
*
Transeúntes de plata ignoran el vacío
que sus dedos fingidos acarician lentamente.
Una luna sin templo divaga tiernamente
y los muros adustos se corren ciegos
para evitar la poesía que infecta sus entrañas.
*
Entrañas corroídas por el veneno latente
que llueve de los cielos de bruma omnipotente;
oscura y muda de astros muertos y silentes
que auguraban el tiempo del hombre de fuego y sin resacas,
con la mirada aciaga desintegraba la gloria
acunada por héroes sin sangre, sin vida y sin batalla.
*
Funerales sin ataúdes, la soledad exclama con sus gritos secos
sacudiendo las luces de muchedumbres inconexas,
autómatas que se rigen por virtudes sinvergüenzas.
Corazones desperfectos tienen como instinto su defecto.
Esquina tras esquina el eco fulgurante de llama viva
rebotaba en los ladrillos que contienen la ignominia
de una verdad nacida en la mentira.
*
Llegara tardíamente la voluntad de la alborada,
tenues respiros consuman mi desgana
de un brillo que aborrezco por no volverlo a ver.
Ventanas de blancura desgastada, rotas por no dejarlas vivir.
Alucino un final fiero de luchas con heridas,
de llantos sin espinas; de agonía sin resplandores
que inciten a volverme contra mí alma en ruinas.
*
Se descascaran las paredes, mis imágenes igualmente.
Las remembranzas son esos misteriosos jarrones de oriente
que se vuelven añicos trazando mi camino de mediodía
hacia el tiempo funesto de una ciudad incrédula.
*
Las brisas, las hojas; los ademanes burlescos
haciendo de la leña el fuego que aviva estas manos resignadas
en el silencio que es antesala al miedo de morirme
sin remedio, sin destino; con la garganta atada a mis dedos.
*
Me confieso en mi rincón teñido de lágrimas amargas,
hincado en un escalón rudimentario
amasado por sangre y cicatrices que nunca quisieron sanar.
Si fui testigo de la sordera de dios desistiré de la maldita esperanza
que me permite aferrarme al desahogo
de un pecado por el cual reincidiría eternamente.
*
Si no hay pecado sin placer, ni placer sin pecado; no hay vida sin placer.
Abordo mis pecados como íntimos recuerdos
que dejaron raíces mal cortadas
cuando empezaba yo a relucir entre la hierba abandonada.
*
Arrastrare los cielos convulsos de nuevo hacia mi cama
y dormiré con el infierno naciendo en mi entrecejo.
sentiré la brisa en su murmullo pasearse por mi lecho
despertare cuando la muerte se avistada en madrugada.
*
Con mi cuerpo arcaico y descansado
en la postrimería de una estrella jamás vista
se posan cortesías blandas e inauditas
como excusa flamante de su innegable descaro.
*
Amor te he olvidado, no tengo tiempo para tus engaños
aunque estos ojos vislumbren mil ocasos
con mi sonrisa inerte entre tus manos.
El tiempo se ha ido y mi espiritu se ha entregado.
Quemare la tierna poesía que me hizo esclavo
y llorare en silencio, sin lagrimas, sin tu consuelo.
*
Moriré en lo umbrales que desinfectan corazones
en el verde césped derramado extensamente
que antecede a las desesperadas despedidas
de hombres y mujeres que se desperdigan en su hipocresía
*
Soñé una vez no morir jamás
siendo un absurdo hombre surreal, tuve que desertar.
Cansado de ser perseguido y azotado por un arco iris
que nunca fue de mi agrado a pesar de esforzarme
en no bañar de sombras a sus delicadas rosas.
*
Trago las últimas bocanadas de humo
que me sirven cotidianamente las noches nerviosas
de mi vecino, quien filtra sus remordimientos
en decenas de tabacos que aceleran los minutos
de un tiempo taciturno que siempre ha querido asesinarlo.
La medianoche con su misteriosa diosa en vigilia
y el helado manto espectral convierte a los despistados suicidas
en dementes sin alma que vagan por el infierno terrenal.
*
Insomnes inmortales, dibujan en los muros mi carne calcinada.
Forman el averno reverberante sugiriendo desde sus ojos torvos
la presteza de mis actos y en contraste mi semblante sosegado y manso
conciente del fragor inherente de los ángeles negros.
Mi aposento es una solitaria estera, donde piso un profundo fango
y aspiro el hedor de osamentas que me recuerdan a tu apacible bálsamo.
Zumban desde las tinieblas los enjambres podridos de las bestias,
te doy un beso desde esta tierra, fecunda para la cólera de mis noches eternas.
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