Aferrado de tus cabellos me siento tan diminuto con este vacío que va carcomiendo mis pies. Recuerdo las lunas gigantescas de fogatas y cavernas en la cima de las montañas que eran estorbo para tus "suelas". Todos somos pequeños seres que con sigilo o “indiferencia” arrimamos nuestros cuerpos hacia tus costas dormidas, buscando el calor del que carece nuestro corazón.
Entre rezos y rituales a tu piel descubierta, la noche es cómplice de una adoración sin parangón de un amor que jamás tendrá correspondencia. Al llegar el alba, sus ojos se entreabren produciendo un sonido como el de las grietas en la tierra y se recrudecen nuestros miedos al despertar tan cerca de ella. Nunca hemos visto sus ojos por ser inalcanzables en altura y en belleza, insoportables para los oídos son sus bramidos pero sentir la fuerza de los fragores de su cuerpo erigirse... del poderoso eco que crispa nuestro ser, es sentirse parte de ella. Mientras eres salvajemente mutilado y tu vestigio es solo una huella instantánea en sus pies o su actitud displicente hacia tu existencia, haga sobrevivir a tu amor por un instante breve. Hay un oscuro y sucio cáliz donde conservamos tu imagen intacta y que en la noche avivamos para no sentirnos solos. Es ese tesoro inflamante que resguardamos en lo más recóndito de nuestras miserias.
Al parecer el cristal que nos divide se ha formado con trozos de mi imaginación, la terapia instigadora con mil espejos me ha convertido en un ser alterado, propenso a iras fortuitas. Ahogado en desaciertos, siento que tu sonrisa se desdibuja y el averno se contempla desde el entero disgusto de tu rostro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario