Toco su puerta y se que no esta, la imagino en estas horas febriles empleando su ilimitado talento para resolver los embrollos cotidianos de la problemáticamente incansable ciudad.
Admiro y suspiro frente a su puerta de fresca madera, detallando y recordando primeros besos ante el umbral de su fructífera vida.
Mi sonrisa risueña me delata frente a sus vecinos espías que entrecierran persianas y cortinas
con sus ojos curiosos señalándome profundamente como un deseado intruso en sus desdichadas vidas. Saco mis llaves y entro, respiro hondamente para poder capturar los retazos de su perfume que se ha disgregado desde la mañana.
Cuantos indescriptibles efectos producen en mi cuerpo, el rememorar los meses, los días y los segundos de entrecruzadas miradas poseídas por cada diminuto rincón de nuestra amada casa.
Hoy en mi trabajo no me echaran de menos, este día es nuestro y se lo dedicare por completo.
Mientras limpio y ordeno entrañables cosas nacidas como versos de nuestro amor sincero,
siento estar aturdido por la inevitable remembranza que atina directamente en mi corazón de algodón. Me siento en el sofá ahogado en cristalina felicidad viendo frente a mí la resistente mesita donde esta la foto de nuestro primer aniversario y más arriba en la pared rosa, el largo espejo que me regala el recuerdo de su espalda desnuda en nuestra primera cita.
Esa dilatada noche donde las estrellas concurrían incandescentes sobre nuestro camino, nos encontró fulgurantes e inseparables, unidos de la mano en vanidad y pensamiento. Al estar dentro por vez primera en esta casa, el remolino de deseo ya era incontrolable para los dos.
Desatándonos de nuestras amarras morales y convencionales que detenían nuestros impulsos mas puros y naturales en aquella tarde. Deseo que se asentó con convicción desde el primer miramiento y su respectivo gesto alusivo.
Atados por el hambre carnal que desvivía nuestros aposentos de orgásmico volcán
la lleve por encima de esa frágil mesa de madera y la ame como si el último crepúsculo se cerniera sobre este mundo, su hermoso dorso desnudo se reflejaba perfectamente en ese inmenso espejo de bordes de madera y la seguí amando toda la noche, todo este tiempo y en diferentes lugares.
En mi embeleso de felicidad de ensueño oigo abrirse la puerta y me extraño por que es muy temprano para que llegue de su trabajo pero no pude levantarme del sofá
cuando la puerta se abrió y se cerró torpemente dejando entrar a violeta abrazada fuerte y toscamente con un hombre de tez oscura y envidiable musculatura, ellos dos unidos parecían un remolino tan concentrados en sus ataduras y en cada parte de sus cuerpos que no se percataron de mi presencia taciturna ni de los arreglos hechos con esmero que significarían una sorpresa.
La pasión de ellos dos era comparable como aquel primer día en que violeta y yo nos conocimos en su trabajo, tan distintos y necesitados el uno al otro.
Violeta apoyo sus manos sobre nuestra frágil pero resistente mesita estaba tan apasionada que aun no podía abrir los ojos, mientras el indecible hombre de piel oscura y de carnes corpulentas la desvestía y se aferraba a ella, subiéndole la falda y bajándole las bragas, a veces parecía que el la hacia desaparecer por su gran tamaño, cuando daba sus ultimas embestidas hacia el delicado cuerpo de Violeta, gimiendo, sudando y exclamando ella levanto la mirada viendo el espejo, viéndome a mi y yo a ella.
Antes de que pronunciara palabra alguna y luego de que el placer se esfumara en un santiamén, le dije con la esencia de la felicidad que se dibujaba en mi rostro, ya agotada pero al fin sonrisa desdibujada, feliz aniversario…
Admiro y suspiro frente a su puerta de fresca madera, detallando y recordando primeros besos ante el umbral de su fructífera vida.
Mi sonrisa risueña me delata frente a sus vecinos espías que entrecierran persianas y cortinas
con sus ojos curiosos señalándome profundamente como un deseado intruso en sus desdichadas vidas. Saco mis llaves y entro, respiro hondamente para poder capturar los retazos de su perfume que se ha disgregado desde la mañana.
Cuantos indescriptibles efectos producen en mi cuerpo, el rememorar los meses, los días y los segundos de entrecruzadas miradas poseídas por cada diminuto rincón de nuestra amada casa.
Hoy en mi trabajo no me echaran de menos, este día es nuestro y se lo dedicare por completo.
Mientras limpio y ordeno entrañables cosas nacidas como versos de nuestro amor sincero,
siento estar aturdido por la inevitable remembranza que atina directamente en mi corazón de algodón. Me siento en el sofá ahogado en cristalina felicidad viendo frente a mí la resistente mesita donde esta la foto de nuestro primer aniversario y más arriba en la pared rosa, el largo espejo que me regala el recuerdo de su espalda desnuda en nuestra primera cita.
Esa dilatada noche donde las estrellas concurrían incandescentes sobre nuestro camino, nos encontró fulgurantes e inseparables, unidos de la mano en vanidad y pensamiento. Al estar dentro por vez primera en esta casa, el remolino de deseo ya era incontrolable para los dos.
Desatándonos de nuestras amarras morales y convencionales que detenían nuestros impulsos mas puros y naturales en aquella tarde. Deseo que se asentó con convicción desde el primer miramiento y su respectivo gesto alusivo.
Atados por el hambre carnal que desvivía nuestros aposentos de orgásmico volcán
la lleve por encima de esa frágil mesa de madera y la ame como si el último crepúsculo se cerniera sobre este mundo, su hermoso dorso desnudo se reflejaba perfectamente en ese inmenso espejo de bordes de madera y la seguí amando toda la noche, todo este tiempo y en diferentes lugares.
En mi embeleso de felicidad de ensueño oigo abrirse la puerta y me extraño por que es muy temprano para que llegue de su trabajo pero no pude levantarme del sofá
cuando la puerta se abrió y se cerró torpemente dejando entrar a violeta abrazada fuerte y toscamente con un hombre de tez oscura y envidiable musculatura, ellos dos unidos parecían un remolino tan concentrados en sus ataduras y en cada parte de sus cuerpos que no se percataron de mi presencia taciturna ni de los arreglos hechos con esmero que significarían una sorpresa.
La pasión de ellos dos era comparable como aquel primer día en que violeta y yo nos conocimos en su trabajo, tan distintos y necesitados el uno al otro.
Violeta apoyo sus manos sobre nuestra frágil pero resistente mesita estaba tan apasionada que aun no podía abrir los ojos, mientras el indecible hombre de piel oscura y de carnes corpulentas la desvestía y se aferraba a ella, subiéndole la falda y bajándole las bragas, a veces parecía que el la hacia desaparecer por su gran tamaño, cuando daba sus ultimas embestidas hacia el delicado cuerpo de Violeta, gimiendo, sudando y exclamando ella levanto la mirada viendo el espejo, viéndome a mi y yo a ella.
Antes de que pronunciara palabra alguna y luego de que el placer se esfumara en un santiamén, le dije con la esencia de la felicidad que se dibujaba en mi rostro, ya agotada pero al fin sonrisa desdibujada, feliz aniversario…
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