domingo, 30 de mayo de 2010

Belleza en fragmentos 14F.


Sobre rosas desgastadas con pétalos que ya no perfuman
Sobre cajas vacías que contenían formas lejanas
y suspiros sabor a recuerdo ajeno
Sobre mis cartas de poesía barata, de líneas imprecisas
que no le hacían ningún favor a mis ojos.
Sobre mi corazón de cristal estas acostada
y juegas con el hasta que pierde su brillo prestado.
Sobre la basura que se amontono en tu habitación
cuando dejaste que la primavera siguiera viva
hasta que el sentido de tus labios ya no me aguardara sonrisas.
Y me pregunto ¿que haces allí, en tu cama; envolviéndote con mis entrañas?
Y noto que siempre he sido redundante con lo que sentimos el uno por el otro.
Transformo los días en noches y viceversa,
afectado por el tiempo risible que se enorgullece por ser yo
el naufrago en una corriente de humana naturalidad.
Me entristece sinceramente la soledad silente que no encuentra juicio
en la belleza de un mundo abandonado pero que jamás ha sido desunido.
Puedo asentarme en una nube transparente tragando sorbos de aire puro,
escuchando el ronroneo de una luna durmiente.
Sentir a la estrellas crepitar mientras hablan sobre mi toda la noche.
Soledad sin enigmas, soledad viva y compartida con el éter de la sociedad.
El vacío a mis espaldas es señal de que aun sigo vivo y, solo.
Permanezco suspendido y extrañamente respiro
para saber que aun existo y para despertar de sus penurias
al solapado tiempo reavivando mi muerte aletargada.
Detallo por medio de tus inasibles ojos los fragmentos de mi existencia.
Cada ocaso que nace en mi cuerpo y ensombrece tu ser.
Cada sollozo surgiendo en su rostro y cada lágrima atravesando mi sien.
Algo transita por nuestros desolados caminos,
acortando la distancia infinita que los dos nos dimos.
Hay algo además de nosotros, estimulando el deseo muerto
atrayendo tus ojos inertes poseídos por el crepúsculo
de una despedida forzada por un ente transgresor.
Algo que atina intratablemente a resucitar la belleza fragmentada de tu corazón.
Hay algo imperceptible en este desierto que compartimos,
algo que sobresalta de nosotros mismos.
Que sin notarlo ha confabulado para unir nuestros destinos,
y aquí nos tiene debajo de un cielo vacío,
de un horizonte forjado por las brasas de dios.
Ha culminado por el día de hoy, su tiempo de morir
y volver a nacer capturo nuestro adiós.
“Estamos solos” y la soledad es un estruendo que no sentimos,
el silencio secuestra nuestros parpados y la quietud de la naturaleza
contempla nuestras miradas inequívocas adentrándonos hacia el recuerdo
del amor que nos hizo realidad. Amo ser amado por tus caricias inconclusas,
por el refugio que me ofrecen tus ojos en mi imaginario
cuando la realidad pierde el deseo de amar y yo te pierdo a ti.
El amor es real y los lugares son eternas praderas,
las lisuras son besos reprimidos
y la muerte no es inconveniente para permanecer junto a ti, siempre.
Nada cambiara mi mundo, las sombras que me suelen acompañar de madrugada
junto a la infinita imaginación que se reproduce incansable desde un punto muerto
y la locura desorbitada por razones mundanas
son reducidas por la dulzura de tu sonrisa, solo una de ellas...
tal vez en mediodía.
Un detalle, un gesto, un fragmento de tu belleza transforma mi mundo.

miércoles, 26 de mayo de 2010

V. Encanto



Veneno es lo que degusto en su saliva.
Ese veneno que se me antoja una vez mas,
discurriéndose en su boca circular.
Se entumece mi cuerpo y apenas siento sus dedos como sanguijuelas
hundiéndose, absorbiéndome hasta los huesos.
Las luces tenues de tonos promiscuos
nacen y mueren repentinamente
en los bordes descascarados de su ventana de cristal.
En una noche cualquiera como esta; psicodélica,
de vehículos sin destino que conducen mis delirios taciturnos
a través de un camino cimentado en sonrisas narcóticas,
con el vapor de la exasperación hirviendo
en las miradas cansadas de madrugada nostálgica.
Con las centellas iracundas del alba
desgarrando mi espalda anestesiada
aún por el salvajismo de sus labios henchidos,
huyo del deseo instantáneo de remembranza
al sentirme fuera de tu “abrigo”.
Huyo y rehúyo del anhelo fogoso que se dispara,
desbaratando mi organismo
al reconstruir tus gemidos desmedidos
salpicados por mi locura de éxtasis nocturna.
Pienso y dejo de pensar, la transparencia espesa de mi conciencia
hace de la racionalidad una visión difusa
que se debate entre la muerte y la duda;
mientras mi instinto animal va in crescendo
y aborrece la idea de dejarla partir.

Herido por así decirlo, tocado por el afilado marfil
que rasguño mí mundo irreal;
por cada mordisco de humanidad que desprendía grandes tajos
de mi sensibilidad en desuso.
Rodé por el albañal de dioses ignorados
aprendíces marginados del cetro dorado,
apéndices de una sociedad que cree valerse sola
cuando se atraganta en su artificialidad.
Caí, naufrague y vencí,
me uní a la tímida danza del fuego de medianoche.
Hice lo que consintieron mis magullados rasgos,
como una ramita temblorosa en la tormenta de la hojarasca.
Conducido por los aspectos externos que le dan forma a mi infierno
ya asentado en las bases de mi memoria exacerbada.
Jugué el juego que nunca quise jugar para amansar la tempestad
que amenazaba con encontrarte.
En vano trate de olvidarte,
mis heridas tibias extrañan tu filo volátil.
Vuelvo a tu invariable puerta entreabierta
como si de tus piernas se tratasen,
ya que le temes a la soledad que cura tus desmanes.
Hoy yo estoy aquí, convencido de poder maltratarte.
Ayer estuvo un violador que se arrodillo exhausto
y coloco su cabeza entre tus muslos golpeados
acariciando con sus lágrimas las cicatrices perpetuas
que su padre profirió hasta la muerte
a tu único recuerdo de belleza inmaculada,
un ángel con las alas violentadas.
Mañana estará la ausencia de mí ser,
tu hogar se contagiara con el perfume de mi miedo
al ser incapaz de levantarme por completo el velo.
Un cuervo moribundo rondara tu puerta,
entrara y poseerá tu cama sin recibir condena
arrebatándote de un tajo las penas.
Comerá de tus ojos incendiarios
y dividirá la hermosura de tu cuerpo como ultimo deseo.

martes, 25 de mayo de 2010

Melancolía inducida

Que falta de consistencia la mía.
El pensamiento encumbra tu espíritu lleno de bondad
y a pesar de mi idilio onírico, no te he podido tocar.
Por que no me has permitido completar el ángel que yo admiro.
Engaño el íntimo ideal para satisfacer la efervescencia.
La belleza es inigualable. La belleza ha de ser palpable.
No consigo la poesía que manifiestan tus ojos soñadores
cuando intento amar cada detalle de tu cuerpo incauto.
Yo necesito contemplar cada mañana el rostro de un ángel
para sentir la perennidad circular por mí sangre.
Intento inducirme fantasías que el cielo infinito de tu mirada me brinda.
Pero todo es en vano cuando la luna ilumina tu semblante.
Se muy bien que esa clase de beldad que imploro
contraría las emanaciones simplistas de mi alma.
Yo muero y no persiste el amor de las mentiras.
Soy una empresa fallida así que apresurare mi obsesión.
El hambre es insistente cuando la carne es abundante.
Ignoro sin preocupación la retahíla materialista.
Rechazo flagelar la necesidad que persigue tus ansias carnales .
Desprovisto de ensueños que asombran para languidecer torpemente en la sombra.
Hallo la finitud de la hermosura en tu silueta prodigiosa y tierna.
Única verdad existencial que descose en un santiamén el hilvanar de musas intangibles.

sábado, 22 de mayo de 2010

Improvisación


Es hora de contar tu historia
Sin placeres ni amantes que te dispersen
No creo en tu adiós sin palabras, sin tocarme.
Sé la razón que subyace en tu locura
No vas a morir en tu lejanía de deidad
Aunque tus muslos no me vuelvan hablar
Aunque tu flor deje de retozar sobre mi hiel


Dejo de mirar el reflejo negruzco de mi esencia
Concentro la belleza de tu dorso en el horizonte
Aparezco en el renacer de la noche que fue alguna vez parte de mí
Aplasto violetas minúsculas como si fueran tus hijos


Consigo tu perfume como la añoranza sobre las rocas
Amaso insaciablemente tu cabeza sobre la piedra
Revolcándome en la tierra con tu cuerpo desperdigado
No pudiste de nuestro amor enclavado en la eternidad


Es hora de contar tu historia, violeta enamorada
Relucir tus lágrimas enterradas en el barro de mi sueño
Acariciar la fantasía de tus ojos nocturnos adormecidos en la luna
Venerar cada pedazo por separado de tu cuerpo enigmático
No creo en tus adioses de ninfa solitaria
Creo en la realidad de mis palabras moribundas enquistadas en tu alma