martes, 2 de noviembre de 2010

Adíos y buenas noches

Adiós, es una palabra imposible de musitar.
Imposible de poder compartir y sentir al mismo tiempo.
Un adiós es un asesino en serie que día a día hiere mortalmente
la ilusión de poder amar eternamente, sin ausencias como excusas
que duelan hondamente, sin fricciones que atenten unas vidas con dolientes.

Hoy te digo adiós y buenas noches.
Desde este lado de la cama que ha soportado por años toda mi humanidad maltratada.
Te lo digo en un susurro dubitativo que trata de encaramarse en tu cuello
para poder pasar dócil por tus oídos. Me despido de esta vida que también fue tuya.
Veo tu dorso por última vez, tendido apaciblemente sobre mi cama, inspirándome placer.
Aun escondes tu tez como lo has hecho últimamente, la rabia te hace olvidar
la belleza que destilas mientras duermes, mientras ríes, cuando amas y vives.

A pesar de tus lamentos jamás olvidare la lozanía
de tu amor perpetuo cuando te conocí.
Aparentas haber muerto junto a mí, tus intenciones infundadas desde la locura
me consagran como el vil asesino de tus sueños.
No quiero ser participe de la lenta agonía de tus ojos hermosos,
de la huida de tu espíritu donde mi alma encontró reposo.
Desprendo de mis más silentes abismos este adiós como bramido
que resquebraja mi corazón.
Adiós y buenas noches amada, espero que con mi lejanía
vuelvas a ser tú la primavera que me cautivo en aquellos días.

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