
Ya paso la semana de algo que iba ser pero no fue.No me siento apretujado por codos y antebrazos que violen mi espacio.Hoy todos los asientos están vacíos y frente a ellos trato de recordar los gestos que alguna vez osé mirar, el frío no se muda a otras pieles, solo estoy yo y el abismo finito que nunca me atreví a tocar. La vida se desplaza amable fuera de mi cuerpo, siendo un reflejo incandescente de mis ojos.
Ahora el silencio de los dardos rojos incrustándose en mi pecho es normalidad.
Ellos reconocen mis posturas y mi acento, sabes cual es mi aposento,
por ello el ruido desarmado es brisa de verano que muere apacible bajo mis pies.
Mis excusas no mediaron ni calmaron los juicios ensordecedores que ahora hallándome culpable de sus deseos muertos me obligan desde lo sombrío de sus pupilas
a convalecer en la miseria humana absoluta.
Desangrando mi cordura maltrecha en un ostracismo enmascarado de hipocresía mundana,
de saludos miserables que forman la línea frontal de su ejercito de frialdad.
Urdiendo desde la ignorancia las sonrisas compartidas que esquiva mis labios.
Descifrando en mí ser lastimoso, la emoción corrosiva que destinaran a mis antojos, el frío saludo que adormecen mis manos, haciéndome invisible en su mundo de espasmos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario