
Cada mujer que pasa sin mirar es un verso perdido
un torbellino de deseo que busca cualquier cuerpo menos el mío.
un torbellino de deseo que busca cualquier cuerpo menos el mío.
En su andar saturado de gestos cautivantes,
se desparraman las rimas que consagran las noches y los días.
De su voz nace la melodía ineludible que se incrusta en el corazón mas esquivo.
Ella es un enigma de sonrisa mezquina; un segundo de delirios que nunca terminan.
Sus ojos inseguros son el comienzo de un romance universal, ciego e irracional;
que perdura hasta que su sombra se diluye en el resplandor de una nueva estrella,
igual de fugaz, igual de constante.
Una mujer que pasa, rebasando al tiempo con su silencio.
Ávida de esperanza, devela en su rostro la fantasía que se erige desde los escombros.
Tú, mujer que ansías sentir mi desahogo contra tu piel.
Que dejas correr el sudor impúdico de tu cuello hacia tus senos,
corrompiendo todos mis largos e ingenuos sueños.
Una vez emigré hacia tus destinos para hacerte saber que existo
y pude percatarme con sigilo de tu desolada mirada que me buscaba a sus espaldas.
Siempre me estuviste esperando en el mismo lugar
y yo no pude mirar mas allá de la frivolidad establecida en las niñas de hoy en día.
La diáfana inocencia postrada entre 3 paredes.
Su presente es paciente por que nuestras miradas suicidas
chocan todos los mediodías, procurado dar el mayor daño a nuestro corazón
para que la desesperación nos embargue y tengamos que acudir el uno al otro
para cicatrizarnos las heridas.
Pero por gracia de nuestra enfermiza cobardía creemos en el masoquismo.
Y los meses que pasan también sin ser sentidos son un solo recuerdo,
tú; nosotros y el tiempo labrando arduamente sobre nuestras pupilas,
cosechando rocíos que bendicen la muerte peregrina.
Siguen pasando los años con el silencio fecundando nuestra agotada imaginación,
con el perfume de los dioses bajo el sol sofocándonos,
colmando nuestras atestadas narices.
La soledad mundana no transcurre sola, tiene miedo a morir,
a languidecer imbécilmente en un mundo balanceando por el amor y el odio.
La ingenuidad se desvaneció en nuestros cuerpos adultos,
y los romances ocuparon los meses y los años.
En carne y orgasmo llenaron el vacío que nuestros ojos demostraron.



