martes, 30 de noviembre de 2010

Sueño sin Tiempo

“Cuando tu te hayas ido me envolverán las sombras”. Te tuve o soñé que te tuve,
mi puerta esta abierta y del costado de mi cama brotan las últimas humaradas
de un cigarrillo consumido con la huella carmesí de tus labios oníricos.
Avisto mi ser desnudo en un espejo y consigo más indicios de tu visita fugaz en mi lecho.

Puedes haber sido tú quien soñara conmigo al mismo tiempo
o pudo haber sido otra mujer quien ultrajara mi sueño
y robara tu cuerpo de mis fantasías corrompidas.
Acecha el misterio dentro de la neblina de mis pensamientos.
Atraje tu ser desde mi sueño y conjuramos nuestro deseo para fundirnos en carne y hueso;
sin mirarnos por una vez, sin sentirnos en medio del fuego.

Pudiste haber trascendido de mis sueños, no lo se. Siento el sinsabor de siempre,
así que no hay muchas dudas. Ese sinsabor de quererte y no tenerte, pero al revés.
No se cual sensación es la mejor, ya no importa.
Creíste que me regalarías tu existencia momentánea como acto divino de dios o de mi inconsciente. Pretendiste ser la musa extraordinaria que he construido en sueños,
creíste que con tu caricia invisible o con tu respiro agitado
producto de una brisa que se adentro en los orificios de mi ventana,
podrías resucitar mi ser rendido en las fabulas de un abismo dócil ya menospreciado por la mocedad.

Detesto que me hayas hecho esto, como explicarle al espejo los sinsabores, la herida, la mentira.
Como poder recordar con una leve sonrisa de esperanza y gratitud, si tu nunca estuviste aquí.
Este espacio, este tiempo que no parece tener un mínimo respeto a mi locura existencial,
están aquí, unidos de alguna forma en mi lugar y mi momento.
Donde debiste estar tú frente a mis ojos abiertos,
descansando tu cabeza sobre los cálidos latidos de mi pecho.

Ahora, siempre ahora. Los amantes cavernícolas rodean mis destinos,
soy testigo de la purulencia manifestada en un amor resentido,
de pasiones primitivas y violencia verbal y física,
humanizada por el asco a la monotonía de las razones conservadoras.
Ahora, tu significado ineludible para mi corazón, que fue el motivo de mis sueños constantes;
de mis despertares contagiados con pesares por no tocar te en mi mundo de mi ensueño,
es el vacío que encuentro en cada lugar donde existo. Eres la nada que siempre he temido,
la fantasía que por una noche se despojo de sus altares ante mis ojos cerrados,
ante mi sueño embriagado.


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Que pasa con el tiempo que me mira malvado a los ojos y me conmueve al abandonar las horas,
mis horas que hace horas pasaban fugaces corroyendo mi soledad que languidecía en el alba.
Enemigo de mis sueños que por ser tan verdaderos
me despiertan estando dentro del mismo mundo quimérico.

Ahora, para ti estoy muerto. Hubo una vez en algún lugar de esta historia corta
que se desenvolvía sin espacio ni tiempo.
Donde yo aparecí de imprevisto en tus atesorados aposentos
para desmembrar los lazos que fueron unidos hace muchos años.
Yo fui la sombra a la que acudías con sigilo y titubeo, fui tu objeto de desprecio
cuando se terminaban las sonrisas, mirabas de reojo y allí estaba yo al final del túnel
con una vida oculta en secretos que solo a ti te pertenecían,
allí conseguía el placer de tu mirada por un breve instante,
aunque no significase lo mismo que yo sentía.

Voy a conjugar la feliz embriaguez que me embarga con la desdicha amarga de las horas cansadas,
los relojes de mi casa ya no andan. Se sienten vencidos por mí ser incógnito
que encuentra el misterio de la vida en su insomnio.
El tiempo me detesta. No soy su contrincante, más bien soy su incompetencia.
La enfermedad corroe mis delirios, el dolor físico atenta a mis designios.
Aves negras pasan raudas por el techo de mi cabeza,
intentan acertar al alma moribunda que yace detrás de ella.

Corazon impío

Un pedacito de lluvia se oye en el vacío de mis oídos
agudas y sin freno mueren trágicas en la calle.
Bólidos de ruido y aire penetran el silencio en mi desaire,
tránsfugas de pesadillas inenarrables me llaman con sus aullidos.

Sigue la quietud insomne de una tarde fría de invierno
donde las personas aman con sosiego y no apresuran desventuras
predichas por el dios del venidero estío, mientras en la calle muda
los rostros inmóviles acarician la eternidad de un cielo benévolo.

Bajan las efímeras ilusiones que se sostienen frágiles en el viento
labradores que sonríen sin cadenas por un mínimo instante.
Absorben la delicada belleza que le es distante
y la contienen junto a sus respiros hasta el horizonte agrio y violento

Escucho el anhelo ahogado en espíritus atrapados por la deshonra del destino
Pájaros heridos con las alas quebradas olvidan el camino de vuelta a casa
Ven con nostalgia el firmamento, la libertad y la remembranza
Son autómatas corrosivos que se mienten así mismos
evitando algún desvío en el monótono camino.

Escampa en la tierna tarde, expectante por los matices crepusculares
que expande su dolor de muerte, ira y hastío.
Los mutilados se resguardan en los indignantes bares.
Y yo abro mi ventana para alimentarme de un corazón impío.

martes, 2 de noviembre de 2010

Oh soledad

Oh Soledad tan cerca y tan distante.
Dejas tu huella solo con pensarte.
Empiezo a cercenar la materia que te hace mujer,
la distancia que la aurora no se cansa de imponer.

Tengo a mis costados la gelida necesidad de tu abrazo apasionado.
Oh Soledad, he estado sumergido en tu vicio,
creí haberte palpado pero ahora apareces
y me alejo de lo que siempre he deseado.

Mi tiempo es proclive a abandonar los esteros
y navegar por tus costas como un ruiseñor en desespero.
Oh Soledad, mis huesos reclaman la calidez de tu esperanza.
Voy concibiendo mi muerte como gratitud a tu pulcra enseñanza.

Si sigo en tu memoria de conciencia inmediata y brusca.
sería sinonimo de reciprocidad emocional, el que detengas tu tiempo y mires hacia atras.
Tratando de acertar tu interés en mi corazón sin templo.
Oh Soledad, soy un latido moribundo que en el velo existencial de la razón, clama por tí.

Oh Soledad, tan fría en lo real y tan viva en mis anhelos
enfrento el vacío de mis existencia en tus pupilas
evito el naufragio de tu semblanza en mi agonía
Oh Soledad, tu sonrisa onirica es poesía en mis desvelos.

Adíos y buenas noches

Adiós, es una palabra imposible de musitar.
Imposible de poder compartir y sentir al mismo tiempo.
Un adiós es un asesino en serie que día a día hiere mortalmente
la ilusión de poder amar eternamente, sin ausencias como excusas
que duelan hondamente, sin fricciones que atenten unas vidas con dolientes.

Hoy te digo adiós y buenas noches.
Desde este lado de la cama que ha soportado por años toda mi humanidad maltratada.
Te lo digo en un susurro dubitativo que trata de encaramarse en tu cuello
para poder pasar dócil por tus oídos. Me despido de esta vida que también fue tuya.
Veo tu dorso por última vez, tendido apaciblemente sobre mi cama, inspirándome placer.
Aun escondes tu tez como lo has hecho últimamente, la rabia te hace olvidar
la belleza que destilas mientras duermes, mientras ríes, cuando amas y vives.

A pesar de tus lamentos jamás olvidare la lozanía
de tu amor perpetuo cuando te conocí.
Aparentas haber muerto junto a mí, tus intenciones infundadas desde la locura
me consagran como el vil asesino de tus sueños.
No quiero ser participe de la lenta agonía de tus ojos hermosos,
de la huida de tu espíritu donde mi alma encontró reposo.
Desprendo de mis más silentes abismos este adiós como bramido
que resquebraja mi corazón.
Adiós y buenas noches amada, espero que con mi lejanía
vuelvas a ser tú la primavera que me cautivo en aquellos días.