lunes, 20 de diciembre de 2010

Cita a Ciegas

Con las ensoñaciones reconfortantes de toda la semana aun a su alrededor, siente un leve escalofrío, cuando levanta la mirada y divisa las manecillas del reloj.

Su tiempo está cerca y se siente al igual que la muerte. Piensa que hoy puede morir una parte de el o completamente todo su ser.

Digiere con suma dificultad la realidad de las cosas, casi atragantándose y dejándose morir el mismo para no acudir a la cita, pero logra recomponerse bebiendo un par, otro par y luego un par de tragos más. Otra vez florecen en su cuerpo las positivas sensaciones que germinaron en su conciencia en los días de sueños esperanzadores.

Sueños que él, con una fe religiosa (absurdo que brota en momentos de fragilidad), prevé para el día de hoy. Siguió el camino que le habían trazado, entre conversaciones banales y expectativas surrealistas. La tragedia era asumida desde una sonrisa que concluía en carcajada y la hazaña era vista con ojos de infante.

Entre el y sus compañeros de travesía habían posturas irreconciliables, visiones tergiversadas de sus propias vidas, pero ese momento quizás sería el único durante largo tiempo, así que la hipocresía se desbordo sola desde la inseguridad inocultable de cada uno de ellos.

Cruzamos mares profundos y a contracorriente con fuerzas sobrehumanas que desconocían. La angustia de la espera y el silencio espeso que hundía sus cuerpos, maniataba el tiempo que se derretía en sus entrecejos. La nausea era contagiosa y golpeaba fuerte en el estomago, el aire era escaso y los pulmones cada vez mas minúsculos. Cuando sentía la proximidad de aquellas mujeres por medio de siluetas, aromas o brisas leves que relacionaba con ellas, un terremoto interno amenazaba su cordura y flagelaba su aquejado corazón.

Y al instante de encontrarse, de compartir ingenuas miradas y proyecciones involuntarias como escudos, todo se traduce en calma, en un silencio que incinera sus pensamientos y se traga todas las palabras entrenadas anteriormente. Es la calma de la nada, la quietud incomprensible de su aparato sensorial.

El ahora es una parte más de todo es decir la mismísima nada, el cree estar frente ella pero no lo esta; las palabras, los gestos dóciles y belleza sutil emanada como esencia por parte de ella, apenas rozaba su ser transparente que se hacía invisible por lo inusual e inverosímil del momento.

El tiempo parecía haberse mudado a otro lugar porque en la ensordecedora quietud silenciosa que los desligaba del mundo, todos estaban inmóviles, todo se sentía tan extraño, tan lento, tan sosegado como si ella toda fuese una exquisita droga que el ha degustado desde su mirada. Rápidamente se vuelve adicto a ella y la contempla sin ninguna pena, duerme en sus místicos ojos y vibra con su cariñosa sonrisa.

Ella lo hace revivir, devolviéndole el tiempo y el espacio que actúan como dos degenerados haciendo que el día culmine rápida y estrepitosamente. El percibe la realidad como a las estrellas y se siente encantado de estar frente a una de ellas, pero todo va pasando muy rápido y el aun no ha pronunciado en palabras lo que siente acerca de lo que ha estado adorando y comienza a rodar su imaginación, como una gran película interminable que brinda imágenes de una vida apasionante entre ella y el.

Donde los dos estando juntos originan la belleza que hace resplandecer el universo, cada sonrisa de ellos crea un arco iris que sirve de puente para transitar en el trance amoroso que dura una eternidad. Pero todo se queda allí en la imaginación, y cuando vuelve sus ojos hacia ella y no consigue ser correspondido con un ademán de ternura o de misericordia, el mundo que el ha creado con el mas puro clamor al amor, simplemente se derrumba, y solo existe la nada.

El día transcurre pálido y sin sentimiento, las ideas están muertas y el cielo llora porque esta vez no resguardara dos corazones enamorados bajo su manto romántico y las bendiciones de la luna. Ella no lo ha vuelto a mirar y sin saberlo a presionado una estaca más, sobre el infame corazón de Alberto. El esta fundido en el silencio, siendo nuevamente la nada que pasa sin ser vista, sin ser sentida, sin ser amada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario