domingo, 29 de noviembre de 2009

MACHO!


Los hombres que se dignifican.
Las profundas aguas del estero que amenaza los amaneceres con olor a lavanda,
los hombres en su desespero nadan y naufragan por suprimir este peso.
Los bosques de papel... la muerte concurre ante a ti en un aviso de periódico.
Los saludos amargados, el buen tiempo desalmado que no colma tu paciencia.
Los hombres esclavos que levantan montañas y convierten sueños en hospedajes
alzan con su fuerza descomunal emociones transparentes
que ellos mismos mantienen alejados de los vientos con poesía de mar.
Riman los lamentos en el cementerio municipal,
la viuda de frente al hueco abismal no siente los brazos que la hicieron andar.
Se arrima apresurada hacia un hombro a descansar.
Los labios secos de la oscura ciudad bajo linternas reveladoras
besan el piso con migajas de pan.
El erotismo desgarbado de las putas que encienden los cigarrillos
voluntariamente sin cobrar, el aire condensado de los gemidos fingidos,
de las narices empolvadas, de las bocas acidas, de la cerveza derramada.
Todo influye en el hombre que se dedica a mirar.
Que vuelve de trabajar con las piernas que dejaron de ser suyas,
con las manos que dejaron de sentir. El hombre siempre doblegado por el hombre.
Unas horas antes se acicalaba en las mañanas de frente al espejo roto, confundía las cenizas con su sombra siendo el la sombra de una vida concedida a los imperios.
Los gráciles ángeles abandonados en las plazas sobrevivían en su menester,
resistían furtivos de las miradas y los bolsillos que brindaban bondad
resguardando hasta la noche sus instintos de asexuada maldad.
El acurruca su destino avistado desde la tarde aciaga,
autentico baladí que busca morir en la mugre de un bar somnoliento,
seducido por las compañías que escapan del crepúsculo asesino.
Moribundo socrático, impertinente badajo que renovaba su esperanza
por la cruz bañada en luz y otros sortilegios que nos convida la aurora.
Hombre que se dignifica en su andar, en su invidencia en la indiferencia de la belleza.

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