Conciencia fugaz, atada a las esquinas de mi cama
poseída por amores que son más una distracción.
En un segundo muerto, tu mirada desfallece y me toma como su aposento.
En ese miserable segundo traspasamos e ignoramos todos los ojos esclavos del universo.
Es un segundo que aguarda toda una eternidad,
donde coincide la asombrosa semejanza de nuestros gestos,
donde habitan los placeres absueltos del averno.
Es este momento donde mi libertad esta en juego
y se me hace más difícil si tu mirada me considera inseparable.
Para ti parece ser fácil hacerme esclavo y contemplar constantemente esos ojos
que se van y no vuelven a minar ningún espacio de mi ser.
Aunque bajes las persianas, yo insistiré en hacer mi imagen perdurar.
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