domingo, 14 de febrero de 2010

Limpiabotas con las botas limpias.

Arrodillado ante hombres indiscretos en su encanto y porquería, veía de reojo las monedas de oro que se doblaban en las manos impolutas de una burguesía absurda. La altivez indolente que subyace en la masa recién levantada desconoce tus penas y te humilla hasta la deshonra. Tus sueños perpetuamente intactos al momento de dormir con el torso descubierto en barro y sangre, desnudando la impotencia de las estrellas de ornato.

Esa ilusión irrealizable mantiene tu fortaleza en la desdicha. Tus botas negras perfectamente pulidas exhiben un brillo que la luna en sus noches sin velo, envidia íntimamente. Eres un chico encorvado frente a la realidad de los demás, el fulgor de tus pies al andar te despista hasta que el golpe en tus hombros despedaza tu quimera, suprimiéndola hasta el ocaso, borrando el esbozo que tus ojos hermosos delineaban en el alba donde la luminosidad de tu senda era bienvenida por la refulgencia de una inusitada dulzura por parte de aquellos que siempre hicieron notar su desencanto a tu ensueño.

La angustia de los días de hambre y soledad son insuficientes, tienes que levantar la mirada y palpar la esencia de las efigies que construiste cuando tu alma estaba cautiva, cuando el deseo se reprimía con frío y dolor. No te abordaran los lamentos juiciosos porque serás una bestia o un dios y dejaras de ser nada. Aquí estas, con la libertad delirante de tus fulgurantes pies, delante de "ellos",dispuesto a condenarlos o amarlos. Hoy eres lo que vas a ser, abandonando con gracia lo que fuiste pero no deseaste ser, serás el ser que es libre para dar vida y asesinarla.

domingo, 7 de febrero de 2010

Cuando se dilaten las mentiras, estaré muy lejos.


Cuando las rimas se acaben y el mutismo de los roces involuntarios florezcan en fricciones intencionales que hagan aparecer a las bestias que nunca pudieron sentir los versos recorrer suavemente sus cicatrices y besar sus heridas al sol.

Entonces, de las virtudes corrompidas nacerán nuevos cánticos como clamores. De la voluntad subyugada y temerosa surgirá una voz, una sangre distinta a las otras. Lo desechado y fermentado como caldo de cultivo renacerá en un estrépito incomparable. Los nuevos versos, los nuevos profetas; la lumbre incipiente que resplandece nuestro presente. Adentro de los albañales rebosantes de los tiempos que obviaron el porvenir de nuestras fantasías fugaces, haciendo mella en mí ser ambivalente.

Cuando las penas se estiren inmensas por sobre tu cielo terciopelo de apacible locura las lagrimas hondas que enmarcan la vida de mis hermanos fustigados por tu irascible mirada serán la esperanza tangible a la orillas del amargo mar en el que naufragas. La tristezas malhabladas en la noches violáceas, esas que amagan con fundirse en la oscuridad desolada. Toda la melancolía reunida en una noche sempiterna siendo absorbida a sorbos de vino blanco, a gritos desaforados, a sonrisas entregadas al abismo.

Has intentado socavar mi sugestión explayada en placeres de perversión. Tus honduras y tu crepitación, tu fulgor y mi flagelación. Mis heridas, mis lamentos; mi credo y tu muerte.

Cuando lleguen los cristos en llanto blasfemando nuestra cotidianeidad, nuestra sangre que al final se esparce incolora por los desagües. Los advenedizos inflamados de tanto contener el desahogo sacrilegioso, rondaran como cuervos sobre mi carne descompuesta. El viento silente penetra tus huesos, el absurdo parpadeo de las luces termina y la obscura osadía de las sombras en luna, amparan mis deseos en tu boca seductora, en tu cuerpo febril que deleita a las penumbras.

Cuando me uno a las nubes inciertas y respiro el perfume de tu idilio imprevisto, no siento temor por tu abrupta obsesión con las delicias de la naturaleza. Aún atesoro las formas de tu cuerpo desnudo bajo el cielo estrellado, agitándose, sobreviviendo a los sudores fríos que se imprimían en mi pecho. Sigo ávido de tus palabras que iluminaban mis pasos furtivos por tu camino sombrío. Reposo entre algodones dentro de una bóveda celeste, soy tu nuevo dios indolente que perdura incomprensible por el eco atemporal de mi voz.

martes, 2 de febrero de 2010

La felicidad absoluta, oculta en una menuda porción de interes.

Aferrado de tus cabellos me siento tan diminuto con este vacío que va carcomiendo mis pies. Recuerdo las lunas gigantescas de fogatas y cavernas en la cima de las montañas que eran estorbo para tus "suelas". Todos somos pequeños seres que con sigilo o “indiferencia” arrimamos nuestros cuerpos hacia tus costas dormidas, buscando el calor del que carece nuestro corazón.

Entre rezos y rituales a tu piel descubierta, la noche es cómplice de una adoración sin parangón de un amor que jamás tendrá correspondencia. Al llegar el alba, sus ojos se entreabren produciendo un sonido como el de las grietas en la tierra y se recrudecen nuestros miedos al despertar tan cerca de ella. Nunca hemos visto sus ojos por ser inalcanzables en altura y en belleza, insoportables para los oídos son sus bramidos pero sentir la fuerza de los fragores de su cuerpo erigirse... del poderoso eco que crispa nuestro ser, es sentirse parte de ella. Mientras eres salvajemente mutilado y tu vestigio es solo una huella instantánea en sus pies o su actitud displicente hacia tu existencia, haga sobrevivir a tu amor por un instante breve. Hay un oscuro y sucio cáliz donde conservamos tu imagen intacta y que en la noche avivamos para no sentirnos solos. Es ese tesoro inflamante que resguardamos en lo más recóndito de nuestras miserias.

Al parecer el cristal que nos divide se ha formado con trozos de mi imaginación, la terapia instigadora con mil espejos me ha convertido en un ser alterado, propenso a iras fortuitas. Ahogado en desaciertos, siento que tu sonrisa se desdibuja y el averno se contempla desde el entero disgusto de tu rostro.

Mudo


Mudo, con los sueños pisoteados
helado ante una realidad muda
ahogado en sus propios subterfugios
lamenta la vida que se esfuma

Desde la lejanía de nuestros tiempos
ella es clara y esbelta
como un resplandor de sol
con gracia y sutileza
En la cercanía de sus rasgos
sus gestos son poemas
y el infierno es mi reflejo
en sus ojos acuarela

Como una hoja temblorosa
que se mece en el olvido
ante la grandiosidad
del poder de la naturaleza

Tu voz es melodía
que fulmina la desdicha
rebosando a la vida misma.
Sonrojando primaveras
con tu fulgor de luna.