miércoles, 16 de junio de 2010

Soledad Redudante


Diáfana soledad, últimamente odio despertar con el frío de tus abrazos ahogándome en silencio.
Imploro desde muy dentro a los que rodean mi cuerpo descompuesto
a que desplacen tu inquietante presencia para no sentirme perseguido por un agujero negro,
que va tragándose todo lo que mis ojos quieren y luego añoran con un llanto nocturno.
¡Soledad eres tan mía y a la vez soy tan tuyo! que nadie puede abandonar al otro,
he sabido sobreponerme a tus amarguras de medianoche, donde siento que tus heladas manos apretujan sin sentimiento alguno mi corazón de destiladas amapolas.

Oh soledad, contemplo tus horas de noche sin luna, tu ciudad muerta de hombres sin ruta,
contemplo el silencio espeso a mi alrededor, y se que no estoy solo porque siempre estarás tu,
curando mis heridas producto de tus látigos inclementes…
Insomnes transcurrimos tu mundo de indiferente oscuridad.
Cuando apagamos las luces y Piazzolla o Paganini avivan nuestra carne,
las sombras caen como lonjas de la nada y se adhieren a mis huesos.
Agonizando sin remedio pero siempre contigo soledad.

Cuando el sol incipiente se encarama por mi pequeña ventana,
soledad duerme y yo espero que sueñe para poder sobrevivir a otra noche junto a ella.
Sueño el horizonte sin soledad, junto a musas momentáneas
de viejas cartas que me acompañan en mí transitar.

Hay veces en que la extraño pero pienso en su volátil actuar,
en su dulce melancolía que comparte hasta la agonía.
Hoy sueño con ellas, diosas silentes que en el día, soledad no me dejo recordar.
Amo la felicidad de su belleza lozana, de su gesto altivo que oculta a su enigmática soledad.

Eres tu soledad, la hermosura que se desborda en mis anhelos de banales sueños.
Eres tú el frío, la sombra y el amado silencio que he moldeado en ellos.

sábado, 5 de junio de 2010

¿Como estás?

¿Cómo estas? Es una pregunta que creo debe ser agradable de escuchar
cuando estas a mi lado me he sentido tentado por preguntar
cierro los ojos y aspiro inútilmente tu belleza por medio de mi vanos sueños
mi espíritu se encierra en su jaula de fuego por ser tan difícil acercarme a tus cabellos
que se ondulan y se mueven armoniosos por el viento, perfumando la brisa sedosa que se mece placentera en cada detalle de tu cuerpo.

Siento que respiro cerezas, siento el umbral del paraíso a unos pasos y cuando abro los ojos, choco contra un muro de concreto levantado hasta los cielos. Se que he sido participe de su belleza amalgamada en miradas tristes, que buscan la realidad evocada en los amaneceres que incineran los sueños mas bellos y estos por su alto grado de maravillosa cuasi perfección, provocan el deseo de la noche imperecedera impregnada de la mas pura belleza.

Siempre he estado surcando sus fronteras de irremediable invulnerabilidad, soy parte de un laborioso público que admira y aplaude con tristeza y placer, pensando en la lejanía del espacio sideral donde se alojan tus ojos que me proveen de diminutos destellos para sobrevivir a la quietud inmoral.
Soy parte de la vulgar multitud que espera con las extremidades amputadas,
sentir tu sonrisa brillar; aunque sea un gesto que otro sepa aprovechar,
consumiendo tus años, ignorando tu venerabilidad
y maltratando tu piel con un áspero amor de miel artificial,
de rosas plásticas que violan y contaminan tu pedestal.

Tú eres mi diosa con jardines de amapolas, con una gracia atemporal que desvirtúa el divino crepúsculo exhalado por el inefable tiempo.
Tú eres belleza incontrolable, nacida en una noche palpable de estrellas vibrantes, tú eres el eterno resplandor de una primavera inolvidable incrustada con un gusto interminable en mi recuerdo de soledad infranqueable.
Despierto y sueño, ahora se perfectamente como estas y te quiero así, idéntica, sin lagrimas ni sonrisas demás. Te quiero sin duda alguna, aunque no quieras verme más.

viernes, 4 de junio de 2010

Amargura

El incienso intenso me despierta sin alteraciones, aun no se si es de día, mi pies descalzos se confunden entre si y caigo torpemente; no comprendo las formas de mi nuevo hogar pero no temo por que el abismo ya lo conozco y no lo siento como algo frío o lacerante, al contrario mi soledad nunca ha enfermado y me ha abandonado.
Me mantengo tan apegado a lo que soy, que no necesito de algún inútil fulgor que separe mí imaginación de las sombras que me sirven de sabanas cuando la brisa gélida sopla desde la lejanía maldita de las voces ruínes y tediosas.

El agua corre profusamente a mi izquierda, siento la frescura de sus gotas salpicando y removiendo el lodo de mi rostro, mis manos impacientes rápidamente se bañan de ese manantial de dios, ignorando el ardor de las frescas cicatrices que dibujan grotescas estrellas en ellas. Que haces cuando puedes sentir su calor y su abrigo pero no le puedes reconocer ni agradecer…siempre ha estado allí, los años me ayudaron a conocerlos y probar desde sus emanaciones el matiz que se desplaza por sus siluetas apaleadas.

Pero lo obvio llego muy temprano, y acabo con el resplandor que me alimentaba,
que sacudía mi cuerpo para revivirlo en los días donde el frío de mi escondite me aletargaba.
Pasó la noche y ellos no han vuelto,
han despegado para sentirse perfectos
dejándome a mí en el recuerdo
de un lugar moribundo
que están olvidando sin esfuerzo.

Me obsequiaron sus lagrimas carentes de sal en su rápida huída, también un ser vivo que no respira en el centro de mi cama, para guiar mi destino en un oscuro cuarto que ya no posee ventanas ni puerta de salida. Era un pajarito muerto en mis manos que no concibo, en mi olfato de animal salvaje, frente a mis ojos sellados por una cicatriz repugnante.

miércoles, 2 de junio de 2010

Costumbre


Un haz de luz la aparto de las demás
su sonrisa evoca primaveras en pleno invierno
y yo lamento este incontrolable manojo de nervios
que me hunde en la tierra enlodada por la inclemente lluvia

Como una imagen desenfocada de la realidad
rechazo el tumulto abrumado en su camuflada precariedad
te hallo a ti tan pulcra y agraciada por encima de la regla ornamental
bañada en resplandores esotéricos,
eres una aurora que jamás me ofuscara

Consigo que la nostalgia de tus ojos
acaricien el temor de mi corazón derruido
somos dos entes detenidos
en la inercia cancerosa que marchita al universo
no se si el frío que desprende mi oscura melancolía,
traiga tempestad a tu excelso cielo.

Siento peligrar mi sueño al estar tan cerca de el,
puedo arriesgarme y morir en segundos
estando junto a ti, aunque el amor
dure un soplo de efímera contradicción
al consumar mi deseo y verte caer en mis brazos,
ceñida por la abulia de mi eterno ocaso.

Desearía contar en este momento
de absurda cotidianidad con una señal
un siglo entero de falsas convicciones
colmo este segundo donde tu mirada me esclavizo.
Dude, como usualmente lo hago
de la belleza diáfana que se antepone a lo rutinario.

Quizás yo fui la alborada que ella admiraba
mientras desenredaba sus labios.
La estrella faltante que expele luz u oscuridad,
esa que nos convierte en un dios terrenal.
Haciendo de nuestro sendero
un templo en movimiento de la anhelada felicidad.

Paso un irradiante segundo de una miserable vida,
la belleza es tan querida que abusa de su ingravidez
en nuestra imaginación herida.

Ella volvió a ser la estatua de yeso con la mirada a los cielos,
exaltada por la muchedumbre intrascendente y lisonjera
que creen compartir ciertos rasgos con ella,
transformándose así en semidioses sinvergüenzas.