Es cierto que el gris cemento nos asfixia Nos rodea y nos corroe con su frialdad Hay hombres de arena y piedra que creen ser una deidad Mutilando a la naturaleza con increíble malicia La costumbre en la rutina es la muerte inexorable de la vida Del ensueño, de la ilusión que escapa de la grisácea realidad Perdemos tiempo buscando un status de absurda moralidad Sin percibir esta creciente y devastadora angustia suicida Han vertido sobre nosotros su materia prima Algunos formamos parte de siniestras paredes y muros Somos como el silencio frío e indolente con lentes oscuros Regando el concreto sobre la tímida rima Arrancamos el corazón de mujer a la poesía Lo estrujamos y tiramos a los hambrientos caníbales Volvemos ceniza el espíritu de los amantes Ahogamos nuestra libertad sino vivimos la fantasía
Y miro en el espejo la soledad que rodea al poeta. Sin verso, sin cuento, sin musa, sin los placeres primarios de una vida adulta. Y escribo sin alma, sin corazón, con el disfraz de algún poeta muerto.
lunes, 28 de marzo de 2011
jueves, 17 de marzo de 2011
Asco y miedo americano
Suciedad que toco y respiro
en hombres mundanos y en el smog cotidiano
suspiro y vomito. Me impaciento en verano.
Soy la luz en la sombra que esta en retiro.
Futilidad que se desliza por mis pies.
Camino arrastrando la pesadez de las palabras
de la iluminada idiotez social y sus amarras.
EL silencio y la mirada esquiva no es más que sensatez.
Acaricio la piel dulce y lozana
aquella que no tuvo tiempo de brillar bajo el sol.
Admiro el arte íntimo de las cosas sin razión.
Degusto las letras que desangran las hojas malsanas.
Amo la simplicidad de una mujer que ignora su hermosura
erijo los gestos incautos a los cielos de mi pensamiento.
Maldigo con poemas y cánticos el ardor de mi resentimiento.
Asesino con sadismo en mi fantasía y a la vez idolatro con excesiva ternura.
en hombres mundanos y en el smog cotidiano
suspiro y vomito. Me impaciento en verano.
Soy la luz en la sombra que esta en retiro.
Futilidad que se desliza por mis pies.
Camino arrastrando la pesadez de las palabras
de la iluminada idiotez social y sus amarras.
EL silencio y la mirada esquiva no es más que sensatez.
Acaricio la piel dulce y lozana
aquella que no tuvo tiempo de brillar bajo el sol.
Admiro el arte íntimo de las cosas sin razión.
Degusto las letras que desangran las hojas malsanas.
Amo la simplicidad de una mujer que ignora su hermosura
erijo los gestos incautos a los cielos de mi pensamiento.
Maldigo con poemas y cánticos el ardor de mi resentimiento.
Asesino con sadismo en mi fantasía y a la vez idolatro con excesiva ternura.
sábado, 12 de marzo de 2011
-1-
Me adentro en el mutismo misterioso del océano
Siento mis oídos presionados
La luz parpadea sobre mis costados
Voy ascendiendo al paraíso lejano
Mi cuerpo esta inmóvil
Los huesos rotos
Los recuerdos devotos
No sienten el frío de este mar indócil
De cabeza con los brazos desperdigados
Contemplo un cielo fundido en negro
Un triste abrazo de un cautivo engendro
Que silencia mi arrepentimiento
Entregado al quietismo del oscuro océano
Las aguas llenaron mis pulmones
La vida es un parque de infinitos estertores
Hasta que me sujeta una mano
Siento mis oídos presionados
La luz parpadea sobre mis costados
Voy ascendiendo al paraíso lejano
Mi cuerpo esta inmóvil
Los huesos rotos
Los recuerdos devotos
No sienten el frío de este mar indócil
De cabeza con los brazos desperdigados
Contemplo un cielo fundido en negro
Un triste abrazo de un cautivo engendro
Que silencia mi arrepentimiento
Entregado al quietismo del oscuro océano
Las aguas llenaron mis pulmones
La vida es un parque de infinitos estertores
Hasta que me sujeta una mano
domingo, 6 de marzo de 2011
Ellos y sus sueños rotos
Como duele ver en sus ojos un sueño roto
Áridas pupilas en el infierno de su soledad
No esta solo, ella esta a su lado para consumir su verdad
Hace lo que los demás, y su vida parece de otro
Lleva cosas en sus manos y un gran peso en sus hombros
Decae continuamente en la tristeza del final del día
Pero le huye a la puerta de salida porque ama la vida
Y su vida es respirar, comer y dormir en medio de escombros
Escombros de sueños rotos
Que se van amontonando poco a poco
Donde la virtud le pertenece al hombre más loco
Hirviendo la pesadilla que acabara con todos
Hay ira repartida en partes equitativas
Almas candidas ensombrecidas por la ardua rutina
Sonrisas falsas sostenidas por manos mezquinas
Existe un vacío en sus ojos de lagrimas corrosivas
Áridas pupilas en el infierno de su soledad
No esta solo, ella esta a su lado para consumir su verdad
Hace lo que los demás, y su vida parece de otro
Lleva cosas en sus manos y un gran peso en sus hombros
Decae continuamente en la tristeza del final del día
Pero le huye a la puerta de salida porque ama la vida
Y su vida es respirar, comer y dormir en medio de escombros
Escombros de sueños rotos
Que se van amontonando poco a poco
Donde la virtud le pertenece al hombre más loco
Hirviendo la pesadilla que acabara con todos
Hay ira repartida en partes equitativas
Almas candidas ensombrecidas por la ardua rutina
Sonrisas falsas sostenidas por manos mezquinas
Existe un vacío en sus ojos de lagrimas corrosivas
martes, 1 de marzo de 2011
Soñar con ella mientras ella vive sin ti
Extrañar a quien no te extraña
Porque no te siente en sus entrañas
Idealizar a quien no sabe nada de ti
Porque jamás se percato de tu existir
Recordar a quien nunca osó en recordarte
Porque nunca tuvo interés en mirarte
Amar a quien no podrá amarte
Porque ella ama a otro, porque ella es arte
Y tu, también puedes olvidar y dejar de amar
Cultivar tu esplendorosa naturaleza
Obtener querencias sin embargar tu alma
Sacudir tu corazón de la enfermiza lírica irracional
Abrir los ojos, respirar hondo y cultivar mil flores
Tú eres la razón por la que ella ahora es un sueño
Sin ti no hay mundo, sin ti ella es una mujer más
En el vasto paisaje terrenal de dulce fragilidad.
Día uno
Once y media, acelero mi partida, los besos y las despedidas con mi familia apenas son sentidas. Desde hace una semana el fondo de mi memoria esta totalmente revestido con su rostro, no pienso en nada ni en nadie, sólo ansío verla una vez más para llenarme de esperanza y de amaneceres con rocíos de felicidad. Detrás de mi, torbellinos y rutinaria locura colectiva de mediodía. Frente a mi, el recuerdo de su hermoso perfil que se refleja como un cristal en todos los demás.
Son las doce menos quince y ella no esta, la plaza esta a reventar pero ella nuevamente no esta. Tomo asiento y mis ojos no dejan de moverse de un lado a otro esperando a que llegue. En este momento los segundos son fugaces, los minutos apenas palpables y la luz se acrecienta cada vez más junto al calor.
Cuando ya casi todos se han ido, cuando ya casi me he olvidado del tiempo y de mi lugar en algún rincón de la universidad, ella aparece; camina sutilmente con el resplandor del sol a sus espaldas y se sienta. Esta a ocho metros de mi, pero por fin esta aquí para el deleite de mis ojos, para la emancipación de mi espíritu que no sucumbió al naufragio de su distancia que me hundió en la angustia desesperante de su imagen tambaleante y destellante en la oscuridad atemporal de mi ser.
Después de largos ensayos imaginarios no puedo perder esta oportunidad única para que se percate de mi existencia. La miro, siempre la miro y no me cansare de mirarla, ella se muestra apacible con las horas de su reloj; esta de frente al día abrasador, parece que su mirada se perdiera en el baúl invisible de los viejos recuerdos.
El sudor es implacable, de mi sien fluye la gota de la angustia, del nervio en el mero centro del cerebro que esta a punto de estallar. Le temo a la versión distopica de mi sueño donde ella es la delicada sonrisa que me abre su mundo de fantasía, de amor, de eterna felicidad y compañía.
Ella jamás ha mirado detrás suyo, donde estoy yo agazapado con el tierno y dócil rocío de su belleza empapándome. ¡Como adoro su rostro! Sus diminutos gestos que hacen sonrojar a los ángeles celestiales que huyen embelesados surcando con endemoniadas piruetas sus cielos.
Cuando el miedo se vuelve más inquietante y atenta con condenarme al silencio de sus oquedades, ella se vuelve mi salvación y su mirada de ensueño echa un vistazo hacia mi corroída humanidad desperdigada. El frío es increíble; ella se levanta, se sube al auto y se aleja otra vez. Yo sigo sentado, con un gélido par de sentimientos encontrados reflejados en mi cara, con mi poema arrugado en una mano y con su recuerdo aún más avasallante, con su imagen viva y radiante, ella mirándome.
Son las doce menos quince y ella no esta, la plaza esta a reventar pero ella nuevamente no esta. Tomo asiento y mis ojos no dejan de moverse de un lado a otro esperando a que llegue. En este momento los segundos son fugaces, los minutos apenas palpables y la luz se acrecienta cada vez más junto al calor.
Cuando ya casi todos se han ido, cuando ya casi me he olvidado del tiempo y de mi lugar en algún rincón de la universidad, ella aparece; camina sutilmente con el resplandor del sol a sus espaldas y se sienta. Esta a ocho metros de mi, pero por fin esta aquí para el deleite de mis ojos, para la emancipación de mi espíritu que no sucumbió al naufragio de su distancia que me hundió en la angustia desesperante de su imagen tambaleante y destellante en la oscuridad atemporal de mi ser.
Después de largos ensayos imaginarios no puedo perder esta oportunidad única para que se percate de mi existencia. La miro, siempre la miro y no me cansare de mirarla, ella se muestra apacible con las horas de su reloj; esta de frente al día abrasador, parece que su mirada se perdiera en el baúl invisible de los viejos recuerdos.
El sudor es implacable, de mi sien fluye la gota de la angustia, del nervio en el mero centro del cerebro que esta a punto de estallar. Le temo a la versión distopica de mi sueño donde ella es la delicada sonrisa que me abre su mundo de fantasía, de amor, de eterna felicidad y compañía.
Ella jamás ha mirado detrás suyo, donde estoy yo agazapado con el tierno y dócil rocío de su belleza empapándome. ¡Como adoro su rostro! Sus diminutos gestos que hacen sonrojar a los ángeles celestiales que huyen embelesados surcando con endemoniadas piruetas sus cielos.
Cuando el miedo se vuelve más inquietante y atenta con condenarme al silencio de sus oquedades, ella se vuelve mi salvación y su mirada de ensueño echa un vistazo hacia mi corroída humanidad desperdigada. El frío es increíble; ella se levanta, se sube al auto y se aleja otra vez. Yo sigo sentado, con un gélido par de sentimientos encontrados reflejados en mi cara, con mi poema arrugado en una mano y con su recuerdo aún más avasallante, con su imagen viva y radiante, ella mirándome.
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