viernes, 31 de diciembre de 2010

Fur Elise

No duermo al no encontrar sosiego en tus ojos impiadosos
que destinan su luz al mundo abandonándome en las sombras.
Los labios están secos y se quiebran fácilmente a la hora de despedirme de tu dorso.
Franca y empalagosa sensación que envenena mi razón
al dibujar con mis tristes dedos tu rostro sobre el cielo.
No alcanzo la sobriedad de mi ser cuando tu eco de pureza
pasea de aquí para allá desconcertando mi conciencia.
No escatimo sueños a luz del mediodía con la mirada perdida
en los anzuelos de dios, para buscarte en un futuro onírico
donde tu semblante confíe en las caricias de mis manos,
donde los únicos que habitemos el mundo seamos nosotros dos.
Insomne, como si los parpados estuviesen sumergidos en arena de mar,
sigo adhiriéndome a la hostilidad de la sociedad,
aquella que destila sonrisas con sabores amargos por simple formalidad.
Como puede tu existencia que desconoce mi existencia,
hacer que el amor y el odio sea una dualidad constante e inevitable
que brote sin anuencias hacia el desespero silenciado por la realidad impuesta.

Por ti Elisa, he crucificado mi espíritu,
he arrojado al pozo sin fondo los retazos de mi corazón.
Abrazo mil serpientes para no dejarme dormir eternamente por la soledad,
acaricio la silueta de tu sombra sobre la pared queriendo sentir la calidez
que tu cuerpo emana cuando amas sin mirar atrás.
Me ahuyentas del universo y así me voy desperdigando
detrás del humo que exhalas, hasta desaparecer por completo.
Me vuelvo ceniza, amarga ceniza que tiras al vacío sutilmente
cuando vuelves el cigarrillo a tus labios hechiceros.
Por ti Elisa, he construido un altar en la habitación oscura de mi memoria,
tratando de iluminar y reemplazar mis pesares,
esperando una lluvia de pétalos desde tu sonrisa insaciable.
Pero soy solo carne y hueso y tú eres más que eso.

sábado, 25 de diciembre de 2010

No lloro la muerte de mi costado

No lloro la muerte de mi costado
Aquel lado fermentado que estuvo largo rato al sol
Sintiendo el amor lejano que nunca le fue dado
Hoy no extraño el perfume de su girasol.

No clamo por los reflejos de su recuerdo empecinado
Solo me veo al espejo y dibujo mi cuerpo mutilado
Trato de no ver el vacío en mi pecho desgarrado
Trazo mis líneas de expresión sin su espíritu inmaculado.

No le temo al frío de su ausencia
No espero temblores como llamados inconcientes de mi ser
No le temo a la mirada minuciosa en busca de su presencia
No deseo ser el despojo que no tarda en desfallecer.

No lloro la muerte de mi costado
El fue algo que yo nunca quise ser
Tengo su sangre en mi otro costado
Y por un instante sueño ser él, una vez.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Cita a Ciegas

Con las ensoñaciones reconfortantes de toda la semana aun a su alrededor, siente un leve escalofrío, cuando levanta la mirada y divisa las manecillas del reloj.

Su tiempo está cerca y se siente al igual que la muerte. Piensa que hoy puede morir una parte de el o completamente todo su ser.

Digiere con suma dificultad la realidad de las cosas, casi atragantándose y dejándose morir el mismo para no acudir a la cita, pero logra recomponerse bebiendo un par, otro par y luego un par de tragos más. Otra vez florecen en su cuerpo las positivas sensaciones que germinaron en su conciencia en los días de sueños esperanzadores.

Sueños que él, con una fe religiosa (absurdo que brota en momentos de fragilidad), prevé para el día de hoy. Siguió el camino que le habían trazado, entre conversaciones banales y expectativas surrealistas. La tragedia era asumida desde una sonrisa que concluía en carcajada y la hazaña era vista con ojos de infante.

Entre el y sus compañeros de travesía habían posturas irreconciliables, visiones tergiversadas de sus propias vidas, pero ese momento quizás sería el único durante largo tiempo, así que la hipocresía se desbordo sola desde la inseguridad inocultable de cada uno de ellos.

Cruzamos mares profundos y a contracorriente con fuerzas sobrehumanas que desconocían. La angustia de la espera y el silencio espeso que hundía sus cuerpos, maniataba el tiempo que se derretía en sus entrecejos. La nausea era contagiosa y golpeaba fuerte en el estomago, el aire era escaso y los pulmones cada vez mas minúsculos. Cuando sentía la proximidad de aquellas mujeres por medio de siluetas, aromas o brisas leves que relacionaba con ellas, un terremoto interno amenazaba su cordura y flagelaba su aquejado corazón.

Y al instante de encontrarse, de compartir ingenuas miradas y proyecciones involuntarias como escudos, todo se traduce en calma, en un silencio que incinera sus pensamientos y se traga todas las palabras entrenadas anteriormente. Es la calma de la nada, la quietud incomprensible de su aparato sensorial.

El ahora es una parte más de todo es decir la mismísima nada, el cree estar frente ella pero no lo esta; las palabras, los gestos dóciles y belleza sutil emanada como esencia por parte de ella, apenas rozaba su ser transparente que se hacía invisible por lo inusual e inverosímil del momento.

El tiempo parecía haberse mudado a otro lugar porque en la ensordecedora quietud silenciosa que los desligaba del mundo, todos estaban inmóviles, todo se sentía tan extraño, tan lento, tan sosegado como si ella toda fuese una exquisita droga que el ha degustado desde su mirada. Rápidamente se vuelve adicto a ella y la contempla sin ninguna pena, duerme en sus místicos ojos y vibra con su cariñosa sonrisa.

Ella lo hace revivir, devolviéndole el tiempo y el espacio que actúan como dos degenerados haciendo que el día culmine rápida y estrepitosamente. El percibe la realidad como a las estrellas y se siente encantado de estar frente a una de ellas, pero todo va pasando muy rápido y el aun no ha pronunciado en palabras lo que siente acerca de lo que ha estado adorando y comienza a rodar su imaginación, como una gran película interminable que brinda imágenes de una vida apasionante entre ella y el.

Donde los dos estando juntos originan la belleza que hace resplandecer el universo, cada sonrisa de ellos crea un arco iris que sirve de puente para transitar en el trance amoroso que dura una eternidad. Pero todo se queda allí en la imaginación, y cuando vuelve sus ojos hacia ella y no consigue ser correspondido con un ademán de ternura o de misericordia, el mundo que el ha creado con el mas puro clamor al amor, simplemente se derrumba, y solo existe la nada.

El día transcurre pálido y sin sentimiento, las ideas están muertas y el cielo llora porque esta vez no resguardara dos corazones enamorados bajo su manto romántico y las bendiciones de la luna. Ella no lo ha vuelto a mirar y sin saberlo a presionado una estaca más, sobre el infame corazón de Alberto. El esta fundido en el silencio, siendo nuevamente la nada que pasa sin ser vista, sin ser sentida, sin ser amada.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Ayer eras tú

Tú, siempre tú. A través de mis ojos, alrededor de mis querencias.
Te siento solo, en la finitud de tu existencia, de tu hogar, de tu vida
que camina dolorosamente hasta una esquina y rápido da la vuelta.
Si, tu. Quien más calaría hondo en mis pensamientos náufragos
de una noche incolora. Quien más podría detener con simpleza
los estragos de tristeza que mutilan mi esperanza.

Tú, siempre fuiste tú. Allá en el fondo de falsas sonrisas
en la quietud deshumana que es tragada sin esfuerzo
por la estupidez desbocada. Fuimos lo que hoy jamás podremos ser.
La candidez en nuestros ojos de plastilina nos abría un mundo maravilloso
sin relojes que nos llamen la atención, sin miedo al continuo
menoscabo del sexo opuesto. Jamás olvidare nuestros rostros perfectos
al sol, quien nos bendecía con rayos de dulzura sobre la frente.
Éramos contemplados por la luna y las estrellas, por la vida rauda
que sonreía a nuestras caricias dadas en su infinito ombligo.

Tu y yo fuimos el sueño que se nos desmorona hoy.
El recuerdo corrosivo de un tiempo en el que fuimos felices
y del que no encontramos pista alguna hoy.
Quizás a ti se te enrojezcan las mejillas y se te corte el aliento
por un segundo de retrospectiva, pero yo, quien me mantengo
aferrado a la ultima y diminuta huella que dejo nuestra unión
en cada uno de nosotros, estoy dividido.
Yo estoy en el medio de dos abismos, del recuerdo imposible de palpar
y del olvido que invita a sumergirme en los azares de un infierno desconocido.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Ella es el espejismo que se aviva cuando sonrío

Ella es todas las mujeres que se llevarón una parte de mí
es el total de los recuerdos que sostengo entre el llanto y la risa
ella, con su belleza en plenitud conmueve mi mejor fantasía
su concurrencia me devuelve la angustiosa necesidad de vivir.

Ella es mi salvación, mi unico dios
es la razón principal por la que sueño, detestando lo real
mantuve mi fé estoicamente para que se percatara de mi alma sacrificada
ahora es tan real que pareciera que viviera dentro de mi sueño.

Ella es la recompensa de mis tristezas, el exabrupto de mi amor en tempestad
me he topado con los rastros de su esencia, deseando poderla encontrar
su sutileza enmarca lo excelso de la naturaleza con nuestra frágil humanidad
la he esperado en cada esquina creyendo que alguna mujer volvería su mirada hacia mí.

Ella es la finalidad de mis sentidos arrojados en su búsqueda al mundo
ella es el frío temblor de mi hojas que agitan mis extremidades
ella será la luna insomne, la brisa que espanta las sombras, la luz de las deidades
ella es toda la desesperanza acumulada vertida en un segundo de ilusión.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Recuerdo para Dos

Viernes, 7:00 AM. El resplandor del sol se escurre por mi ventana del 8vo. Piso del hotel Royal.
Mueren los minutos y el calor aumenta su intensidad quemándome las pestañas,
abro los ojos que se deslizan en su amargura y melancolía por las paredes
de mi habitación.
Me echo algunas gotas para calmar el ardor de una madrugada insomne y para apaciguar el recuerdo que como un volcán estallo en mi interior.
Ayer en una de esas noches ordinarias que me convido a mi mismo,
para aguijonear mi corazón con los alfileres del infierno más cercano y vasto en placeres, un corazón resfriado a causa del gélido romanticismo
del mundo producto de su falsedad.

Una noche inocente que pierde de su destino a las pálidas estrellas
y me arropa con su misterio atesorado por la maldad y la bondad
mientras mi noche incipiente desde mis pupilas cortejan a la moribunda realidad
atada de brazos y piernas con su sexo entre mis dedos
y mil orgasmos contenidos en la comisura de sus labios y los de su boca.
Allí al borde del crepúsculo asesino que apuñala mis ilusiones de dulce sustancia.
Hallé tu rostro infante que había desapercibido de mi conciencia absurda.
Mis sensaciones hacia tu existencia se encontraban
y se repelían cuando te tuve a mi lado
y sentía al tiempo ser parte de otro proyecto y no del mío.
Años conjugando verbos que los dos creábamos y utilizábamos para redefinirnos
juntos al unísono ante el mundo.

Felices en nuestra limitada sabiduría e invisibles y eternos
en nuestra ilimitada imaginación.
Tú y yo corríamos libres sobre la hierba lozana y viva bajo el sol, en días fugaces
que parecían suprimir algunas horas por envidiar nuestra relación inquebrantable
de amor puro y secreto.
Al día siguiente de haber liberado mi desbordante locura llena de ternura
y de sensibles evocaciones de sueños concretados por ti, te busque y no te hallé,
recorrí nuestros caminos de algodón
bordados por sonrisas y mutuas contemplaciones.

Abrace tus rastros que comprobaban tu vida y no me dejaban dormir,
esos sueños realizados desde nuestras manos lozanas que acariciaban mi llanto.
Así, en la mar de nostalgia envenenada te volví a soñar.
A pesar de haber dejado de querer cualquier emanación de la tierra
que me haga acercarme a tu perfecto paraíso de dichosos recorridos
y de una cima derruida por la desilusión.

Terrible noche donde el lirismo del horizonte fulgurante entre las sombras
fue nausea en mis entrañas.
Desvanecido en el sopor que me mantenía cautivo de la conciencia del mundo,
del infierno moral al que tratan de inducirme en las semanas que debo despertar en mí, el automatismo ficticio.
Hoy estoy despertando de ese contrato social donde el hábito
es el mejor amigo del hombre.
Despierto de mi despertar automático y semanal donde en realidad nunca he sido yo, en cambio siempre he estado dormido.

Se cierran las persianas, las luces del sol dejan de vigilarme,
las últimas gotas de agua se dejan caer de mi cara
y el gas del viejo horno envuelve toda la casa.
Se cierra la puerta detrás de mí y salgo a convencerme de la languidez
en la que se ha consumido mi ser.
Cuando estoy llegando a mí ultima instancia en esta tierra desangrada
por la indiferencia que la hiere mortalmente, pienso en mis horas despedazadas
por el placer del vicio autentico y del efecto surreal.
Pienso en ti, la razón por la que amé en un corto tiempo las virtudes del universo.

Lagrimas, relamidas amargas, parpados pesados que quieren sangrar.
Un respiro, una sonrisa, una ironía que avista, un sarcasmo en la mirada
y un paso más para llegar a los rieles del tranvía.
Se escucha el bramido de la fuerza poderosa del acero contra el acero
acercarse a mis cabellos crispados.
Un paso más y aquí estoy siendo paciente en el infierno de miradas
como brasas ardientes a un paso de la nada.

Levanto la cabeza y del otro lado del camino del tranvía mis ojos
se fijan en una mujer con el corazón aprisionado entre sus manos,
incapaz de contener el dolor que la hace ahogar en llanto.
Ella me mira y da un paso, me sigue mirando y da otro paso,
el ruido de la locomotora acrecienta mis palpitos,
y yo la reconozco y ella me reconoce.
Grita mi nombre y yo grito el de ella,
nuestras lágrimas se desprenden de nosotros
viajando en medio de la energía propulsada por el tranvía.
Quiero amarla, abrazarla, sentir el latido de su corazón,
quiero que nunca más se aleje de mí.
Ella también siente lo mismo.
Y da un salto a la misma vez que yo lo doy,
esperando encontrarnos y jamás ser desdichados.
Unidos como dos espíritus inasibles amando el tiempo divino del universo
o como un artístico amasijo de piel, sangre y huesos.