tus ojos
somos dos entes detenidos
en la inercia cancerosa que marchita al universo
no se si el frío que desprende mi oscura melancolía,
traiga tempestad a tu excelso cielo.
Siento peligrar mi sueño al estar tan cerca de el,
puedo arriesgarme y morir en segundos
estando junto a ti, aunque el amor
no se si el frío que desprende mi oscura melancolía,
traiga tempestad a tu excelso cielo.
Siento peligrar mi sueño al estar tan cerca de el,
puedo arriesgarme y morir en segundos
estando junto a ti, aunque el amor
dure un soplo de efímera contradicción
al consumar mi deseo y verte caer en mis brazos,
ceñida por la abulia de mi eterno ocaso.
Desearía contar en este momento
al consumar mi deseo y verte caer en mis brazos,
ceñida por la abulia de mi eterno ocaso.
Desearía contar en este momento
de absurda cotidianidad con una señal
un siglo entero de falsas convicciones
colmo este segundo donde tu mirada me esclavizo.
Dude, como usualmente lo hago
de la belleza diáfana que se antepone a lo rutinario.
Quizás yo fui la alborada que ella admiraba
mientras desenredaba sus labios.
La estrella faltante que expele luz u oscuridad,
esa que nos convierte en un dios terrenal.
Haciendo de nuestro sendero
un templo en movimiento de la anhelada felicidad.
Paso un irradiante segundo de una miserable vida,
la belleza es tan querida que abusa de su ingravidez
en nuestra imaginación herida.
Ella volvió a ser la estatua de yeso con la mirada a los cielos,
exaltada por la muchedumbre intrascendente y lisonjera
que creen compartir ciertos rasgos con ella,
transformándose así en semidioses sinvergüenzas.
un siglo entero de falsas convicciones
colmo este segundo donde tu mirada me esclavizo.
Dude, como usualmente lo hago
de la belleza diáfana que se antepone a lo rutinario.
Quizás yo fui la alborada que ella admiraba
mientras desenredaba sus labios.
La estrella faltante que expele luz u oscuridad,
esa que nos convierte en un dios terrenal.
Haciendo de nuestro sendero
un templo en movimiento de la anhelada felicidad.
Paso un irradiante segundo de una miserable vida,
la belleza es tan querida que abusa de su ingravidez
en nuestra imaginación herida.
Ella volvió a ser la estatua de yeso con la mirada a los cielos,
exaltada por la muchedumbre intrascendente y lisonjera
que creen compartir ciertos rasgos con ella,
transformándose así en semidioses sinvergüenzas.
domingo, 30 de mayo de 2010
Belleza en fragmentos 14F.

Sobre rosas desgastadas con pétalos que ya no perfuman
Sobre cajas vacías que contenían formas lejanas
Sobre cajas vacías que contenían formas lejanas
y suspiros sabor a recuerdo ajeno
Sobre mis cartas de poesía barata, de líneas imprecisas
que no le hacían ningún favor a mis ojos.
Sobre mi corazón de cristal estas acostada
y juegas con el hasta que pierde su brillo prestado.
Sobre la basura que se amontono en tu habitación
Sobre la basura que se amontono en tu habitación
cuando dejaste que la primavera siguiera viva
hasta que el sentido de tus labios ya no me aguardara sonrisas.
Y me pregunto ¿que haces allí, en tu cama; envolviéndote con mis entrañas?
Y noto que siempre he sido redundante con lo que sentimos el uno por el otro.
Transformo los días en noches y viceversa,
afectado por el tiempo risible que se enorgullece por ser yo
el naufrago en una corriente de humana naturalidad.
Me entristece sinceramente la soledad silente que no encuentra juicio
en la belleza de un mundo abandonado pero que jamás ha sido desunido.
Puedo asentarme en una nube transparente tragando sorbos de aire puro,
escuchando el ronroneo de una luna durmiente.
Sentir a la estrellas crepitar mientras hablan sobre mi toda la noche.
Soledad sin enigmas, soledad viva y compartida con el éter de la sociedad.
El vacío a mis espaldas es señal de que aun sigo vivo y, solo.
Permanezco suspendido y extrañamente respiro
para saber que aun existo y para despertar de sus penurias
al solapado tiempo reavivando mi muerte aletargada.
Detallo por medio de tus inasibles ojos los fragmentos de mi existencia.
Cada ocaso que nace en mi cuerpo y ensombrece tu ser.
Cada sollozo surgiendo en su rostro y cada lágrima atravesando mi sien.
Algo transita por nuestros desolados caminos,
acortando la distancia infinita que los dos nos dimos.
Hay algo además de nosotros, estimulando el deseo muerto
atrayendo tus ojos inertes poseídos por el crepúsculo
de una despedida forzada por un ente transgresor.
Algo que atina intratablemente a resucitar la belleza fragmentada de tu corazón.
Hay algo imperceptible en este desierto que compartimos,
algo que sobresalta de nosotros mismos.
Que sin notarlo ha confabulado para unir nuestros destinos,
y aquí nos tiene debajo de un cielo vacío,
de un horizonte forjado por las brasas de dios.
Ha culminado por el día de hoy, su tiempo de morir
y volver a nacer capturo nuestro adiós.
“Estamos solos” y la soledad es un estruendo que no sentimos,
el silencio secuestra nuestros parpados y la quietud de la naturaleza
contempla nuestras miradas inequívocas adentrándonos hacia el recuerdo
del amor que nos hizo realidad. Amo ser amado por tus caricias inconclusas,
por el refugio que me ofrecen tus ojos en mi imaginario
cuando la realidad pierde el deseo de amar y yo te pierdo a ti.
El amor es real y los lugares son eternas praderas,
El amor es real y los lugares son eternas praderas,
las lisuras son besos reprimidos
y la muerte no es inconveniente para permanecer junto a ti, siempre.
Nada cambiara mi mundo, las sombras que me suelen acompañar de madrugada
junto a la infinita imaginación que se reproduce incansable desde un punto muerto
y la locura desorbitada por razones mundanas
son reducidas por la dulzura de tu sonrisa, solo una de ellas...
tal vez en mediodía.
Un detalle, un gesto, un fragmento de tu belleza transforma mi mundo.
miércoles, 26 de mayo de 2010
V. Encanto

Veneno es lo que degusto en su saliva.
Ese veneno que se me antoja una vez mas,
discurriéndose en su boca circular.
Se entumece mi cuerpo y apenas siento sus dedos como sanguijuelas
hundiéndose, absorbiéndome hasta los huesos.
Las luces tenues de tonos promiscuos
nacen y mueren repentinamente
en los bordes descascarados de su ventana de cristal.
En una noche cualquiera como esta; psicodélica,
de vehículos sin destino que conducen mis delirios taciturnos
a través de un camino cimentado en sonrisas narcóticas,
con el vapor de la exasperación hirviendo
en las miradas cansadas de madrugada nostálgica.
Con las centellas iracundas del alba
desgarrando mi espalda anestesiada
aún por el salvajismo de sus labios henchidos,
huyo del deseo instantáneo de remembranza
al sentirme fuera de tu “abrigo”.
Huyo y rehúyo del anhelo fogoso que se dispara,
desbaratando mi organismo
al reconstruir tus gemidos desmedidos
salpicados por mi locura de éxtasis nocturna.
Pienso y dejo de pensar, la transparencia espesa de mi conciencia
hace de la racionalidad una visión difusa
que se debate entre la muerte y la duda;
mientras mi instinto animal va in crescendo
y aborrece la idea de dejarla partir.
Herido por así decirlo, tocado por el afilado marfil
que rasguño mí mundo irreal;
por cada mordisco de humanidad que desprendía grandes tajos
de mi sensibilidad en desuso.
Rodé por el albañal de dioses ignorados
aprendíces marginados del cetro dorado,
apéndices de una sociedad que cree valerse sola
cuando se atraganta en su artificialidad.
Caí, naufrague y vencí,
me uní a la tímida danza del fuego de medianoche.
Hice lo que consintieron mis magullados rasgos,
como una ramita temblorosa en la tormenta de la hojarasca.
Conducido por los aspectos externos que le dan forma a mi infierno
ya asentado en las bases de mi memoria exacerbada.
Jugué el juego que nunca quise jugar para amansar la tempestad
que amenazaba con encontrarte.
En vano trate de olvidarte,
mis heridas tibias extrañan tu filo volátil.
Vuelvo a tu invariable puerta entreabierta
como si de tus piernas se tratasen,
ya que le temes a la soledad que cura tus desmanes.
Hoy yo estoy aquí, convencido de poder maltratarte.
Ayer estuvo un violador que se arrodillo exhausto
y coloco su cabeza entre tus muslos golpeados
acariciando con sus lágrimas las cicatrices perpetuas
que su padre profirió hasta la muerte
a tu único recuerdo de belleza inmaculada,
un ángel con las alas violentadas.
Mañana estará la ausencia de mí ser,
tu hogar se contagiara con el perfume de mi miedo
al ser incapaz de levantarme por completo el velo.
Un cuervo moribundo rondara tu puerta,
entrara y poseerá tu cama sin recibir condena
arrebatándote de un tajo las penas.
Comerá de tus ojos incendiarios
y dividirá la hermosura de tu cuerpo como ultimo deseo.
martes, 25 de mayo de 2010
Melancolía inducida
Que falta de consistencia la mía.
El pensamiento encumbra tu espíritu lleno de bondad
y a pesar de mi idilio onírico, no te he podido tocar.
Por que no me has permitido completar el ángel que yo admiro.
Engaño el íntimo ideal para satisfacer la efervescencia.
La belleza es inigualable. La belleza ha de ser palpable.
No consigo la poesía que manifiestan tus ojos soñadores
cuando intento amar cada detalle de tu cuerpo incauto.
Yo necesito contemplar cada mañana el rostro de un ángel
para sentir la perennidad circular por mí sangre.
Intento inducirme fantasías que el cielo infinito de tu mirada me brinda.
Pero todo es en vano cuando la luna ilumina tu semblante.
Se muy bien que esa clase de beldad que imploro
contraría las emanaciones simplistas de mi alma.
Yo muero y no persiste el amor de las mentiras.
Soy una empresa fallida así que apresurare mi obsesión.
El hambre es insistente cuando la carne es abundante.
Ignoro sin preocupación la retahíla materialista.
Rechazo flagelar la necesidad que persigue tus ansias carnales .
Desprovisto de ensueños que asombran para languidecer torpemente en la sombra.
Hallo la finitud de la hermosura en tu silueta prodigiosa y tierna.
Única verdad existencial que descose en un santiamén el hilvanar de musas intangibles.
sábado, 22 de mayo de 2010
Improvisación

Es hora de contar tu historia
Sin placeres ni amantes que te dispersen
No creo en tu adiós sin palabras, sin tocarme.
Sé la razón que subyace en tu locura
No vas a morir en tu lejanía de deidad
Aunque tus muslos no me vuelvan hablar
Aunque tu flor deje de retozar sobre mi hiel
Dejo de mirar el reflejo negruzco de mi esencia
Concentro la belleza de tu dorso en el horizonte
Aparezco en el renacer de la noche que fue alguna vez parte de mí
Aplasto violetas minúsculas como si fueran tus hijos
Consigo tu perfume como la añoranza sobre las rocas
Amaso insaciablemente tu cabeza sobre la piedra
Revolcándome en la tierra con tu cuerpo desperdigado
No pudiste de nuestro amor enclavado en la eternidad
Es hora de contar tu historia, violeta enamorada
Relucir tus lágrimas enterradas en el barro de mi sueño
Acariciar la fantasía de tus ojos nocturnos adormecidos en la luna
Venerar cada pedazo por separado de tu cuerpo enigmático
No creo en tus adioses de ninfa solitaria
Creo en la realidad de mis palabras moribundas enquistadas en tu alma
sábado, 10 de abril de 2010
Canción para mi muerte

*
Transeúntes de plata ignoran el vacío
que sus dedos fingidos acarician lentamente.
Una luna sin templo divaga tiernamente
y los muros adustos se corren ciegos
para evitar la poesía que infecta sus entrañas.
*
Entrañas corroídas por el veneno latente
que llueve de los cielos de bruma omnipotente;
oscura y muda de astros muertos y silentes
que auguraban el tiempo del hombre de fuego y sin resacas,
con la mirada aciaga desintegraba la gloria
acunada por héroes sin sangre, sin vida y sin batalla.
*
Funerales sin ataúdes, la soledad exclama con sus gritos secos
sacudiendo las luces de muchedumbres inconexas,
autómatas que se rigen por virtudes sinvergüenzas.
Corazones desperfectos tienen como instinto su defecto.
Esquina tras esquina el eco fulgurante de llama viva
rebotaba en los ladrillos que contienen la ignominia
de una verdad nacida en la mentira.
*
Llegara tardíamente la voluntad de la alborada,
tenues respiros consuman mi desgana
de un brillo que aborrezco por no volverlo a ver.
Ventanas de blancura desgastada, rotas por no dejarlas vivir.
Alucino un final fiero de luchas con heridas,
de llantos sin espinas; de agonía sin resplandores
que inciten a volverme contra mí alma en ruinas.
*
Se descascaran las paredes, mis imágenes igualmente.
Las remembranzas son esos misteriosos jarrones de oriente
que se vuelven añicos trazando mi camino de mediodía
hacia el tiempo funesto de una ciudad incrédula.
*
Las brisas, las hojas; los ademanes burlescos
haciendo de la leña el fuego que aviva estas manos resignadas
en el silencio que es antesala al miedo de morirme
sin remedio, sin destino; con la garganta atada a mis dedos.
*
Me confieso en mi rincón teñido de lágrimas amargas,
hincado en un escalón rudimentario
amasado por sangre y cicatrices que nunca quisieron sanar.
Si fui testigo de la sordera de dios desistiré de la maldita esperanza
que me permite aferrarme al desahogo
de un pecado por el cual reincidiría eternamente.
*
Si no hay pecado sin placer, ni placer sin pecado; no hay vida sin placer.
Abordo mis pecados como íntimos recuerdos
que dejaron raíces mal cortadas
cuando empezaba yo a relucir entre la hierba abandonada.
*
Arrastrare los cielos convulsos de nuevo hacia mi cama
y dormiré con el infierno naciendo en mi entrecejo.
sentiré la brisa en su murmullo pasearse por mi lecho
despertare cuando la muerte se avistada en madrugada.
*
Con mi cuerpo arcaico y descansado
en la postrimería de una estrella jamás vista
se posan cortesías blandas e inauditas
como excusa flamante de su innegable descaro.
*
Amor te he olvidado, no tengo tiempo para tus engaños
aunque estos ojos vislumbren mil ocasos
con mi sonrisa inerte entre tus manos.
El tiempo se ha ido y mi espiritu se ha entregado.
Quemare la tierna poesía que me hizo esclavo
y llorare en silencio, sin lagrimas, sin tu consuelo.
*
Moriré en lo umbrales que desinfectan corazones
en el verde césped derramado extensamente
que antecede a las desesperadas despedidas
de hombres y mujeres que se desperdigan en su hipocresía
*
Soñé una vez no morir jamás
siendo un absurdo hombre surreal, tuve que desertar.
Cansado de ser perseguido y azotado por un arco iris
que nunca fue de mi agrado a pesar de esforzarme
en no bañar de sombras a sus delicadas rosas.
*
Trago las últimas bocanadas de humo
que me sirven cotidianamente las noches nerviosas
de mi vecino, quien filtra sus remordimientos
en decenas de tabacos que aceleran los minutos
de un tiempo taciturno que siempre ha querido asesinarlo.
La medianoche con su misteriosa diosa en vigilia
y el helado manto espectral convierte a los despistados suicidas
en dementes sin alma que vagan por el infierno terrenal.
*
Insomnes inmortales, dibujan en los muros mi carne calcinada.
Forman el averno reverberante sugiriendo desde sus ojos torvos
la presteza de mis actos y en contraste mi semblante sosegado y manso
conciente del fragor inherente de los ángeles negros.
Mi aposento es una solitaria estera, donde piso un profundo fango
y aspiro el hedor de osamentas que me recuerdan a tu apacible bálsamo.
Zumban desde las tinieblas los enjambres podridos de las bestias,
te doy un beso desde esta tierra, fecunda para la cólera de mis noches eternas.
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