martes, 19 de octubre de 2010

'Historia ºuamº'

Todas las sospechas recaen sobre un solo individuo
Son tantos los indicios que hasta su sombra dejo huella en la escena
La luna y los vecinos de medianoche fueron testigos del sonido
De un revolver encendido, de un cuchillo que resplandece desde su filo
De unas manos toscas que resquebrajan huesos y tendones dóciles.

La luminiscencia de un solitario farol describió los rasgos del asesino
El cemento frío fue el destino de los últimos aullidos de vida proferidos por la victima
Fue el nido donde se vertió la sangre, el cementerio inmediato donde te bendice dios,
Donde las masas desde sus miradas demuestran su particular amor.
Con diversas grietas en el cráneo y con quemaduras en todo su cuerpo desnudo
Ella durmió apacible con un rostro indigno tras haber transitado por los pedestales
Del cielo en la tierra.
Su corazón no esta exaltado, su memoria rememora las pinceladas
Que dio sobre una sonrisa vacía, trazos profundos que sonrojaron a las sombras.
El es la nada donde habitan sus oscuros reflejos expuestos al mundo.
Su pecado fue culminar con su represión,
acabar con la angustia dominante que estuvo a un paso de sucumbir a la muerte.
Ella provoco su agonía al mirar con desparpajo la esperanza descompuesta
en la cara cansada de su asesino.

Alberto necesitaba la calma de su monstruo que los desgarraba desde sus entrañas,
Necesitaba la muerte de una parte de el y de una corta primavera que reluce orgullosa
Rodeada de tristezas silentes y dolientes de funerales con horizontes turbios.
Natalia estrecha su espíritu haciendo brotar lonjas cristalinas sobre sus mejillas,
La noche estuvo cautiva hasta hoy para sus ojos que experimentan la lejanía del mundo
Ante sus antojos, la soledad exhibió en ella aparente dolor humano.
Alberto aprovecho el momento para arrancar su pesar y el de ella de un tajo.