sábado, 17 de julio de 2010

Adieu

Adieu al paño húmedo que me cubría cuando tenía frío,
a la luz intermitente que iluminaba escasamente mis amarillos dientes.
A los testarudos nocturnos que se adherían a mis incoloras piernas
y succionaban sin parar en una noche eterna.
Adieu, a las pequeñas cosas, a la comida indeseada por mi paladar
pero única y necesaria para mi estomago y mis manos.
Adieu a los amantes del lado, que en medianoche hacían que sus besos calidos
se introdujeran amablemente en mis desolados sueños.

A los eternos pasillos que jamás fueron decorados en décadas.
A mi adorable can que nunca pude acariciar.
Me despido de los amores ambulantes de esos jóvenes andantes
que despiden de sus poros un amor embelesante.
Adieu, con mi mas sentido pesar a mi espejo manchado, de tantos años lacerando
mas allá de mi razón, mas allá de mi ser, dando forma a mi imaginación.

Adieu a las fosas del recuerdo instaladas debajo de mi colchón.
A los aromas pasajeros que han cubierto mi almohadón
y solo me refiero a las pocas mujeres que confiaron inocentemente

en mi temporalmente aguda razón,
y obviamente dejaron sus huellas frescas en mis sabanas al huir despavoridas
por enfrentarse a mi deshumana imaginación.
También le digo adieu a mis cortos sueños que me presentaban solo el umbral

de una deliciosa locura como un plan de acción que yo refinaría en mi profunda desazón
para poder matar a mi desgastada realidad
con los finos puñales de una conciencia de ensueño.

Adieu a la música clásica que necesita ser contemplada con suma atención
para sentirla dentro de ti, es como una hermosa mujer que mientras te mira sin vacilación,
destila de su belleza incomparable, melodías.

Y si sus miradas se cruzan por un largo tiempo,
podrás sentir el amor de ella haciendo nido en tu corazón.
Y como olvidar las noches que se estiraban para durar semanas,
a ellas lamentablemente les digo adieu, noches de emociones entremezcladas donde la música,
las mujeres y los pequeños seres impávidos que comparten este hogar conmigo,
nos enredamos, nos fusionamos y nos morimos por el amor en un breve instante.
Sin menospreciar a mi inseparable magia blanca; le digo adieu a la magnifica droga

que significo este lugar tan golpeado y humillado por mi incontrolable ira.

Adieu al temor por esas “insignificantes cosas”, al miedo por los colmillos de mi mascota,
por los colmillos de la sociedad.
Adieu al increíble miedo por la incandescente luz que irradian las personas en su “juicio moral” al subyugar mi libertad.


Adieu al miedo asesino que produjo tu belleza en mí…
Adieu a la noble ciudad, a la oscura partitura de mi particular andar.
Adieu al cielo escarlata que siempre estuvo nublado y llorando por mi.
Adieu al frío vacío que se apodero de mí y que nunca te hizo daño a ti.
Adieu a la vida misma que no supo atarme de buena manera por eso hoy les digo adieu,
sin las ganas de siempre con el encanto de ahora.

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